Por CAMINO MISIONERO el 08-May-2010 | 
Publicado por Iglesia que Camina
ENTRE EL PASADO Y EL MAÑANA
Así pudiéramos titular el Evangelio de hoy. Jesús se despide de los suyos, pero es una despedida llena de esperanza. Por una parte les asegura que ?me voy y vuelvo a vuestro lado?; por otra, Jesús sabe ocupar su propio espacio y anuncia una nueva venida, esta vez la del Espíritu Santo. El Padre, primero lo envió a Él. Se encarnó ?por obra del Espíritu Santo?. Ahora, el Padre nos enviará al ?Espíritu Santo? mismo. Jesús le asigna dos funciones esenciales. La primera, el Espíritu Santo tiene la misión de mantener vivo el recuerdo de Jesús en el corazón de los suyos: ?y os vaya recordando todo lo que os he dicho.? La segunda, el Espíritu Santo tiene también la misión de anunciar lo nuevo ?será quien os lo enseñe todo?. ¿Será que Jesús no dijo todo lo que debía decirnos? Jesús dijo todo lo que el Padre quería que nos dijese, pero ahora viene un problema nuevo. Seguir a Jesús no es repetir el pasado, sino caminar hacia delante. Ahora es el momento de que nosotros podamos encarnar el Evangelio que Jesús nos dejó. Esta nueva Encarnación no suele ser fácil. Es fácil repetir lo de siempre, lo difícil es cómo leerlo hoy, cómo vivirlo hoy, cómo encarnarlo hoy.
Hay cada día como una especie de nacimiento del Evangelio, porque las circunstancias cambian, las situaciones cambian, y los hombres, por supuesto, cambiamos. El vestido del niño no le sirve al adolescente. Ambos tienen que vestirse, pero las medidas e incluso los estilos son diferentes. El Evangelio es siempre el mismo, la Buena Noticia de Dios es siempre la misma, pero su traducción es diferente, su encarnación es diferente. El Evangelio va adquiriendo cada día un nuevo rostro, una nueva expresión.
Esta será la misión del Espíritu Santo. Si Él fue el encargado de encarnarse la Palabra de Dios en el seno de María, ahora es también Él el encargado de encarnar las palabras de Jesús en el alma y en el corazón de los hombres de todos los tiempos. De este modo, recordar el pasado es a la vez mirar hacia delante. Hay una línea de continuidad y también una línea de novedad.
Por eso, no podemos comprender a Jesús, por mucho que le recordemos, si el Espíritu Santo no le da vida en nuestros corazones. No podremos comprender lo que Jesús dijo, si el Espíritu Santo no nos enseña el camino y el modo. El Espíritu Santo es el maestro del pasado y es el maestro del futuro. Sin esta acción del Espíritu en nuestras almas, Jesús y su Evangelio no pasarían de un recuerdo histórico del pasado. La acción del Espíritu actualiza y da vida al ayer hoy.
¿POSADAS O CASAS DE DIOS?
De ordinario, llamamos a las Iglesias ?Casas de Dios? y lo son dado que Él está y vive en el Sagrario. Pero las verdaderas casas de Dios somos nosotros. Nosotros no somos casas vacías y deshabitadas. Somos casas con calor a vida y habitadas como lo estuvo el seno de María con la encarnación de Jesús. ?El que me ama guardará mi palabra, y mi Padre lo amará, y vendremos a él y haremos morada en él.?
No somos una simple posada de transeúntes, no somos hotel para unos días de turismo, somos casas ?habitadas?. Dios no se hace presente en nosotros como el transeúnte que pasa la noche, paga y luego sigue su camino. Dios nos habita. Habitar es permanecer, es vivir, es instalarse. Somos su morada. Somos su casa.
Las casas deshabitadas suelen ser frías, suelen llenarse de polvo y de humedad y de telarañas. En cambio, una casa habitada tiene calor a vida, calor a personas. Está limpia y está libre de humedad y de telarañas.
Pero las casas habitadas tienen el calor de sentirnos los unos junto a los otros, de compartir juntos nuestra vida, nuestros sentimientos. ¿Tendremos nosotros ese calor de compartir la misma vida con el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo que ?moran? en nosotros? ¿Viviremos en ese diálogo personal con ellos? ¿Nos sentaremos con ellos a la misma mesa para compartir juntos el mismo pan, las mismas alegrías y penas y preocupaciones?
