Por Dadan Narval el 22-Sep-2007 | El FC Barcelona terminó la temporada 2002/03 en la sexta posición, a nada menos que veintidós puntos del Real Madrid, clasificándose para la Copa de la UEFA casi in extremis. Aquella temporada se tocó fondo la noche del 14 de diciembre de 2002, cuando el Sevilla endosó al Barcelona un humillante 0-3 en el Nou Camp, que terminó con las casi noventa mil personas que acudieron al campo exigiendo la dimisión, no sólo de Van Gaal, entrenador entonces del equipo, sino del presidente Joan Gaspar. Fue una imagen para la posteridad. Gaspar miraba al suelo, sin saber cómo reaccionar, qué hacer, entre el sonido de fondo de noventa mil gargantas que lo recriminaban.
Yo estuve aquella noche allí. La sensación que dominaba al aficionado era la de que el equipo había entrado en una delicadísima dinámica que hacía peligrar todo aquello que históricamente el Barcelona significaba. El pesimismo, no sólo por el presente, sino por el futuro, se había instalado en can Barça. Parecía que habíamos entrado en un negro túnel del que nos costaría años salir.
Al término de la temporada, hubo cambio de directiva. Joan Laporta se erigió como presidente del club y desde el principio subrayó su objetivo de volver a hacer al Barça un equipo grande, algo que en esos momento no era. Sin embargo, se encontró con una inesperada situación. El Barcelona había perdido en poco tiempo su posición en el fútbol europeo. Ningún entrenador de prestigio quería dirigir a un equipo que, además, estaba falto de una gran referencia en el terreno de juego.
Tras tantear a numerosos entrenadores que dieron un rotundo ?no? por respuesta, se eligió a Frank Rijkaard, quien había sido un enorme jugador pero que, como entrenador, no tenía aún caché. Unas semifinales con Holanda en el europeo que se celebró en el mismo país y un descenso con el modestísimo Sparta de Rótterdam eran las dos únicas líneas de su currículum como entrenador. Pero no se podía aspirar a más.
Para ser la estrella sobre la que debería girar la filosofía del juego blaugrana, se eligió a David Beckham. Laporta prometió su fichaje en elecciones, pero el inglés optó por aceptar la más apetitosa proposición del Real Madrid, que vivía un momento de ensueño. Por ello, se optó por un plan B de urgencia, y se terminó fichando a Ronaldinho, un jugador brasileño que llegó a Barcelona casi rebotado del Paris Saint Germain, equipo en el que, aún dando muestras de su calidad, vivía una situación tensa con el manager y el público. La del brasileño no era, ni mucho menos, una apuesta segura.
La temporada 2003/04 el Barça comenzó mal. Las cosas no funcionaban y pronto se comenzó a dudar de la valía del proyecto de Laporta. Se cuestionó a Rijkaard desde los primeros compases de una liga que pronto se vio que era un objetivo demasiado ambicioso para aquel Barça. En esa tesitura, emergió la figura de Ronaldinho. Sus jugadas y regates imposibles, sus disparos de fuera del área, su sempiterna intención de hacer algo más de lo meramente posible sobre el terreno de juego fue el paradigma sobre el que comenzó a girar todo el juego del equipo. Aquella temporada se terminó en una segunda posición que, en cualquier otro momento, habría sido considerada un fracaso. Pero entonces no. La promesa del juego del Barcelona, con Ronaldinho como protagonista, era considerada suficiente, teniendo en cuenta los sufrimientos de los últimos años.
En la 2004/05 se consiguió, por fin, volver a llevar el título de liga al Nou Camp. Al año siguiente, como es sabido, no sólo fue la liga, sino también la Copa de Europa ?que el Barcelona solo había conseguido en una ocasión anterior- lo que se logró. Esta temporada, además, el Barcelona ganó algo más. El Bernabéu entero aplaudió a los culés, con ocasión de un 0-3 que endosó al histórico rival el 19 de septiembre de 2006, con un Ronaldinho estelar.
