Por Pol Gustems el 26-Jun-2010 |
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No ha sido la mejor primera fase de la historia de los Mundiales. Vamos, ni la primera, ni la séptima. No ha habido aluvión de goles, nos hemos desesperado de sopor en más de un partido y han resonado con más fuerza los errores que no los aciertos. Por ejemplo, en Inglaterra recordarán con mucha más insistencia la mantequilla de Green que los centros templados de Milner. Y en Italia se copeará hablando de la cintura de Cannavaro, no del golazo de Quagliarella. Sin embargo, en un torneo de esta índole, siempre hay motivos sonreír, para tirarse de los pelos con la emoción y volverse majareta con un pequeño detalle. Bien descubriendo talentos que ignorábamos o confirmando lo que algunos venían insinuando. En esta primera fase, destacan por encima los demás tres jugadores: Mesut Ozil, Keisuke Honda y Fabio Coentrao. Curiosamente, todos zurdos. Algunos me diréis que es erróneo calificar sus actuaciones como revelación, que su calidad ya estaba contrastada, que visteis a Honda en el VVV-Venlo y ya sabíais que llevaría a Japón a octavos de final de un Mundial. Incluso para ellos, el razonamiento de por qué considero que los tres casos son magnificantes.
Mesut Ozil. Hablábamos de él hace unos días. Irregular en el Werder Bremen, sin una continuidad en el liderazgo heredado de Diego Ribas, que por cierto, también presumía de discontinuo. Joachim Löw le ha dado la manija del cambio generacional y él la ha tomado encantado. Oasis de espectáculo en el primer partido de Alemania, después de un inicio de Mundial algo apagado. Bajó rendimiento frente a Serbia, aunque ofreció algún detallito del que sólo él, en el combinado germano, es capaz. Para volver a salir en portada contra Ghana, con uno de los tantos más bellos del torneo. Puede que de aquí en adelante tenga actuaciones menos brillantes con Alemania, incluso puede decir adiós en el cruce contra Inglaterra. Pero me baso en revelarlo en que, después de lo visto, de quién más esperamos, a quién queremos ver jugar, es a él. Que lo que hemos visto hasta ahora es suficiente como para considerarle un jugador de primer nivel. Cuando antes de empezar, aún no había saltado de forma definitiva.
Fabio Coentrao. El primer recuerdo, muy parabólico, del jugador de Vila do Conde, lo tengo del Mundial sub 20 de Canadá 2007. Fabio aún era extremo, y viendo su facilidad de desborde, caía, como todo atacante portugués que se aproxime a la línea de cal, a las comparaciones con Figo, Simao, Quaresma o Cristiano. Es el destino del joven extremo luso, ser comparado. Era jugador de Rio Ave, hasta que le fichó el Benfica y le perdimos la pista. Prácticamente inédito, volvió a sonar cuando fue cedido al Zaragoza, pero no se apostó por él en la entidad maña. Hasta esta temporada, cuando Jorge Jesus le ha rescatado para ocupar el lateral zurdo. Dudábamos de su reciclaje, de si un descarado extremo ofensivo podía desempeñar la función del carrilero, midiendo sus subidas, controlando su espalda. Incluso después del título del Benfica en la presente temporada, que le abrió las puertas de la selección, el debate seguía abierto. Hasta que ha dicho basta a la crítica de inexperto. Valía hasta este momento el argumento de: en la liga portuguesa no ha tenido un extremo de nivel que le pusiera en extremas dificultades, veremos qué pasa cuando le toque uno. Obviamente, como todo lateral, si le toca cubrir a Messi, sufrirá. Hizo dos primeros partidos de Mundial buenos, muy buenos. Pero hoy, ante Maicon, ante Daniel Alves, dos de los jugadores que más aprovechan la banda, se ha salido. Le habrá superado alguna vez Maicon, como a cualquiera, pero ha estado brillante, excelso. Tanto defensiva como ofensivamente, con un criterio de selección de pase perfecto, entendiendo dónde debía darla, ofreciéndose como alternativa a cada una de sus subidas. Nivel Top, en plena crisis de laterales izquierdos.
Keisuke Honda. La pegaba igual de fuerte en Holanda, pero no se ha salido de la norma hasta Sudáfrica. Después de unos meses extraños en Moscú, dónde a pesar de contar con la total confianza de su técnico, Leonid Slutsky, no hacía excelencias a menudo, Honda se ha soltado con su selección. En parte, gracias a Takeshi Okada, su seleccionador, que le ha liberado de tareas defensivas situándole sólo en punta. Desahogado de responsabilidades atrás, delantero centro por su capacidad goleadora. Será muy interesante ver, a su vuelta a Moscú, si también le ubican en esa posición, cuando venía jugando en uno de los interiores. En este Mundial, anotó ante Camerún un gol de los que se empujan, destacó contra Holanda y se desató completamente en el último choque contra Dinamarca. Ya no sólo por el tiro libre, que es medio golpeo de Keisuke y media cantada de Sorensen, sino por su incidencia en el juego. Eligió bien casi siempre, siendo decisivo en ataque, formando parte de la conjunción de buen toque que ha ofrecido Japón. Y se dejó lo mejor para el final. Una espuela fuera de la carta, de las que dejan una herida irreparable en la cadera del defensor, de las que relucen aún más si, superado el adversario, regalas el gol a un compañero.
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