Por Augusto Rodríguez
Rafael Díaz Icaza dice lo siguiente en su antología: ?Creo en un Poesía para orar y para maldecir: para vivir la fugacidad de cada día y la eternidad de cada minuto. Para llevarla, junto al cerebro y el corazón, en los trajines arcangélicos y en los oficios satánicos; para irla nutriendo de uno, animando de uno, confundiéndola con uno, hasta que no pueda existir ninguna mágica frontera entre la obra y su autor?. Rafael Díaz Icaza (Guayaquil, Ecuador, 1925) acaba de publicar su antología Bestia pura del alba. Qué se puede decir de nuestro gran escritor, del maestro, del escritor ecuatoriano que ha ganado todos los premios más importantes de este país: Premio Nacional de Cuento José de la Cuadra, Premio Nacional de Poesía Medardo Ángel Silva, Premio Nacional de Poesía Ismael Pérez Pazmiño, Premio Nacional Aurelio Espinoza Pólit, etc. (sólo le falta el premio Espejo), del poeta que junto a Carlos Eduardo Jaramillo y Fernando Cazón Vera, forman el trío de poetas vivos más importantes de Guayaquil, del hombre generoso, gran promotor y creador de las más importantes colecciones de literatura de la Casa de la Cultura del Puerto Principal y de uno de los narradores más importantes del país. Lo que se diga es muy poco. Lo más extraño de todo es que su literatura en los últimos años ha caído en un cierto marasmo que es lamentable. Por eso celebro y me enorgullezco como autor guayaquileño por esta ?justicia? llegada desde Quito por la editorial Archipiélago de Jorge Enrique Adoum y del apoyo del Municipio de la ciudad. Bien por esta bella y cuidada antología. La obra de Rafael Díaz Icaza se merece esto y mucho más. Aquí tres poemas de la mencionada antología:
DIGO MALAS PALABRAS ¡Qué ganas, oh Dios mío, de tener una boca así de grande para malas palabras! Para decir al toro y a la tora al vaco y a la vaca para decir a todos malas, malas palabras de morirse de lados malos, de terrenos duros. ¡Qué ganas de decir: Concha del cielo pájaros del miércoles miliconadas sobre el infinito pobre de América! Voto a que nadie luego de estas palabras podrá decir al brazo ajeno pierna podrá decir pechugas de mi mesa alitas de mi alegre desayuno. Voto a que nadie luego de que digamos esas bellas palabras podrá robarse el sol de los poetas el zumbador del niño el pan del miserable de los páramos y ponerlo en el banco. Digo, todos a una: mercachifles tablones acezantes, caldeos, ostrogodos ya no asaltéis la nube quitad el pie de oscuro y sucio cobre del cielo de la patria.
ÁRBOL GENEALÓGICO Animales no herbívoros ni carnívoros. Mamíferos absurdos. Complicados rumiantes de palabras. ¡Somos los últimos dinosaurios! Nuestros tataranietos citarán la rareza de haber tenido en su árbol genealógico esta especie animal en extinción, el homo poéticus. Nuestro origen está en otra galaxia. Somos, aunque nos pese, animales extraños alimentados de papel impreso.
MALAVENTURANZAS Y el hombre manso dijo: Malaventurados los que inventaron la silla de electricidad los que hicieron la bomba de plutonio la estrellamar de uranio y soltaron los dientes de la muerte y quemaron el aire de los hombres. Malaventurados los sabios que soltaron el estroncio noventa el cesio ciento trece y rajaron el cielo y asolaron la tierra y parcelaron la sonrisa del hombre. Malaventurados los que se alimentan del dolor ajeno viven de trampas y se divierten con los golpes del hombre. Comercian mientras aman y cuando odian comercian y cuando están dormidos siguen comerciando. Malaventurados los que se enriquecen en la bolsa política los que persiguen a los soñadores y venden a los inocentes. Los vendedores de armas que no van a la guerra pero llenan sus pechos de medallas. Malaventurados, dijo el hombre manso porque de ellos es el reino de la muerte.
Leído 91 veces

|