Entre el 0-3 en contra con el Sevilla y el 0-3 a favor frente al Real Madrid habían cambiado muchas cosas. Pero todas los cambios fueron en torno a una pieza angular: Ronaldinho. Por ello, aquella noche la figura del gaucho creció hasta tomar unas dimensiones enormes. El público hacía gestos forzados para intentar describir unos regates para los que las palabras parecían insuficientes. El brasileño sonreía y los niños se negaban a ir al ortodoncista. Todos querían ser como él. Era la estrella más reluciente del panorama mundial del fútbol y, para la alegría de los culés, jugaba en el Barcelona.
Algo ha sucedido, sin embargo, en la última temporada para que ahora, a comienzos de
la 2007/08 Ronaldinho esté perdiendo gradualmente la vitola de dios del fútbol, para ser señalado con dedos acusadores. Algo que yo, por más que lo intento, no termino de entender.
El Barcelona del año pasado no funcionó como se esperaba de él. Es cierto. La temporada terminó en blanco. Pero no podemos responsabilizar al brasileño de ello. Durante las lesiones de larga duración de Eto`o y Messi si hubo un jugador que se echó literalmente el equipo a la espalda, ese fue Ronaldinho. Los números hablan en ese sentido. El gaucho termino el curso con 21 dianas en su haber, en 32 partidos. Las mejores cifras, por cierto, desde que juega en el Nou Camp. Sin embargo, se habló más de sus supuestos ?michelines? que de sus gambetas.
Esta temporada comienza igual. Hoy, día en el que el Barcelona recibe en su feudo a uno de sus máximos rivales por el título, el Sevilla, y en la que además se presentará en sociedad el proyecto de remodelación que el arquitecto inglés Sir Norman Foster plantea para el Nou Camp ?dos noticias para llenar diez diarios-, el Sport abre la portada con la palabra ?Crisis? y una foto del brasileño. El otro gran diario de órbita culé, El Mundo Deportivo, se muestra más matizado, pero apunta en la misma dirección: ?Ronaldinho, herido?.
¿Qué ha pasado? ¿Qué nos hemos perdido?
Yo tengo dos explicaciones posibles, que tienen más que ver con la naturaleza del entorno culé que con lo meramente deportivo. Porque no creo que sea algo que se limite a lo deportivo. Es cierto que el Barça no está jugando a su nivel, pero no creo que los empates en Santander y Pamplona sean responsabilidad única del brasileño.
La primera de las explicaciones al cambio en torno a la actitud para con Ronaldinho es la emergencia de Messi ?y ahora Bojan y Giovani-. En el entorno culé nunca se ha llevado bien la bicefalia de estrellas en el campo y desde que el argentino comenzó a brillar, comenzaron a aparecer las (odiosas) comparaciones sobre cuál de los dos era el mejor jugador, cuál debía de ser el líder del equipo, cuál aportaba más y cuál menos. Esto es algo que no solo le ha sucedido a Ronaldinho. Eto`o, por ejemplo, ha sido sistemáticamente comparado tanto con el brasileño como con otro temporal compañero de vestuario, Larsson. En lugar de comprender que un equipo lo conforman once jugadores y que es tan poco sensato comparar a los delanteros como a Valdés con Yaya Touré, el llamado ?entorno? sigue en las suyas. Da muestras de cariño a uno, sólo en la medida en que se las quita a otro. Parece que la cantidad de aplausos es limitada y que hay que administrarla. Los puntuales silbidos que Ronaldinho recibió en el pasado encuentro de la Champions frente al Lyon hablan en este sentido. Como ejemplo de esto, también podemos citar lo que hoy escribe Emilio Pérez de Rozas en el Sport de hoy, una muestra de que la emergencia de Messi es para algunos algo recriminable para Ronaldinho ?el Camp Nou empieza a enamorarse ya más de los que están por llegar, por emerger, por Bojan más que por Giovani, por ese prodigioso Messi, que se ha convertido ya, de puntillas, en la mejor realidad del mundo, que en ese Ronaldinho desdibujado, que lleva meses, más de un año, de regreso no se sabe si al Barça o al Milan o al Chelsea?
