Por CAMINO MISIONERO el 13-Jun-2008 | 
Publicado por El Blog de X. Pikaza
Con ocasión del ?año de Pablo? (debió nacer hace 2000 años, el 9 d. C.) vengo tratando de diversos temas de su vida y de su obra. Hoy comienzo una pequeña serie de temas centrados con su visión del mundo y su mensaje, que él ha recibido de la Iglesia anterior, donde se cantaba una especie de himno o confesión bautismal que decía: ya no hay esclavo ni libre, ya no hay judío ni griego ya no hay hombre ni mujer, pues todos sois uno (=estáis unidos) en la comunión de Cristo (Gal 3, 28). La vida de Pablo fue corta y estuvo limitada por las circunstancias sociales y culturales de su tiempo, de manera que no pudo desarrollar su programa de un modo consecuente, limitándose casi sólo a la segunda parte del tríptico (ya no hay judío ni griego). Hoy, casi dos mil años después de su vida, tenemos que volver al principio de su mensaje, comprometiéndonos por la igualdad y comunión entre el esclavo y el libre (que no exista ya esa oposición), entre el hombre y la mujer (que no se opriman ni subordinen en la iglesia y en el mundo). ¡Pablo, Pablo! ¡Qué lejos estamos de lo que tú viste en Jesús y de lo que tú querías, no sólo en el mundo, sino dentro de la Iglesia que tú ayudaste a fundar! Además, tendríamos que extender y aplicar contigo tu mensaje, en que tú recibiste de los cristianos anteriores, diciendo, por ejemplo: ya no hay rico ni pobre, ya no hay sacerdote ni lego, ya no hay sabio ni ignorante, ya no hay puro ni impuro.. Desde ese fondo quiero desarrollar el tema del pobre y el rico, teniendo como fondo la colecta que Pablo estableció y puso como un motivo central de su vida.
Principio. Un dinero para los pobres de Jerusalén.
Pablo ha defendido siempre la libertad de su opción cristiana, al predicar un evangelio separado de la Ley judía. Pero, al mismo tiempo, ha querido mantener sus vínculos con la iglesia de Jerusalén, como él mismo ha puesto de relieve en Gal 2, 1-10. Entre esos vínculos está el que los cristianos de la gentilidad «se acuerden de los pobres de Jerusalén», cosa que Pablo ha intentado hacer con una admirable coherencia y constancia. De esa forma ha organizado en todas sus iglesias una colecta a favor de la iglesia de Jerusalén, de la iglesia ha terminado siendo la más pobre entre las pobres de su tiempo (cf. 2 Cor 8-9; Rom 15, 25-16, 3).
Sentido de la colecta.
El tema de la pobreza no es sólo un tema económico, sino de comunicación humana y de diálogo. La pobreza del mundo no se arregla sólo con más dinero, sino con reconocimiento, con diálogo, con igualdad humana. Por eso, la colecta puede tener y tiene quizá tres sentidos, como supone el mismo Pablo.
(a) Sentido económico. La iglesia de Jerusalén donde, según el testimonio de Hech 2, 43-47; 4, 32-36, los cristianos habían establecido una comunidad de bienes, está pasando por grandes dificultades económicas. Esos cristianos se presentan como los pobres (Rom 15, 26; Gal 2, 10; cf. Sant 2, 5), no sólo porque viven el ideal escatológico de la pobreza radical, sino porque son pobres reales. Por eso, Pablo siente la responsabilidad cristiana de ayudarles. En ese sentido, Pablo busca la ?igualdad en la comunión por el amor?, como establece de un modo solemne, pidiendo a ?los pobres de Corinto?, para ayuden a los pobres de Jerusalén:
Pero no digo esto para que haya para otros abundancia, y para vosotros estrechez; 14 sino para que haya igualdad. En este tiempo vuestra abundancia supla lo que a ellos les falta, para que también la abundancia de ellos (en plano personal, religioso?) supla lo que a vosotros os falte, a fin de que haya igualdad (en plano económico y social) 15 como está escrito: El que recogió mucho no tuvo más, y el que recogió poco no tuvo menos. (2 Cor 8, 12-14, con cita de Ex 16, 18 donde se pone el ejemplo de los israelitas en el desierto: ¡todos tenían el mismo Maná, nadie más rico que otros?
