Por Borja Barba el 30-Aug-2010 |
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Parece que han pasado diez años desde que el Racing de Santander consiguiera la mejor clasificación liguera de su historia. Quedan ya muy lejanos en la memoria aquellos vibrantes duelos europeos ante el Manchester City, el PSG o el hoy campeón holandés Twente. Y no hace ni mucho menos tanto tiempo. Cuando hace sólo tres temporadas, el Racing de Marcelino hacía historia al conseguir la sexta plaza en la clasificación liguera final, ganándose el derecho y el honor de jugar en Europa el año siguiente, pocos en Santander dieron por hecho que el club había dado un paso definitivo hacia su asentamiento en Primera. Es más, se fue el técnico asturiano, y enseguida volvieron, si no los problemas, sí al menos las angustias. El Racing volvió a su lugar habitual, al sufrimiento y la agonía por la permanencia en la máxima categoría.
Superada la feliz resaca de la aventura europea (y copera), el Racing vuelve a ser quien era. Las planificaciones se hacen en base a mantener la categoría. Ya no hay Zigics, ni Luis Garcías (aunque éste no cuajara). No hay fichajes de relumbrón, porque no hay dinero y tampoco hay objetivos que los motiven. Por ese motivo, al equipo de Miguel Ángel Portugal, que continua en el cargo por segundo año consecutivo, apenas han llegado refuerzos.
Con la base de la temporada pasada, el técnico burgalés sigue manteniendo una columna vertebral bien definida, con Toño o Coltorti (ayer disfrutó de la titularidad el español) en portería, Henrique (cedido por el Barça), como indiscutible en el centro de la defensa, Gonzalo Colsa como pivote y vértice del equipo, y Pedro Munitis como enganche o segundo punta. Desgraciadamente, las carreras de Munitis y Colsa no son eternas. Los antaño puntales del equipo, van notando cada vez más el paso de los años en sus piernas. Por eso se antoja necesario un relevo generacional, sobre todo en el caso del pequeño delantero del Puerto Chico.
En el capítulo de fichajes, la directiva de Pernía consiguió cerrar las contrataciones de los laterales Cisma (ex Almería) y Francis (Xerez), precisamente el día que terminaba la pasada campaña. Ambos se antojan titulares habituales. Adrián González, hijo de Míchel, encontró su hueco en El Sardinero tras salir de manera un poco tumultuosa de Getafe. Además, se incorporó a la plantilla el sueco, ex jugador del Ajax, Kennedy Bakircioglü, habilidoso extremo que despuntara hace tres campañas en el Twente pero que apenas tuvo suerte en el conjunto ajaccied. También llegaron a Cantabria el mundialista griego Alexandros Tziolis, centrocampista de corte defensivo que viene en calidad de cedido, o el joven delantero argentino Ariel Nahuelpán, futbolista de imponente físico que viene del Coritiba brasileño.
Todos ellos, junto a viejas caras conocidas como el centrocampista Manuel Arana, el mediocentro tunecino Mehdi Lacen, o el punta Mohamed Tchité, unidos a la prometedora hornada de jóvenes canteranos (Bedia, Osmar Barba, Iván Bolado) de los que se espera temprana irrupción, tratarán de hacer olvidar la efervescencia de Sergio Canales y de conseguir el objetivo fundamental de la permanencia. No va a ser sencillo.
Lo mejor: Por fin parece tener los laterales bien cubiertos. El fichaje de Kennedy parece interesante, falta esperar por su adaptación. Bloque similar al de años anteriores.
Lo peor: Falta gol. Tchité es un delantero de rachas, que puede estar varios partidos seguidos sin ver puerta. Munitis ya no está para milagros, pese a ser la viva representación del coraje y el amor a unos colores.
Un pronóstico: La salvación este año está un poco más complicada que el anterior. Dos de los recién ascendidos (Real y Hércules) se han reforzado mucho y bien, y van a vender cara su piel. Desgraciadamente, tiene mala pinta el proyecto santanderino.
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