La segunda teoría que manejo es referente a la naturaleza de la prensa deportiva. Hace menos de un año Toni Fieros afirmaba que ?los medios de comunicación deportivos de Barcelona colaboramos estrechamente con el Barça, club con el que mantenemos una excelente relación, que no servicial, y que incluso cuando caen en nuestras manos temas que afectan a la vida privada de los jugadores (si quiere le doy ejemplos en privado) lo omitimos para no enturbiar el sano ambiente que ahora se respira?. Sin embargo, eso hoy ha cambiado y se ataca sin ambages a todo un símbolo como Ronaldinho. Algo que sólo encuentra explicación fuera de lo deportivo. Alguna calabaza ?un mal gesto, negarse a posar para una promoción del diario, como ese “Milito ya lo tiene” que adorna la portada, quién sabe- ha debido de hacer el gaucho al Sport para que ahora saquen a la luz lo que anteriormente escondían conscientemente.
Porque el ataque al astro brasileño desde Sport es total. Las declaraciones de su director Josep María Casanovas en Catalunya Radio (?Ronaldinho se quedaba durmiendo en el gimnasio porque llegaba a las seis de la madrugada a casa pero nosotros no tenemos pruebas gráficas y por eso no podemos publicarlo? ?por cierto, si no pueden publicarlo, ¿pueden afirmarlo en palabras?, ¿hay alguna diferencia entre la noticia hablada y la escrita?-) son sólo el prólogo a la edición de hoy del diario. En su columna de opinión, el mismo Casanovas pasa la debida factura al aplauso que en su día dio al brasileño ?algo habitual en el Sport- y concluye que ?si Ronaldinho quiere, puede volver a ser el crack que nos dejaba a todos con la boca abierta, pero insistimos que esto significa que tiene que poner mucho por su parte y alejarse de las fiestas diarias que cuentan sus vecinos de Castelldefels?. El resto del diario, como siempre, parece estar redactado para apoyar las tesis de su director. ?La situación de Ronaldinho se hace cada día más insostenible?, ?Ronaldinho no reacciona?, ?El futuro de Ronaldinho está en peligro?, ?Ronaldinho se ha convertido en la máxima expresión del futbolista que no ha sabido asumir las consecuencias de la fama y la exigencia profesional que se deriva de ser la estrella de una entidad como el Barça?, “va camino de convertirse en carne de “Salsa Rosa”", son algunas de las perlas con las que Mascaró ?otro grande de la información- adorna hoy la supuesta noticia. Incluso, como prueba irrefutable de que lo dicho se ajusta a la realidad, Mascaró cita una llamada por teléfono de un aficionado ?que prefiere permanecer en el anonimato, en la que repudiaba ?entre lágrimas de sentimiento culé? el comportamiento que estaba teniendo Ronaldinho?.
Eso es lo que se llama una ?prueba empírica?, irrefutable: las lágrimas de sentimiento culé de… ¡un aficionado anónimo!.
El futuro de Ronaldinho en lo referente al Barcelona se bifurca. El Sport lo señala con dedo acusador y esto es algo que solo permite dos caminos posibles. Puede ser que el astro comience a demostrar el juego que tiene en sus botas, quién sabe si esta misma noche. Entonces se le aplaudirá sin medias tintas y el Sport y compañía reclamarán reconocimiento a su responsabilidad en ese renacer del futbolista. ?Le dimos el toque de atención que necesitaba?, dirán. La otra posibilidad es que no lo haga. Que la temporada sea un fracaso en lo personal y que el Barcelona lo traspase a otro equipo al final de la misma. Entonces, se abrirá el abismo, y los culés atenderemos a la enésima edición del descuartizamiento sin piedad por parte de la prensa deportiva blaugrana de alguien a quien aplaudimos. Nos pasó con Schuster, con Figo, con Ronaldo, con Kluivert? es algo habitual, aunque algunos nos neguemos a considerarlo normal.
Por el momento yo, hoy más que nunca, me declaro seguidor de Ronaldinho. Sin matices. Creo que no hay un sólo jugador de la historia reciente que haya hecho más por el Barcelona, que más haya aportado colectivamente al engrandecimiento del equipo y del club. Aún cuando nunca recupere su nivel, aún cuando el rendimiento sea bajo -ya sea por problemas personales o deportivos-, seguirá teniendo mi aplauso incondicional. Es muy fácil acercarse a alguien cuando está en la cima de la montaña. Lo difícil es acompañarle en el descenso.
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