(b) Reconocimiento humano. Pablo sigue tomando a la iglesia de Jerusalén (de Judea) como madre de todas las iglesias, manantial de la que ha surgido y se ha expandido la fe (cf. Rom 15, 27). Por eso es lógico que los cristianos de la gentilidad, que han recibido la fe de los cristianos de Jerusalén-Judea les devuelvan de algún modo ese don con un reconocimiento económico, como signo de solidaridad. Eso significa que hay que compartir no sólo el dinero, sino los bienes humanos, culturales, sociales? Se trata de saber recibir, unos de otros? Sólo si los ricos (los de Corinto) saben recibir de los que en otro sentido son pobres (los de Jerusalén) puede haber comunión. No hay más pobre que aquel que no sabe recibir de los otros, no hay más pobres que aquel que se siente autosuficiente? Si un mundo rico no sabe recibir el don de vida de los pobres? si no escucha su voz, si no acoge su don? se perderá a sí mismo. En este sentido, los que están más en peligro de perderse a sí mismos son los ricos, los que se creen autosuficientes.
(c) Reconocimiento religioso. Las comunidades judías de todo el mundo debían aportar un dinero para el mantenimiento del templo (como sabe y acepta, en un sentido simbólico, el mismo Jesús de Mt 17, 24-27). Pues bien, parece que algunos cristianos han querido mantenido (en otro sentido) un tipo de impuesto semejante, al menos como algo voluntario, como signo de caridad. Todas las iglesias deberían reconocer el primado de la iglesia de Jerusalén, es decir, el primado de los pobres? de los voluntariamente pobres.
El tema es difícil de entender en la actualidad, al menos en todos sus matices. Lo cierto es que Pablo quiere mantener con toda fuerza la unidad ?humana? y religiosa de las iglesias? y una forma intensa de mantener esa unidad es ?compartir la economía?. Pablo no quiere ?mandar dinero?, no quiere invertir (como puede hacer el Fondo Monetario o el Banco Mundial de hoy día)? Quiere ir personalmente, quiere compartir sus experiencias, compartir la vida con los hermanos pobres de Jerusalén. El dinero en sí no vale, vale como signo y medio de comunión. Un dinero ?humilde?, que no se impone, que no busca ventajas? Un dinero que no hace ?mayor? al que lo tiene, un dinero que no se puede utilizar como medio de imposición. Un dinero ?para la fraternidad?; eso es lo que quiere Pablo.
Sea como fuere, Pablo tomó muy en serio la colecta y decidió subir con ella a Jerusalén, para ofrecerla de un modo personal. Sabemos por 2 Cor 8-9; Rom 15, 25-31 que ha querido subir para certificar con su ofrenda de dinero la solidaridad de las iglesias gentiles hacia la iglesia madre de Jerusalén, como lo había pedido esa misma iglesia (cf. Gal 2, 10).
¿Pablo y la historia de la colecta.
