Por ARCENDO el 31-Dec-1969 |
De vez en cuando, la muerte pasa cerca. La sientes especialmente cuando viene a arrebatar de esta tierra a alguien a quien quieres. Tengas sensibilidad o no, creas o no, es algo que acaba afectándote; sin embargo pienso que esto es bueno, es conveniente, y lo creo así principalmente por dos motivos:
El primero, porque nos obliga, a repasar de algún modo nuestra propia trayectoria vital; aunque sea recordando los momentos que compartimos con la persona que ya no está.
El segundo, porque nos enfrenta, de lleno a una ineludible realidad que no podemos controlar, y por tanto no debemos olvidar.
Queramos o no, más tarde o más temprano, a todo bicho viviente le tocará algún día dar ese salto; pero probablemente son, solamente estos momentos tan duros y radicales, los únicos instrumentos que a veces, le dejamos a DIOS, para manifestarse a través de ellos. Posiblemente, entre el dolor, el silencio y la reflexión; hábitos estos tan apartados de la vorágine del mundo actual; es cuando a más de uno se le puedan presentar aquellas grandes cuestiones, que siempre han provocado todas las grandes conversiones.
De todos modos, mi reflexión de hoy, además de lo evidente, pretende también que nos lleve a pensar, no solo sobre la fragilidad de la vida, de nuestro tiempo vital, sino también de cada una de las situaciones que vivimos. Realmente, si lo pensamos un poco, gozamos de muy poquita estabilidad, se podría decir, sin equivocarnos demasiado, que nuestras vidas, tal como las conocemos hoy en día?, PENDEN DE UN HILO. Estoy hablando de todas las vidas, de las de los más jóvenes y de las que no lo son tanto; de los ricos y de los pobres; de los sanos y de los enfermos, de todos, absolutamente de todos. Pienso en todos.
Cualquiera somos proclives, en cualquier momento de nuestra vida de sufrir un acontecimiento inesperado que cambie radicalmente nuestro status actual; ya sea para bien o para mal. En un momento dado nos puede tocar la lotería; pero también nadie está libre de recibir una noticia ?aparentemente- fatal, que nos informe de que tenemos una enfermedad letal incurable, por ejemplo. Cualquier cosa, en cualquier momento puede cambiarlo todo, sin que lo podamos controlar.
Hoy vivimos en paz, tenemos un techo sobre nuestras cabezas, y dormimos en una cama caliente, pero nada, nada de esto es fijo. Un paro laboral continuado, un terremoto, una catástrofe natural, un accidente repentino o incluso una guerra en la que nada hemos tenido que ver, puede estallar en cualquier momento y arrebatarnos TODO; cualquier acontecimiento puede provocar un cambio drástico en nuestras vidas, inmediato. Naturalmente?, en algunos países, o en algunas épocas de la historia, la estabilidad es más ?segura? que en otros, pero nadie está exento? en ningún país, en ningún momento.
Si pensáramos en esta realidad más frecuentemente nos vendría más a menudo el pensamiento de lo muy necesitados que podemos llegar a estar, y de la inmensa suerte que tenemos, de que alguien sostenga nuestras vidas, y nos dé lo que necesitamos, justo cuando lo necesitamos.
Cuando rezamos el Padre Nuestro, si lo hacemos en serio, ponemos a disposición de DIOS todo lo que nos pueda pasar? -hágase tu voluntad-, decimos; pero si de verdad, nos paramos a pensar un poco esa frase? realmente causa vértigo. Sin embargo, nuestro DIOS no es un DIOS cruel. Lo que hay que tener en cuenta es que todo lo malo que nos acontece, incluso las catástrofes naturales tienen su origen primigenio en el mal, en el pecado, en la negación de DIOS. Bien es cierto que nadie estamos exentos ni del dolor, ni de la enfermedad, ni de la muerte. Sin embargo, el gran consuelo que tenemos es que si cada uno de nosotros, acepta escoger la Cruz de Cristo en vez de la suya propia, todo es más esperanzador, todo es más llevadero. Dios como Padre que es, no nos va a dar NUNCA aquello que no sepamos capaces de soportar, de superar, porque con su AMOR se supera TODO.
Hay ciertos momentos duros y radicales. Donde sentimos nuestra fragilidad y lo necesitados que estamos, lo pequeños y vulnerables que somos. Yo solo puedo hablar de lo que conozco, para bien o para mal, mi vida está llena de experiencias (muy malas y muy buenas); tengo enfermedades y achaques; pero sé, puedo confirmar que afortunadamente el único clavo al que he podido agarrarme cada vez que lo he necesitado, para soportar mi inestabilidad absoluta, está bien sujeto en la Cruz de mi Señor; y sé que ese agarradero siempre está disponible. Os invito a TODOS los que dudáis, a probarlo, a rezar el Padre Nuestro en serio. Esa oración, ¡que mueve montañas!, nunca es una mala apuesta, ese salto de fe? nunca es al vacío. El AMOR de DIOS por nosotros es el hilo más fuerte, por su parte es IRROMPIBLE, solo de nosotros depende, que se acabe quebrando.
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