Por Dadan Narval el 11-Nov-2007 | Algunos aficionados de la Liga española nos sorprendemos cuando leemos los datos del escaso número de entrenadores que determinados equipos de la Premier League han tenido en su historia. En el banquillo del West Ham, por ejemplo, fundado en 1895, sólo se han sentado en más de un siglo doce personas. El caso del equipo londinense no es una anécdota. La mayoría de los equipos tienen números parecidos. Si atendemos a la historia de los tres grandes, veremos que el Liverpool ha tenido diecinueve entrenadores desde su fundación (Bill Shankly lo dirigió durante quince años), el Arsenal veinticuatro y el Manchester United diecinueve.
Esto es algo impensable en nuestra liga. Si analizamos los números de nuestros equipos, veremos que el número de entrenadores que han tenido en su historia es mucho mayor. El Real Madrid, por ejemplo, ha tenido nada menos que cuarenta entrenadores a lo largo de su historia, nueve menos que el Barcelona. ¿El Atlético de Madrid? Un superordenador de la NASA está calculando el dato, pero nos cuentan que se queda colgado cuando llega a la época de Jesús Gil.
Más allá de chistes malos, el dato ilustra una profunda diferencia en cuanto a cómo se concibe en uno y otro país la figura del entrenador. Pero, ¿cuál es la causa de lo poco que nos duran a nosotros los managers? Muchos contestarán que la principal razón de la eventualidad del puesto de entrenador en nuestro país es el gatillo fácil de las pistolas de los dirigentes. Dos o tres resultados adversos y a la calle. Sin embargo, a la vista del caso Rijkaard, creo que deberíamos pensar también en otra razón: la presión del entorno.
Ayer el FC Barcelona realizó en Getafe el que probablemente ha sido su peor partido en los últimos cuatro años. Los getafenses parecían más en el terreno de juego y les bastó con un ejemplar ejercicio de presión en el centro del campo para que los ayer naranjas se diluyeran como un terrón de azúcar en un mar de camisetas azules. El resultado, un 2-0 incontestable.
Hoy la prensa blanca hace sangre de la derrota blaugrana. No sé si es normal, pero es habitual. Si hubiera ganado, por supuesto que hoy la victoria ocuparía un lugar marginal en las portadas de AS y Marca, acompañando a un titular enorme del estilo de ?Sneijder es tu momento? o ?El Bernabéu, a seguir inexpugnable?. La prensa blaugrana, sin embargo, no puede marginar su noticia del día. Les duele tanto tener que dar prioridad informativa a una derrota de su equipo que lo demuestran con exclamaciones a todas luces exageradas. ?Basta ya? titula el Sport su edición de hoy. ?Impresentables? dice El 9. ?Frank, no va? reza El Mundo Deportivo, con un titular que no sabemos muy bien si es una descripción del entrenador o una exhortación al mismo para que cambie.
Si atendemos a los columnistas habituales del entorno blaugrana, esos que sacan tanto pecho en cada victoria que alguno desde Madrid incluso los ve ?ahí arriba?, parece que han entendido el día de hoy como el adecuado para intentar salvar deudas pendientes. Toni Frieros, al que le debió de sentar muy mal que los jugadores del Barça hablaran en los partidos previos donde tienen que hablar, sobre el campo y concluyeran sus ?frases con el balón? con gestos dedicados a los periodistas especialistas en censurarles, titula su columna de hoy ?¿Y ahora a quién vais a mandar callar, chicos??. Con un lenguaje especializado ?es subrayable ese despreciativo “chicos” del titular, pero también un ?joder? digno del mejor poeta, que deja caer a mitad de texto-, califica a los jugadores del Barcelona, esos que su periódico definió a principio de temporada como superhéroes, como ?chicos millonarios vestidos de azulgrana? para concluir, como es habitual en él, con una amenaza que no se preocupa ni en velar: ?A ver si espabiláis todos porque más de uno acabará saliendo en globo?.
Joan Mª Batlle no deja lugar a dudas: Rijkaard no se entera. En una de esas columnas tan habituales en la prensa deportiva nacional, y tan faltas de estilo periodístico, en la que se obvia al lector y se habla directamente hacia el protagonista de la noticia, en este caso Rijkaard, Batlle aboga por un cambio de entrenador. Eso es, como se suele decir, ser juicioso. Con el equipo segundo en liga a un punto del líder ?quizá cuatro esta tarde, pero en estos momentos a uno- y primer clasificado en su grupo de la Champions, está claro que lo mejor es cesar al entrenador.
Santi Nolla, director de El Mundo Deportivo, rema en la misma dirección. ?Rijkaard incapaz de darle la vuelta? es el título de su columna, en la que deja claro que cambiar al mister blaugrana es una opción posiblemente positiva.
En fin. Estamos en noviembre. Dos derrotas en dieciséis partidos ?contando Liga y Champions-, en el contexto de un equipo plagado de lesiones, algunas de ellas clave, como las de Deco o Eto´o y el entorno blaugrana ya quiere crucificar al entrenador que en dos años llevó a su equipo de la ignominia deportiva de la era Gaspart a conseguir su segunda Copa de Europa de su historia. Después, observamos la historia de los equipos de la Premier y se nos llena la boca de palabras grandilocuentes. Contemplamos casos como los de Ferguson en el Manchester United o Guy Roux en el Auxerre y hablamos de lo maravilloso que sería un caso así en un grande de nuestra liga. Poco probable será, pues poco, muy poco tiempo habría durado Ferguson si, como el pobre de Rijkaard ?y anteriormente Robson o el primer Van Gaal, crucificados en el éxito-, su trabajo hubiera sido juzgado por los Frieros, Batlle y compañía.
Leído 30 veces

|