El próximo lunes será 23 de febrero, y por tanto, aniversario de aquel incidente famoso del Teniente Coronel Tejero en el Congreso de los Diputados. Algunos, precisamente aquellos que permanecieron temblando bajo sus escaños aquel día y sino sus sucesores, se han obstinado en que aquel hecho de nuestra historia más reciente, se recuerde este año, con más ahínco, y aunque yo saco mis propias conclusiones, ellos sabrán exactamente el por qué de ese empeño. . Independientemente de juzgar la oportunidad y la legitimidad que aquel suceso, sería importante tener presente que este llegó como consecuencia del desasosiego militar producido por un creciente malestar social y por una crisis política, sin precedente hasta entonces, que desembocó en la dimisión del Presidente del Gobierno y la desmembración posterior de la UCD. Ni que decir tiene que aunque aquellos hechos eran ya graves entonces, en nada tienen que compararse con la enorme crisis que tenemos ahora encima, pero las circunstancias eran otras. . De aquellos hechos, como los sucedidos años más tarde en los atentados de Atocha, aún quedan muchas incógnitas, convenientemente mantenidas, y por tanto es difícil aún, que se llegue a saber toda la verdad de lo que pasó. Lo que si parece cierto, aunque algunos traten de desvirtuar la historia disfrazando esta acción militar de chapuza, de hecho aislado con una pésima estrategia militar; es que aquel levantamiento generado por militares, muchos de carrera, casi todos de experiencia probada y la totalidad de intachable sentimiento monárquico albergaban la esperanza de tres salidas distintas a aquella situación crítica nacional, y lo que es más importante, todas ellas favorables a la Corona. . La primera, hubiera sido probablemente, la instauración posterior de un Gobierno de corte parecido al del antiguo dictador Primo de Rivera; la segunda, la imposición de un gobierno de salvación a la crisis, en el que estuvieran representados todos los partidos y la tercera, mostrar el fracaso del sistema presentando al rey como salvador de la democracia. . En el primero de los casos, la alternativa parecía de entrada, condenada al fracaso porque la democracia que estaba ya en pleno auge socialmente hablando, hubiera impedido en sí, la vuelta a un pasado que tampoco fue en su momento solución ejemplar para España. . Sin embargo, las otras dos vías, intimamente unidas, parecían la opción más viable. La solución pasaba por la creación de un gabinete de concentración de partidos, para salvar la situación, bajo la jefatura inequívoca del Rey. El problema, seguramente se desató por discrepancias entre los mandos. Mientras que Armada, aspiraba a obtener de las Cortes, allí reunidas en pleno, la aprobación de esta iniciativa; Tejero le impediría el paso al hemiciclo al conocer el contenido de aquella lista de Gobierno; en la que probablemente se había ?colado?, incluso algún comunista. Así pues, ante esta dicotomía el resultado fue el fracaso y tan solo quedaba negociar la retirada más digna, como así se hizo. . Lo que vino luego, ya se sabe, Calvo Sotelo ocupó la Presidencia por unanimidad y posteriormente, (porque seguramente ya estaba pactado), convocó elecciones anticipadas, las perdió, y el felipismo tomó posesión de la poltrona, con sus posteriores Filesas, Roldanes, Marianos Rubios y Gal. El verdadero golpe de estado, se había consumado. . A años vista de aquello, se pretende avivar aquella memoria con tertulias, películas, artículos y libros; pero ninguno todavía desvela completamente, todos los recovecos de aquella fallida acción militar. No conviene, porque muchos de los implicados, ocupan hoy altos sillones. Pero lo más grave de todo esto, es que aún a día de hoy y sin conocer del todo, las intenciones de los participantes, se siga echando mierda encima, de muchos de los que participaron en aquel hecho. Muchos de ellos, ya están juzgados y han pagado sus deudas, otros ya han muerto, mi pregunta entonces es esta: ¿Por qué algunos asesinos (De Juana Chaos, pongo por caso), según algunos, merecen respeto, presunción de inocencia y posibilidad de rehabilitación social, y estos militares, que cumplieron con su conciencia y no derramaron una sola gota de sangre, hoy se le sigue despreciando, ofendiendo y difamando? ¿Cuántos años más han de pasar para que se pongan las cosas en su justo sitio?; la respuesta no está en el viento, sino en mirar las cosas de otro modo, desde la óptica de la ecuanimidad, de la justicia y de la verdad. . Probablemente, aquellos hombres atentaron contra el sistema democrático; pero no menos que los que están ahora en el poder, rompiendo la división de poderes y arriesgando la unidad de la Nación; la diferencia sustancial entre unos y otros está en que mientras aquellos asumieron su culpa y pagaron por ello; estos todavía hacen mangas y capirotes con lo que consiguieron tras el otro golpe de estado del 11 de marzo. . Para ampliar el post, sería recomendable leer la esclaredora carta, que en defensa justa de su padre, el hijo del Teniente Coronel Antonio Tejero Molina, el sacerdote Ramón Tejero Diéz, publicada el otro día por mi hermana MILITOS, os invito a pulsar en este ENLACE.
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Para un título como el de hoy, nada mejor que una canción como esta: