Por Dadan Narval el 03-Jul-2007 | La melancolía es un estado de ánimo por el cual sufrimos un terrible abatimiento causado por la añoranza de algo que, en realidad, nunca fue. Es un escenario peligroso, porque causa en el que la sufre una imagen distorsionada de su propio pasado y, consecuentemente, de su identidad actual. El sufriente, anhela el regreso de un tiempo que nunca existió y sufre al verse diferente, en distinta situación, a aquella que su mente se empeña en mostrarle como un pasado ideal, en ambos sentidos del término.
La melancolía, en este sentido, está en la base de muchos de los problemas identitarios que padecen tanto los individuos, como los grupos de personas.
Ayer, Salva Iriarte, nuevo Director Deportivo de la Real Sociedad, explicó que el primer paso en el equipo txuri-urdin ha de ser el de ?recuperar la identidad y los valores de este club?. Para ello, apostó por reducir progresivamente el número de extranjeros, ?hasta un máximo de cinco?.
Escuchando el discurso de Salva Iriarte, a mi mente ha acudido inmediatamente la palabra ?melancolía?. Más allá de que me parece extremadamente irreal el localizar el problema deportivo actual de la Real Sociedad en el hecho del número de extranjeros con que cuenta el equipo, creo que, sobre todo, falsea la historia del club.
Si analizamos un poco la historia de la Real Sociedad, veremos que el club donostiarra decidió recuperar la política de contratación de jugadores foráneos en la temporada 1989/90 por la marcha de los cuatro jugadores más importantes que por aquel entonces formaban su plantilla, a saber, Bakero, Begiristain y Rekarte, que ficharon por el Barcelona, y Loren, que abandonó San Sebastián con destino Bilbao. En esa tesitura, al entonces presidente de la Real, Iñaki Alkiza, padre del jugador Bittor Alkiza, (que, por cierto poco después fichó por el Athletic) no le quedó más remedio que buscar sustitutos a estos jugadores fuera del País Vasco, en la medida en que el mercado local lo copaba el vecino rico, el Athletic de Bilbao. Es decir, la apertura del mercado por parte de la Real Sociedad fue una decisión tomada por la ?fuga de talentos? de Zubieta, a la que se sumaba la proximidad de una entidad con la que económicamente no podía competir, el Athletic.
Pero, además, en realidad la Real Sociedad solamente llevaba veintiocho años sin contar con un jugador extranjero en sus filas. Recordemos, en este sentido, que en la temporada 1961/62, en la que curiosamente también descendió, en la plantilla txuri-urdin estaba el delantero sueco Agne Simonsson, cedido por el Real Madrid. Es decir, la tradición, en este sentido, no es está tan arraigada, como parece pensarse en ocasiones. En la misma línea, exceptuando las dos ligas de principios de los ochenta y la Copa del Rey que la Real venció en la temporada 1986/87, el mayor éxito reciente del equipo es el subcampeonato de la temporada 2002/03 ?en el que se mantuvo hasta la última jornada con posibilidades de ganar la liga- y la consecuente participación en la siguiente edición de la Champions League. Esa temporada, la Real Sociedad contaba con ocho extranjeros en sus filas (Karpin, Khokhlov, Kovacevic, Kvarme, Nihat, Schürrer, Tayfun y Westerveld).
Es cierto, no obstante, que los mayores éxitos de la Real Sociedad, los títulos que adornan sus vitrinas, fueron logrados con plantillas sin foráneos. Pero no es menos cierto que reducir ?la identidad del club? a esas tres temporadas es falsear la realidad.
Acierta, sin embargo, y de pleno, Salva Iriarte en señalar algo que ha de cambiar no sólo en el club de Donostia, sino en muchos otros clubes, incluyendo en ellos al vecino y eterno rival, el Athletic, a saber, ?el nivel de implicación, compromiso y responsabilidad con el club? de los canteranos.
Ahí reside, y no en otro lugar, el verdadero problema de los equipos que apuestan por trabajar con la cantera. La fuga de talentos, los jugadores que creen que están en el club por derecho propio ?al fin y al cabo es el equipo de ?su? ciudad-, las aspiraciones de muchos jóvenes jugadores de dar el salto a un grande lo antes posible, la negociación abusiva de sus contratos a sabiendas de que son algo más que jugadores, son símbolos, etcétera. Estos son los verdaderos problemas que ha de afrontar un equipo que quiere apostar por la cantera, más allá de sentimentalismos caducos que se usan a conveniencia. Pero claro, esto es algo que parece que los analistas futboleros, con sus discursos demagogos en torno a la nacionalidad, el sentimiento y el compromiso, no están dispuestos a reconocer fácilmente.
Por ello, prometemos dedicar en breve un largo post a este espinoso tema.
Foto: Corazón Txuri Urdin
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