Por CAMINO MISIONERO el 31-Dec-1969 | 
V Domingo de Pascua - Año C ? 2.5.2010 Publicado por Euntes
Hechos 14,21-27 / Salmo 144 / Apocalipsis 21,1-5 Juan 13,31-33a.34-35
Reflexiones
El Evangelio presenta dos momentos contrastantes, humanamente irreconciliables. Durante la última Cena, Jesús habla con insistencia de su ?glorificación?: la menciona cinco veces (v. 31-32). Judas sale del Cenáculo llevando dentro su misterio: en esa trágica noche (v. 30) consuma la traición. El contraste es paradójico: faltan tan sólo pocas horas para su captura y muerte en la cruz; sin embargo, Jesús se obstina en hablar de glorificación. Su gloria es el momento mismo de su muerte-resurrección, como el grano de trigo que cae en tierra y muere para dar mucho fruto (cf Jn 12,24.20-21). Ser ese grano de trigo es su carta de identidad. ¡Extraña gloria que se expresa en la locura humillante de la cruz! Con su muerte-resurrección Jesús revela la grandeza del amor de Dios que salva a todos.
A la luz de este amor divino que sobrepasa toda medida, se percibe la grandeza del mandamiento nuevo (v. 34), que Jesús deja a sus ?hijos-discípulos? como credencial de reconocimiento: ?como yo los he amado, ámense también unos a otros? (v. 34-35). La insistencia de Jesús sobre el amor mutuo -lo repite tres veces en dos versículos- tiene las características de un testamento importante acerca de un mandamiento que Él, con toda razón, llama ?nuevo?.
El Antiguo Testamento decía: ?amarás a tu prójimo como a ti mismo? (Lv 19,18). Jesús va más allá. 1. Ante todo, su medida ya no es tan sólo ?como a ti mismo?, con las incógnitas y los errores propios del egoísmo, sino ?como yo los he amado?; es decir, la certeza y la medida sin medida del amor divino. 2. El amor que Jesús propone es nuevo, porque es completamente gratuito: no busca motivos para amar; ama al que no lo merece o al que no puede corresponder; ama también al que le hace daño. 3. Se trata de un mandamiento nuevo, porque ?antes de Jesús, nadie jamás ha intentado construir una sociedad basada sobre un amor como el suyo. La comunidad cristiana se coloca así como una alternativa, como una propuesta nueva ante todas las sociedades viejas del mundo, ante aquellas que se basan sobre la competitividad, sobre la meritocracia, el dinero, el poder. Éste es el amor que debe ?glorificar? a los discípulos de Cristo? (F. Armellini). Es un nuevo criterio de asociación, una fuerza especial de agregación ?La señal por la que conocerán todos que son discípulos míos...? (v. 35): el amor mutuo y gratuito tiene una irresistible, contagiosa y explosiva fuerza de irradiación misionera. El amor mutuo se alimenta en el perdón, reconciliación, sufrimiento, entrega de sí, rechazo de la violencia, compromiso por la paz?(*)
Tan sólo el amor es capaz de inspirar y tejer relaciones nuevas y vitalizantes entre las personas; tan sólo la revolución del amor es capaz de transformar a las personas y, por tanto, las instituciones. Lo enseñaba también Raúl Follereau, ?apóstol de los leprosos y vagabundo de la caridad?: ?El mundo tiene sólo dos opciones: amarse o desaparecer. Nosotros hemos optado por el amor. No un amor que se conforma con lloriquear sobre los males ajenos, sino un amor combativo, creativo. Para que llegue y pueda reinar, nosotros lucharemos sin pausa ni desmayo. Hay que ayudar a amanecer el día?.
