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. Alguna vez se me escapa algún suspiro furtivo por la escasez de nuevos Chestertons. Por supuesto, estoy hablando de intelectuales de talla, que además de católicos convencidos y comprometidos, sean ingeniosos y hábiles en la manera de plantear las cosas, siempre con el mejor humor y con la humildad suficientes para poder lidiar contra todo lo que tenemos encima. . En este caso, mi cabeza se va a tres personas. Segura y afortunadamente habrá muchas más, pero mi memoria y la ?res? mediática me hacen recordar, en este momento, solo a tres, y además uno de ellos, ni es católico. En este caso, me estoy refiriendo a Cesar Vidal, que es protestante declarado; eso sí, buen cristiano, brillante periodista y prolífico escritor. Los otros dos, que llenan mi escasa lista, son Juan Manuel de Prada y mi amigo Miguel Aranguren. De, De Prada, confieso que he leído poco, salvo muchos de sus artículos en prensa que siempre me hacen pensar y sacar conclusiones positivas. Tengo pendiente, para este verano, su último libro, que solo por el título, promete: ?Nadando contracorriente? De Miguel, ¿Qué voy a decir?, que es un todoterreno, un hombre del renacimiento, pinta, dirige, escribe, sugiere, enseña?. En todas sus obras, nunca falta esa pincelada chestertoniana de profundidad, agilidad y buen humor? No sería yo capaz de recomendar ninguna de sus obras en particular, sino su obra en su totalidad: http://www.miguelaranguren.com/.
. No quisiera cerrar este post de nuevos chestertonianos, sin nombrar, por afinidad, la obra de otro grande: José Luis Martín Descalzo. Martín Descalzo, nos dejó en 1991, pero su obra, al igual que la del orondo y brillante converso inglés, sigue totalmente fresca y vigente. Fue Martín Descalzo, escritor, periodista y?. sacerdote. Y fue quien, gracias a sus libros y sus cientos de artículos mantuvo una dignísima presencia del pensamiento cristiano en la prensa española y en la vida social e intelectual, que todavía perdura. . ¿Que... a que viene este artículo?, pues os debo decir que es fruto de una gozosa casualidad (¿dioscencía?). Ayer, tuve la suerte de reencontrarme entre los libros de mi biblioteca las ?Razones para la Esperanza? del Padre Martín Descalzo. Y una vez más, me quedé absorto leyendo y disfrutando de algunos de esos aforismos que hoy comparto con vosotros y que, desde luego, son totalmente aplicables para estos tiempos que corren:
. - Impón a ese maldito exceso de trabajo que te acosa y te asedia algunas pausas de silencio para encontrarte con la soledad, con la música, con la naturaleza, con tu propia alma, con Dios en definitiva.
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- La vida es dolorosa, dramática, magnífica. Dolorosa, porque siempre se vive cuesta arriba. Dramática, porque en cada instancia nos jugamos nuestro destino. Magnífica, porque todo es un don, un don de amor. Sin que importe que las raíces sean oscuras, porque sabemos que mientras ellas pelean bajo tierra, ya hay un pájaro cantando en sus ramas.
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- De nada serviría ser libres para pensar si luego no pensamos nada; libres para opinar, si luego sólo opinamos sobre equipos de fútbol; libres para construir nuestras vidas, si luego las malgastamos en la rutina.
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- A mi me encanta la gente que ama, aunque yo no comparta sus ideas. Porque sé que el amor es la única carta que llega siempre a su destino, aunque tenga la dirección equivocada. . La pena es que un grandísimo escritor, como Martín Descalzo, pueda caer en el olvido. Yo por mi parte, haré lo posible porque no sea así. «Al hombre de cada siglo le salva un grupo de hombres que se oponen a sus gustos.» Esta frase de Chesterton es una ley histórica que hoy tiene más sentido que nunca, y que se hace vida y necesidad tanto en Martín Descalzo, como en todos los otros buenos pensadores que hoy, hemos nombrado aquí. ¡Ojalá hubiese más chestertonianos, como ellos!