Por Ramón Flores el 05-Nov-2007 | Aparecen de vez en cuando futbolistas jóvenes a cuyo alrededor se empieza a escuchar un runrún que lleva cada vez más miradas a posarse sobre ellos. En algunos casos, los más, el ruido se acaba extinguiendo y el jugador en cuestión acaba en los subterráneos del balompié o en el melancólico territorio de las eternas promesas; en otros, los menos, llega un momento inolvidable en que, repentinamente, el rumor se torna estampido, a la vez que el chaval abre de una patada las puertas de la fama y cruza el umbral para convertirse en realidad.
Quien ha seguido durante un tiempo la carrera de Giuseppe Rossi (Teaneck, 1987) llevaba ya mucho tiempo esperando la explosión, que se ha demorado lo que un equipo más o menos puntero ha tardado en darle partidos en la élite. Hijo de inmigrantes italianos y criado en la imprevisible cantera del soccer, Rossi se ha pasado la adolescencia y el comienzo de su juventud buscando el entrenador que confiara en el fútbol que contenía su pequeño cuerpo de 1,73. Parece que su hombre es Pellegrini, y en el cheque al portador que es el Villarreal actual para los jugadores de talento, el chaval presenta una tarjeta de siete goles en nueve partidos de Liga, y la candidatura más firme a ser el jugador revelación del campeonato.
En realidad, no es el técnico chileno el único que ha confiado en él; el primero fue su padre, profesor de Instituto y entrenador aficionado, que le enseñó los rudimentos del juego y no dudó en acompañarlo a Parma, siendo aún un niño, convencido de que su hijo era una mina y que la única manera de progresar era una formación seria en Europa. Por aquel entonces, el conjunto de la Romaña aún no había sufrido las convulsiones económicas que lo sacudieron a principios de siglo y mantenía aún cierta posición en el Calcio. Allí creció el joven Rossi -pronto rebautizado como America para sus compañeros- y a pesar de que su adaptación a la vida europea no fue fácil, sus actuaciones en los equipos Primavera acabaron llamando la atención de Alex Ferguson, que se lo llevó a Manchester con diecisiete añitos.
Sin embargo, el viejo Fergie no le dio demasiada cancha a Rossi en el año que pasó en Old Trafford, y a pesar de debutar en un partido frente al Crystal Palace ?que, según confesión propia, jamás olvidará- se pasó casi toda la temporada en el filial; firmando, eso sí, una escandalosa cifra de 26 goles en otras tantas apariciones. Consciente del potencial de su pupilo, a quien en cierta ocasión llamó ?el futuro del club?, pero aún reacio a darle un puesto en la primera plantilla, sir Alex decidió que lo mejor para su progresión eran las cesiones. La primera, al Newcastle, no resultó; pero en la segunda, en su querido Parma y con Claudio Ranieri en el banquillo, puso a funcionar su prodigiosa pierna izquierda y su velocidad supersónica para firmar un semestre de escándalo y conjurar un descenso que a su llegada parecía inevitable. Quizá su hazaña no llamó tanto la atención por tratarse de un conjunto venido a menos, pero el canterano que había regresado casi de incógnito salió del Ennio Tardini como un Mesías.
Parecía que había llegado la hora de Joe Red?como es conocido en Inglaterra- en Old Trafford, máxime cuando la plantilla de los red devils sólo posee tres delanteros puros y es extraño pensar, a día de hoy, que alguien pueda preferir a Saha. Sin embargo, la cuestión es que cuando Fernando Roig, que andaba buscando a alguien que le cubriera la baja de Diego Forlán ?palabras mayores- llamó a la puerta de Glazer, ésta se abrió de par en par. Y todo apunta a que este fichaje, que de nuevo pasó sin pena ni gloria en verano, se convierta con el tiempo en otro de los hitos inevitables en la construcción del gran Villarreal.
Él dice que no tiene remate de cabeza ni pierna derecha; pero si no ocurre nada extraño, sus precisos remates con la zurda ?pocos buscan los rincones como él-, su arrancada eléctrica, su capacidad para asociarse y, sobre todo, su permanente historia de amor con el gol le convertirán, más pronto que tarde, en un clásico moderno de nuestro campeonato. En Italia se le considera ya el heredero de Signori. Y hay una camiseta azzurra ?eligió sus raíces antes que su lugar de nacimiento- que está tardando en llegarle. No hay prisa, pues una vez que se la ponga será difícil que se la quiten. Al tiempo.
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