Por Ramón Flores el 19-Jul-2007 | Concluido exitosamente el trienio de Aguirre con la clasificación para la fase previa de la Liga de Campeones, correspondió a su segundo entrenador, Cuco Ziganda, hacerse cargo del proyecto en una de las temporadas más exigentes de la historia de la entidad. Para ello, la directiva rojilla puso a su disposición pocos fichajes, pero muy bien escogidos: Roberto Soldado, que llegaba como cedido del Real Madrid tras haberse hecho un nombre metiendo un carro de goles en el Castillla, el iraní Nekounam, un mediocentro desconocido en ese momento en España, y Héctor Font, procedente del Villarreal. El tiempo demostraría cuán acertadas fueron estas incorporaciones, especialmente en los dos primeros casos.
El comienzo de la temporada fue, sin embargo, muy complicado para el equipo osasunista. La mala suerte emparejó al equipo en la previa de la Champions con el Hamburgo, todo un campeón de Europa, y aunque el equipo navarro dio la cara durante toda la eliminatoria, un gol de Nigel de Jong en el segundo tiempo del partido de vuelta apeaba a Osasuna del sueño de la máxima competición continental. Quedaba la UEFA, donde los rojillos darían el do de pecho y se sacarían, de sobra, el mal sabor de boca de esas tardes de Agosto.
Desde los primeros partidos, Ziganda dejó dos cosas claras: su la utilización del 4-4-2, con dos referencias arriba y un centro del campo con dos medios fuertes y dos puestos variables en función del partido ?que muchas veces fueron hombres de banda puros-, y el gusto por las rotaciones, seguramente imprescindibles para compaginar dos competiciones. Así, pocos hombres hubo fijos durante la temporada en la alineación rojilla, siendo los más cercanos a este concepto Ricardo bajo los palos, Corrales y Javier Flaño en los laterales, Raúl García y Patxi Puñal en el medio y Soldado arriba. En el centro de la zaga se alternaron Cruchaga, Josetxo y Cuéllar ?gran temporada la de este último-, como cerebro fue muy importante la aportación de Nekounam en muchos partidos, y arriba Milosevic fue la pareja de baile más habitual de Soldado, con Webo ejerciendo de revulsivo. Por último, merece una mención especial la segunda vuelta de David López y Juanfran, que se acreditaron como dos de los mejores extremos de la Liga. De los que ya no se ven.
Los primeros meses de la competición doméstica fueron muy duros, sin embargo, y ya fue preludio de ello la derrota en el debut ante el Getafe. En efecto, tras una balsámica victoria en Vigo en la cuarta jornada, el equipo osasunista encajó una racha de seis partidos sin ganar; al final de ella, y tras ser vapuleados en Pamplona por el Madrid, el Reyno estalló al grito de ¡Cuco vete ya! No en vano iban ya once partidos de Liga, y el equipo se encontraba en puestos de descenso. Sin embargo, la directiva de Patxi Izco mantuvo la calma y ratificó a su entrenador, con esa paciencia y confianza en los proyectos que normalmente da buenos frutos. Ayudó sin duda la buena marcha en UEFA, donde los rojillos vivieron una fase previa muy tranquila quedando segundos en un grupo en el que sólo los superó el Parma.
Pronto se vio la factura que estaba pasando al equipo jugar miércoles y domingo. Coincidiendo con el final de la mencionada fase previa, Osasuna encajó cinco victorias consecutivas ?alguna tan sonada como el 4-0 al Deportivo, con doblete de Soldado, o el 1-4 en Son Moix- que sacaron al conjunto rojillo de la zona complicada y le permitieron encarar la segunda parte de la temporada y las eliminatorias finales de la UEFA con menos presión. El equipo comenzaba a jugar de memoria, y no es casualidad que las goleadas coincidieran con la presencia en él de gente como David López o Valdo, llenos de profundidad y descaro. Ese periodo glorioso se cerró con un repoker al Betis en el antiguo Sadar, que aupaba al equipo a la octava posición de la tabla.
Hechos los deberes en Liga ?hablamos ya de Febrero- Osasuna se concentró para encarar la UEFA, el gran premio de la temporada para muchos equipos de nivel medio. Y con su esquema de fortaleza atrás, fuerte presión en el medio y salidas fulgurantes a la contra, comenzó a tumbar rivales, frecuentemente aguantando en el feudo rival y rematando en casa ?el factor cancha favoreció habitualmente a los rojillos-. Primero le tocó al Girondins de Burdeos, al que derrotó un gol heroico de Nekounam en la prórroga; después le tocó al histórico Rangers, que fue rematado en Pamplona tras haber salido vivos de Ibrox Park con un empate; y en cuartos, una sensacional exhibición (0-3) en el Bay Arena de Leverkusen catapultaba a los rojillos a las puertas de la gloria y los titulares de la prensa europea.
Con toda la parroquia concentrada en las hazañas europeas, el torneo doméstico fue dejado un poco de lado. Así, cuando tras una eliminatoria que tuvo ribetes titánicos el Sevilla eliminó finalmente a los rojillos de la UEFA, el equipo de Ziganda se encontró con la cruda realidad de que el renacido Villarreal les goleaba en casa, y de que la amenaza del descenso, si bien lejana, volvía a ser real. Pero no hubiera sido justo un desplome semejante para un equipo que había realizado una temporada tan meritoria, así que los pamplonicas renacieron de sus cenizas y, liberados de la carga europea, firmaron un espléndido final de temporada. Dos nuevas goleadas a Levante y Betis y una victoria ante la Real que cerró muchas bocas pusieron el broche merecido a un año intenso y, a ratos, muy brillante. Ziganda había triunfado finalmente en su gestión de la herencia de Aguirre.
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