
El Real Madrid reaccionó de forma enérgica y autoritaria y convirtiendo sus dos goles en los últimos dieciocho minutos de juego superó angustiosamente al Mallorca (2-1) y finalizó la primera mitad de la Liga como Campeón de Invierno.
Aunque jugó realmente mal, sobre todo en los 45 minutos iniciales, el cuadro conducido por José Mourinho ganó un encuentro clave. De esos que cuando un equipo corona una temporada con el titulo de campeón son recordados muy especialmente tanto por los jugadores como por los aficionados.
Si costó, fue básicamente porque a las ya recurrentes deficiencias propias se sumaron las virtudes de un Mallorca que animado por el aire revitalizador que le ha imprimido Joaquin Caparrós jugó muy por encima de sus posibilidades y no le concedió ningún tipo de facilidades.
El de presionar e intentar robar para salir rápido de contragolpe fue un plan que el Mallorca ejecutó a la perfección durante el primer periodo. En primer lugar, porque Joao Víctor y Fernando Tissone redoblaron sus esfuerzos en el centro del campo e impusieron las condiciones. Y en segundo, porque tanto Victor Casadesus como el “Chori” Castro dieron muestras de su velocidad y se transformaron en toda una amenaza.
Las respuestas no fueron positivas del lado del Madrid. Xabi Alonso sintió la asfixia a la que lo sometieron los dos centrocampistas antes mencionados y ni Mezut Ozil ni José Callejon, incómodos, dispersos y sin movilidad, fueron capaces de brindar soluciones alternativas. Tampoco Karim Benzema y Cristiano Ronaldo, completamente desactivados en la ofensiva.
Quien si lo hizo, pero para el Mallorca, fue el israelí Tomer Hemed, quien ya sobre el final de la etapa y luego de haber desperdiciado un mano a mano clarisimo aprovechó el extraordinario centro de Castro y lanzándose en palomita hizo justicia con los merecimientos de su equipo. La tibia respuesta del Madrid fue un cabezazo al palo de Sergio Ramos.
Iniciado el segundo tiempo Mourinho no esperó demasiado para intentar enderezar el rumbo desde el banco. Gonzalo Higuain, Fabio Coentrao y Kaká ingresaron en reemplazo de Lass Diarra, Marcelo y Arbeloa y el equipo pasó a jugar con un 3-3-4 dotado de jugadores de talento y vocación ofensiva.
Aunque no aportó grandes soluciones -el Mallorca siguió defendiendo muy bien los alrededores de su área- la variante táctica posibilitó la liberación de Ozil, quien juntó voluntades con Kaká y en medio de la desesperación y la falta de espacios asistió a Higuain para que este venciera la resistencia de Dudu Aouate y marcara el empate a los 72 minutos.
La resistencia del Mallorca ya no fue la misma posteriormente. El Madrid lució animado y con minutos por delante para intentar quedarse con los tres puntos empujó con insistencia hasta lograr el gol de la victoria, el cual no llegó por intermedio de Ronaldo -estrelló un bombazo en el travesaño- pero si de Callejón, quien tras los intentos fallidos de Higuain y Benzema aprovechó un rechazo corto y ejecutando su disparo con alma y vida derrotó al arquero. El festejo fue enorme. Quizás en un futuro valga la Liga.
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