Señor director: Noticias inesperadas vienen del Partido Revolucionario Dominicano (PRD). Más de 50 de los 66 diputados y senadores del PRD, reunidos recientemente solicitaron a Miguel Vargas ser el nuevo presidente del partido. Esa misma petición le harán también la mayoría de los síndicos, vicesíndicas y regidores perredeístas. Lo mismo está haciendo ya gran parte de los dirigentes nacionales, medios y de base. Primera noticia. Segunda noticia: el periodista Daniel García Árchibald anunció el pasado lunes, en el popular espacio radial El Gobierno de la Mañana, que el presidente Hipólito Mejía encabezaría ese mismo día una reunión con otros dirigentes para oponerse a la idea de que Vargas sea el nuevo presidente del partido. Que no se debe ser parte y juez, es el reclamo. ¿Por qué puede querer Miguel ser presidente del partido, si lo que desde ya se vislumbra es que está proyectado como el próximo presidente de la República? ¿No será esta una señal reveladora de ambición desmedida? ¿Brisas tormentosas se aproximan al partido que podría ayudar al pueblo a superar la decepción que produce el ya ancien régime del presidente Leonel Fernández, desbordado por los viejos déficits estructurales e incapaz de responder a los nuevos desafíos que tiene por delante el país? Todas estas preguntas tienen respuestas en encuestas que en los últimos 10 años han estudiado las expectativas de los perredeístas y de esa franja progresista de la sociedad que pendula acercándose o distanciándose del PRD en cada proceso electoral. En 1999 el consultor Jeddu Mascoretto hizo una encuesta para ponderar candidaturas hacia lo interno del PRD, pero lo que más le llamó su atención en esa encuesta fue que, más que candidaturas, los perredeístas ansiaban un nuevo liderazgo. Esa aspiración creció al percibirse que con el devenir de los tiempos la dirección del partido no asimilaba los grandes cambios en conducta, estilos y forma de ser de los dominicanos, inspirados por la apertura democrática a que da inicio el gobierno del PRD en 1978; el fuerte flujo migratorio desde y hacia el país; el impulso del turismo y las zonas francas; el impacto de la revolución de las tecnologías de la información y la comunicación; y la concentración de cerca del 70% de la población en unas pocas ciudades. Precisamente el PRD, el padre de la democracia y gran auspiciador de las reformas institucionales, económicas y sociales que han servido de marco a todos estos cambios, fallecido José Francisco Peña Gómez no ha contado con el liderazgo capaz de guiarlo a su adecuación a los nuevos y dinámicos procesos. Hoy la imagen del partido es la de una institución problemática e incoherente con principios fundamentales de una democracia efectiva. Su estructura orgánica es deficiente, locales cerrados, y la mayoría de los compañeros actuando no para desarrollar liderazgos social comunitarios sino afilando mañas para arrebatarle la candidatura o el cargo zonal, municipal o nacional al compañero o la compañera de al lado. Es por eso que las últimas encuestas reflejan que pese al excelente desempeño en las pasadas elecciones, el PRD ha vuelto a descender en aceptación ciudadana. Más Miguel mantiene un alto apoyo en la sociedad y en la abrumadora mayoría de quienes se identifican como perredeístas. Esto quiere decir que en la conducción firme pero tolerante y respetuosa de Miguel Vargas, en su disciplina y dotes de gerente exitoso, su estilo de hacer oposición vertical pero siempre serena y proponiendo soluciones y salidas a los problemas nacionales, el PRD ha encontrado el liderazgo para triunfar en los nuevos tiempos, empezando por los desafíos electorales de 2010 y 2012. Miguel no es Bosch o Peña Gómez, quienes ejercieron sus liderazgos en un escenario histórico contradictoriamente cercano y distante. Los perredeístas y muchos dominicanos fuera del PRD ven en Miguel al conductor capaz de unificarlos y conducirlos a la victoria y a la apertura de nuevos horizontes. Lo que en los próximos días, semanas y meses se observará es la determinación de la mayoría del perredeísmo de transferir el liderazgo de Miguel Vargas a la marca PRD, a su imagen, filosofía y forma de hacer política, lo cual sólo puede hacerse desde la presidencia del partido. Hay la seguridad de que Miguel sabrá asumir esa responsabilidad, porque de no hacerlo dejaremos pasar la gran oportunidad que se le presenta hoy al partido de ser relanzado para beneficio de los perredeístas y de la sociedad. NELSON MARTE/ SANTO DOMINGO
Leído 11 veces

|