Nadie podrá decir que está solo si se siente habitado por alguien. Estamos solos cuando vivimos como solitarios sin sentir la presencia de los otros. El cristiano está llamado a vivir en compañía y en comunión con Dios. ¿Lo dejaremos solo en su habitación como dejamos solo al que alquila una habitación de hotel? No somos posadas. No somos hoteles. Somos viviendas. Somos moradas. Somos casa de familia.
SÍSTOLE Y DIÁSTOLE
Sístole y diástole, sí llamamos a los distintos movimientos de nuestro corazón. Aspirar y expirar, así llamamos a nuestra respiración. Aspiramos el aire a nuestros pulmones y luego lo expulsamos. En todo se da un doble movimiento. Pienso en esto en relación a algo bien simple. Pregunto, ¿qué es más fácil: perdonar o dejarse perdonar? ¿Amar o dejarse amar?
Es posible que muchos piensen que lo más difícil sea amar y con frecuencia yo percibo que nos cuesta más dejarnos amar, porque cuando amamos somos nosotros los que dominamos la escena, mientras dejarnos amar es como sentirnos dependientes de los otros. Es frecuente ver cómo rechazamos el cariño de los otros, pues como que nos sentimos atrapados en sus redes e incluso pensamos ¿qué me estará pidiendo?
Ahora, vayamos al perdón. Es difícil perdonar, pero yo observo qué difícil es para muchos el dejarse perdonar, el aceptar el perdón y aceptarse como perdonado. La prueba la tenemos en todos aquellos que se confiesan cincuenta veces lo mismo. Se confiesan hoy de lo que ya han confesado hace cuarenta años. Eso significa que no se dejaron perdonar o al menos no se sintieron perdonados. Lo cual significaría también que nosotros tenemos más fe en nuestro perdón que en el perdón de Dios.
Nuestro corazón tiene un doble movimiento: el que expulsa la sangre y el que recibe de nuevo la sangre. Es todo un movimiento de recirculación. ¿Qué pasaría si bombeamos sangre a las venas y luego no la recibimos de regreso a casa? Digamos, ¿qué pasa cuando amamos, pero luego no dejamos que el amor regrese a nosotros? ¿Qué pasa cuando decimos perdonar pero no dejamos que el perdón nos renueve a nosotros? ¿Te has fijado en esos que tienen que dializarse? Hay unas mangueritas que se llevan la sangre contaminada, pasan por unas maquinitas y regresa por otras manguerillas como nueva, purificada. Siempre existe ese doble movimiento. Dar y recibir. Ver y dejarse ver. Amar y dejarse amar. Perdonar y dejarse perdonar. ¿Que perdonar es un acto de generosidad? Claro que sí. ¿Y no es generosidad aceptar generosamente el perdón que nos viene de los demás? Al fin y al cabo, sólo sabe perdonar y amar quien se ha sentido perdonado y amado.
CASA POBRE, PERO FAMILIA RICA
Con frecuencia uno se encuentra con casitas muy sencillas, hasta se diría bien pobres; sin embargo, dentro cuánto calor y cuánto amor. Porque las paredes puede ser pobres y hasta estar descascarilladas y envejecidas, pero haber personas que se aman, que se quieren y que mutuamente tratan de hacerse felices.
San Pablo habla de que ?llevamos este tesoro en vasos de barro?. El barro es frágil y fácilmente se puede quebrar y romper. Pero el tesoro que llevamos dentro queda intacto. ¿No es esta nuestra realidad con Dios o, mejor aún, la realidad de Dios en nosotros? Leí hace ya muchos años la confesión de un sacerdote muy enfermo. Sus amigos le regalaron un cuadro con una pared medio derruida y ladrillos caídos ya en el suelo, pero dentro ardía un fuego en llamas que daba calor y vida. Él lo tenía en la cabecera de su cama porque, decía, era el mejor símbolo de él mismo. Mi cuerpo se está desmoronando, pero dentro mi espíritu tiene calor, tiene vida y me siento vivo y me siento vivir.
