Por Juan F. Cía el 11-Feb-2008 |
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Hace aproximadamente un mes, un grupo de periodistas preguntaban a Marcelino, entrenador del Racing, qué equipo le resultaba más impactante en la Liga española. El mister lo tenía claro: el RCD Espanyol. Y su afirmación no era una reflexión alocada, realmente consideraba que el trabajo periquito tiene mérito profesional y por eso lo destacaba. Tal vez sus virtudes vayan más lejos de los futbolístico, sobre todo dentro de un club con un espacio socio-cultural reducido en Cataluña.
A partir de su victoria en casa ante el Villarreal (resultado final: 3-0), la plantilla periquita vive un momento de debilidad. Las causas pueden ser varias, normalmente los equipos padecen periodos de flojera física y baches de juego que tienen reflejo en los resultados durante varias semanas. Tal vez, el Espanyol vive un momento de dudas pasajero y el tiempo lo devolverá a su estado natural. Otra de las razones puede ser la relajación ambiental.
Cuando un club obtiene resultados por encima de los objetivos marcados, la posibilidad de un proceso de pérdida de intensidad y competitividad por influencia del ambiente excesivamente favorable es una realidad. Mantener la tensión, la competitividad, el compromiso, la solidaridad, la lucha, la garra, la motivación en un entorno desfavorable o indiferente es más fácil que hacerlo dentro de un escenario de adulación constante.
Antes del decaimiento, el Espanyol había encadenado tres victorias importantes: en el Vicente Calderón ante el Atlético de Madrid por 1-2 (resultado positivo ante un rival directo), la clasificación en Copa del Rey ante el Deportivo y la mencionada ante el Villarreal con enorme contundencia (otro equipo en pugna por una plaza de Liga de Campeones). Desde el 5 de enero, el equipo catalán sólo ha ganado un único partido.
En su visita al Coliséum Alfonso Pérez, obtuvo los tres puntos ante un esmerado Getafe, pero todo lo demás han sido derrotas o empates: dos resultados igualados ante el Athletic Club de Bilbao en Copa del Rey -aunque finalmente fue eliminado- y cuatro derrotas por la mínima en Liga ante rivales, en teoría, de menor entidad (Almería, Valladolid, Betis y Recreativo de Huelva). Los números y las fechas justifican la relajación ambiental y el bajón físico.
Normalmente, las plantillas se preparan para disponer de picos físicos que les permitan encarar con solvencia las fases decisivas de la competición. El equipo periquito venía de alguna temporada donde el club había sufrido el desgaste propio de la zona baja de la tabla y es posible que dentro de la preparación física de la plantilla esté previsto una curva descendente en enero y febrero, para remontar posteriormente en los momentos decisivos en la Liga.
En este sentido, el Atlético de Madrid está pasando por un proceso muy similar, pese a su victoria en el Sardinero por un claro 0-2. El club rojiblanco vive un momento de poco esplendor físico, que seguramente pasará cuando lleguen los últimos 10 partidos de Liga, donde la plantilla recuperará el tono. Además, esta sucesión de malos resultados puede facilitarle la labor a Ernesto Valverde, entrenador blanquiazul, para recuperar los altos niveles de humildad y trabajo de su plantilla y romper la burbuja ‘rosa’ que rodeaba al equipo.
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