Por ARCENDO el 31-Dec-1969 | . En los últimos tiempos, tiene lugar un fenómeno harto curioso. Todo lo que ?sale? de la ?caja tonta?, se acepta sin el más mínimo esfuerzo y sin posibilidad alguna de crítica o contraste?: ese ?lo ha dicho la tele? es?, determinante. Sin embargo, todos los valores ?de antes? aunque sean mucho más lógicos, se discuten, se cuestionan, se ponen en cuarentena? Hasta tal punto llegamos que, hasta lo más sagrado se relativiza y hasta es, objeto de chanzas y burlas. . Por eso, pienso que es precisamente ahora, cuando deberíamos informarnos y formarnos más, para no desnortarnos y saber donde está lo importante. Convendría también? recordar, repetir e interiorizar lo que sabemos; y para un cristiano no hay NADA más importante y esencial que la presencia real de la Segunda Persona de la Trinidad Santísima en nuestro mundo, a través de la Sagrada Eucaristía. Eso es lo más importante para mantener nuestra fé y nuestras vidas. . No podemos, ¡ni debemos!, dejar de pensar en esta VERDAD de fé, porque esa es la gran ESPERANZA que le queda hoy, al mundo: "Yo estaré con vosotros hasta el fin del mundo" (Mt 28, 19-20). . No podemos, ¡ni debemos!, minimizar el INMENSO milagro que encierra la consagración en la misa. Nada menos que, el cuerpo, la sangre, el alma y la divinidad de la Segunda Persona de la Trinidad Santísima, se hacen reales, por amor y voluntad de Dios, en las manos de un ser humano, de una persona consagrada, de un sacerdote; ¡que gran privilegio!, ¡Que gran responsabilidad!. . Alguien muy santo y por lo tanto muy sabio, decía que en ningún sitio estaba mejor la Sagrada Forma, que en las manos bendecidas de un sacerdote; yo quiero darle una vuelta de tuerca a esa afirmación, llamando la atención sobre este mismo hecho, ¡Nunca unas manos humanas tuvieron un tesoro más alto, más grande, que sostener! . Hace no mucho tiempo, existía una sana y bonita costumbre litúrgica, que afortunadamente todavía persiste gracias a la devoción y perseverancia de algunos santos sacerdotes; esta práctica tomaba el nombre de ?lavatorio de manos-. Este gesto de la liturgia, pese a lo que algunos creen, no se hacía solo para recordar el lavatorio que hizo Pilatos antes del sacrificio; sino como signo de purificación, de limpieza antes de recibir al Señor. Estas expresiones simbólicas siguen siendo hoy, igual de válidas que entonces, a pesar de que ahora ya no se prodiguen tanto. La limpieza ante Dios es, debe ser, una autoexigencia del amor que le tenemos, no es una imposición, sino un gesto más de amor hacía Él. A Dios, por amor, todo lo mejor. También de nuestro interior, con lo cual, la limpieza del alma, a través del Sacramento de la penitencia, cuando sea necesario, se hace absolutamente imprescindible. . Finalmente quiero dejar para la reflexión unas breves, didácticas e impactantes palabras de una de las visiones de Ana Catalina Emmerich: ?Los dedos de los sacerdotes serán conocidos en el Purgatorio, y aún en el Infierno, y arderán con un fuego especial. Todos los reconocerán y vituperarán.? El duro mensaje de la Beata Emmerich, ES PARA TODOS, laicos y seglares. El que tenga oídos que oiga, que cada uno saque sus propias conclusiones y las convierta, según su condición, en hechos de amor y caridad, hacía Jesús sacramentado. . A María, que fue el primer Sagrario de la Historia, nos encomendamos. . * * * * *
Leído 1 veces

|