Pablo ha subido a Jerusalén llevando la colecta. Ha subido con miedo, no sabe si van a recibirle bien y a recibir su dinero... (cf. Rom 15, 30-33). Pues bien, la versión que Hech ofrece es ambigua y riquísima: supone que los cristianos de Jerusalén han aceptado en principio la colecta de Pablo, pero la cosa no queda del todo clara. Va con un grupo organizado de testigos y compañeros (Hech 20, 4), de origen judío y gentil, y afirma ante los ancianos de Éfeso (en Mileto) que no se ha aprovechado económicamente de ellos (Hech 20, 32). Superados todos los presagios adversos (cf. Hech 20, 1-16), llega a Jerusalén y saluda a Santiago y a los presbíteros de la iglesia, que parecen aceptar su gesto (su colecta, el valor de sus iglesias), pero le piden que realice un rito de pureza en el templo, para mostrar de esa manera que él sigue siendo un judío. Los que vienen con él (los no judíos) no tienen que demostrar nada: pueden vivir sin más obligaciones, como pagano-cristianos. Pero Pablo es judeo-cristiano y el hecho de predicar el evangelio a los gentiles no le impide ser judío y así tiene que mostrarlo, realizando un rito de purificación en el templo. Parece que, normalmente, Pablo no habría realizado los ritos judíos que le piden los hermanos de Jerusalén, pero, a fin de mostrar su solidaridad con la iglesia de Jerusalén, haciéndose judío con los judíos (cf. 1 Cor 9, 20), realiza esos ritos, entrando para ello en el recinto del templo. Sea como fuerte, Pablo realiza esos ritos, abiertamente, sobre un patrio del templo donde sólo pueden entrar los judíos puros, mostrando así ante todos que sigue siendo un judío fiel. Pero muchos judíos (no se sabe si sólo judíos o también judeo-cristianos) no admiten su gesto y se amotinan y quieren lincharle, de manera que los romanos le apresan por seguridad, iniciando una prisión que culmina en Roma (Hech 21, 17-25, 12). En el fondo, a Pable le apresan?. ?porque lleva dinero?, porque piensan que quiere ?comprar a los pobres con dinero?? Tomó todas las precauciones, fue con testigos, no quiso imponerse? Y sin embargo hay personas que creen que ?lleva dinero para comprar a los judeo-cristianos de Jerusalén?, que lleva dinero para imponer así su criterio religioso, su forma de ver el judaísmo y el cristianismo. Es aquí donde nos sitúa el texto: el dinero que debía ser medio de comunión se convierte para algunos en causa de conflicto.
¿Qué ha pasado con el dinero de la colecta?
Los que gritan contra Pablo? gritan en el fondo contra su ?dinero?, porque piensan que quiere comprarles con la colecta que ha hecho a favor de ellos. Y desde aquí se complican las cosas:
Pablo testifica en juicio ante el gobernador que ha venido a traer un ofrenda económica, como es normal entre judíos, que pagan dinero a su templo (cf. Hech 24, 17).
El texto sigue diciendo que el gobernador, consciente de la inocencia de Pablo, espera que le den dinero (en soborno) para liberarlo (Hech 24, 26), pero no se lo dan, y así le mantiene por dos años en la cárcel, hasta que llega el gobernador siguiente y el proceso continúa con la apelación de Pablo a Roma.
En medio de todo eso, se mantiene la pregunta: ¿Qué ha pasado con el dinero que traía para los cristianos de Jerusalén? ¿Lo han recibido los cristianos de Jerusalén y lo gastan ellos mismos, para remediar sus necesidades, sin preocuparse de Pablo que está en la cárcel, por no herir la susceptibilidad de los judíos no cristianos? ¿Lo mantienen los delegados de las iglesias gentiles? Pero, en ese caso ¿por qué no lo emplean para sobornar al gobernador y conseguir la libertad de Pablo, como el mismo gobernador está esperando según Hech 24, 26? Son preguntas fundamentales, a las que pienso que no podemos dar una respuesta. De todas formas, la situación de Santiago en Jerusalén está siendo ya en ese momento muy comprometida como para buscar activamente la libertad de Pablo. Por su parte, Pablo no habría aceptado para beneficio propio un dinero de las comunidades. Sea como fuere, el tema queda sin resolver, como una gran interrogación, en el principio de la iglesia: el dinero puede servir, como signo de comunión entre creyentes, pero resulta ambiguo, pues puede suscitar divisiones. Por su parte, el sistema (=gobernador) quiere emplearlo como medio de soborno.
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