Todo el que asume este desafío acepta la utopía de ?un cielo nuevo y una tierra nueva? (II lectura), entra en la nueva ?morada de Dios con los hombres? (v. 3), donde ya no habrá lágrimas, ni muerte, ni dolor (v. 4), por la fe en Aquel que afirma: ?todo lo hago nuevo? (v. 5). Incluida una sociedad nueva que se basa y tiene como objetivo la civilización del amor. También la misión de Pablo y Bernabé (I lectura) perseguía este objetivo: abrir ?a los paganos la puerta de la fe? (v. 27), exhortar a los discípulos a permanecer firmes en la fe, porque debemos entrar en el reino de Dios pasando por muchas tribulaciones (v. 22). Este primer viaje misionero de Pablo (Hechos 13-14) es una página intensa y estimulante de metodología misionera: por la manera que la comunidad cristiana de Antioquía escoge a los misioneros que envía, por el valor (parresía) de Pablo y Bernabé en dar el primer anuncio del Evangelio de Jesús a judíos y a paganos, por la institución de nuevas comunidades eclesiales y la designación de presbíteros que las guíen, por las nuevas fronteras geográficas de evangelización más allá de los territorios acostumbrados del Antiguo Testamento y de los Evangelios, por el intercambio con la comunidad de Antioquía a su regreso, por la continua confianza en el Señor que acompaña siempre a los Suyos... En una palabra, ¡un modelo de praxis misionera!
Palabra del Papa
(*) «La primera palabra del Resucitado a los suyos había sido: "Paz a vosotros" (Jn 20,19). Él mismo lleva, por así decir, el ramo de olivo, introduce su paz en el mundo. Anuncia la bondad salvadora de Dios. Él es nuestra paz. Los cristianos deberían ser, pues, personas de paz, personas que reconocen y viven el misterio de la cruz como misterio de reconciliación. Cristo no triunfa por medio de la espada, sino por medio de la cruz. Vence superando el odio. Vence mediante la fuerza más grande de su amor. La cruz de Cristo expresa su ?no? a la violencia. Y, de este modo, es el signo de la victoria de Dios, que anuncia el camino nuevo de Jesús. El sufriente ha sido más fuerte que los que ostentan el poder. Con su autodonación en la cruz, Cristo ha vencido la violencia».
Benedicto XVI Homilía en la Misa crismal de Jueves Santo, 1°.4.2010
Siguiendo los pasos de los Misioneros
- 2/5: S. Atanasio (295-373), obispo de Alejandría de Egipto y doctor de la Iglesia; fue perseguido y varias veces expulsado por los herejes arrianos. - 3/5: SS. Apóstoles Felipe de Betsaida, y Santiago el Menor, primer obispo de Jerusalén. - 3/5: B. María Leonia (Alodia) Paradis (1840-1912), religiosa canadiense, fundadora de las Pequeñas Hermanas de la S. Familia de Sherbrooke, en Quebec (Canadá). - 4/5: B. Juan Martín Moyë (+1793), sacerdote de la Sociedad de las Misiones Extranjeras de París, misionero en China, fundador, fallecido en Tréveris (Alemania). - 6/5: S. Pedro Nolasco (+1245 en Barcelona), fundador, junto a S. Raimundo de Peñafort y al rey Jaime I de Aragón, de la Orden de la Merced para el rescate y la redención moral de los esclavos. - 6/5: B. Francisco de Montmorency-Laval (1623-1708), misionero francés, obispo de Quebec (Canadá). - 6/5: B. Rosa Gattorno (1831-1900), madre de familia y viuda, fundó en Piacenza el Instituto de las Hijas de Santa Ana, que muy pronto (1878) partieron como misioneras hacia otros continentes. - 8/5: B. María Catalina Symon de Longprey (+1668), de las Hermanas Hospitalarias de la Misericordia, entregada al cuidado físico y espiritual de los enfermos en Quebec (Canadá). - 8/5: S. Magdalena de Canossa (1774-1835), italiana de Verona: renunció a sus bienes patrimoniales y fundó dos Congregaciones para la educación cristiana de la juventud. - 8/5: Jornada Internacional de la Cruz Roja (desde 1929) y de la Media Luna Roja.
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