Es posible que cada uno de nosotros de la impresión de tener unas paredes ya en ruinas, pero mientras estemos habitados por Dios, habrá dentro de nosotros vida, habrá calor y habrá fuego. ¿De que valen unas paredes recién pintadas si dentro está todo vacío? Uno puede encontrarse en la vida con hombres y mujeres cuyos cuerpos se están encorvando de años, pero por dentro se los ve felices y viven y sueñan. Es que a Dios le importan poco las paredes. A Dios le importa la vida que llevamos dentro. A Dios le importa poco si estamos recién pintados por fuera, porque a Él lo que le importa es que vivamos con Él, le sintamos a Él dentro nuestro, le hagamos compañía y nos sintamos acompañados por Él.
Hay árboles con corteza muy áspera y dura, pero por dentro corre vigorosa la savia que los mantiene erguidos, vivos y fecundos. Es que nuestra grandeza no está en nuestra corteza sino en nuestro corazón. Nuestra riqueza no está en nuestra piel sino allá dentro en nuestra profundidad. No somos lo que ven nuestros ojos en el espejo, sino lo que ven los ojos del corazón allá dentro. Tenemos que cuidar la fachada, pero no olvidemos mantener vivo nuestro interior.
HAZ DE TU VIDA UNA FIESTA
No es lo mismo hacer fiesta en la vida que hacer de la vida una fiesta. ¿No crees que tu vida, la tuya en concreto, puede ser una fiesta diaria? Ciertamente tú eres cada día una fiesta para Dios. Dios se recrea mirándote. Es que en tu vida descubre semillas de la suya propia. Y viéndote a ti se está viendo a El mismo. Ya que eres fiesta para Dios, sé fiesta para ti mismo. Haz de tu vida una fiesta para los demás. Invítalos a todos a tu vida. Invítalos a tu fiesta. Hazles sentir la alegría que vives dentro de ti. Ellos aprenderán a hacer de la suya su propia fiesta. Vive la alegría de lo que res, aunque seas poca cosa. Hay flores muy chiquitas. Y tienen una gran belleza. Para hacer fiesta, te basta una sola cosa, saber que Dios te ama. Tú podrás dudar de tu amor para con Él, pero no tengas la menor duda de su amor por ti. ¿Qué no te lo mereces? Es que si lo merecieses te amaría menos. Dios cuando te ama te hace más digno de ser amado. ¿Qué te cuesta creer que Dios ame tan poca cosa? Ojala fueses menos aún. Los que se creen mucho no suelen sentir necesidad de Dios. En cambio, Dios tiene preferencia por los más pequeños. ¿Recuerdas a María? ?El poderoso ha hecho obras grandes en mí? que soy la esclava del Señor.? Tu pequeñez nunca es un estorbo para que Dios te ame. Más le estorbarían tus aires de grandeza. Ponle música diaria a tu vida. ¿La orquesta? La orquesta te la pone el mismo Dios. Por el bautismo y luego por la Confirmación te regaló al Espíritu Santo que es precisamente la orquesta musical de Dios. ¿Recuerdas lo que dice San Pablo de los frutos del Espíritu Santo: amor, paz, alegría, bondad y afabilidad? Toda una orquestación musical de la vida. ¿Qué tú no estás para fiestas, pues por dentro llevas un velorio entero? ¿Te olvidas de que Él puede resucitar al muerto que llevas escondido, y que lo que era muerte puede hacerse vida? Lázaro llevaba ya cuatro días en el sepulcro, ya olía mal, y Jesús le hizo salir afuera oliendo a vida, oliendo a resurrección. También hoy, si quieres, puedes dejar de oler mal y oler a vida nueva. Hacer fiesta de tu vida no implica necesariamente sacar mucho ruido. Eso está bien para los jóvenes. Para ti es preferible esa fiesta serena, tranquila, un poco en estilo de música de cámara. Esa es la fiesta del Espíritu. Es la fiesta que vivió Jesús cada día de su vida. Por fuera mucho ruido en torno suyo, pero por dentro el Padre era su música y su fiesta diaria. También hoy puede ser tu propia fiesta.
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