Por pocote el 30-Dec-2008 | El año termina y los mafiosos y mercaderes de la palabra no dejaron en paz a los salvadoreños. Lejos de cesar en sus manipulaciones, en sus calumnias y en su propaganda sucia, arreciaron sus ataques alevosos no sólo contra los candidatos presidenciales del FMLN, sino contra la inteligencia del pueblo que cada día más se fortalece en su decisión de encontrar nuevos derroteros y un destino mejor para la nación en general y su grupo familiar en particular. El diario de hoy y otros medios de publicidad claramente definidos como órganos oficiales de propaganda de Arena y el gobierno, enfilan sus ataques contra lo que ellos denominan ?el partido comunista?, es decir millones de salvadoreños que tranquilamente esperan un cambio de rumbo en la manera de conducir la administración pública y todo lo relacionado con las políticas nacionales e internacionales del país. Esas calumnias, la propaganda gris y negra y la campaña sucia se incrementaron cuando los distintas encuestas revelaron un hecho ya conocido por todos: la decisión inquebrantable de sacar a Arena del gobierno y probar con un partido de izquierda democrática que a lo largo de los años se ha comprometido con una ?utopía de los sueños?, es decir hacer posible las esperanzas y las ilusiones de los salvadoreños. El mismo presidente Saca, quien nunca se ha quitado la chaqueta de activista, impulsa la campaña sucia, con sus mentiras y demagogia, como cuando sin pudor afirma que ?una columna de hombres armados en Suchitoto querían derribar el helicóptero?. Decimos ?utopía de los sueños? porque hay demasiadas cosas por hacer, muchos problemas por resolver, tareas pendientes para satisfacer necesidades crecientes y devolver la esperanza de millones de personas tantas veces temerosas y fácilmente presas del miedo y de las campañas perversas de esos mercaderes de la palabra, que en su momento fueron capaces de organizar y financiar Escuadrones de la Muerte para terminar físicamente con las aspiraciones del cambio y que ahora utilizan los mismos recursos por otros medios para tratar de contener el ansia de verdadera libertad de los salvadoreños. Es perversa esa campaña porque se basa en la mentira, en el engaño, en la demagogia; atenta contra la dignidad de los salvadoreños porque se intenta desfigurar los hechos, cambiar la realidad y presentar espejismos como una verdad. Los símbolos utilizados son los mismos que en el pasado reciente usaron los fascistas y las fuerzas más retardatarias contra el espíritu indomable de grandes patriotas. La historia se repite pero ahora ?es una comedia?, son muchos los que todavía tienen temor; pero son miles los que abrazan la esperanza del cambio. ?La gran prensa? puede reforzar, y lo seguirá haciendo, la campaña sucia y la propaganda negra; pero difícilmente logrará apaciguar esas ansias de libertad y auténtica democracia que tiene este pueblo. Con sus noticias manipuladas, con sus reportajes tendenciosos, con sus editoriales y comentarios fuera de toda lógica y ausentes veracidad, podrán causar miedo y producir dudas por un momento; pero todo eso se termina cuando el ciudadano se enfrenta diariamente a esa realidad, a la falta de trabajo, a la inseguridad, el alto costo de la vida, a la miseria de miles de compatriotas. La campaña sucia puede hablar de armas, de preparación de ?niños para la guerra?, de arsenales, de la intervención de Fidel Castro, de Hugo Chávez, de Ortega, de Correas, de Evo Morales, de cualquier personaje o estadista del mundo que se les ocurra; pero la realidad es distinta: en este país no gobernará ninguno de ellos: somos soberanos e independientes y suficiente hemos tenido con la grosera intervención de la oligarquía y de su aparato de represión y dominación, es decir la fuerza armada. Ya nadie en El Salvador comulga con ruedas de carreta ni amarra perros con longanizas. Una, dos, tres veces se puede engañar al pueblo, pero eso termina y cuando eso ocurre no hay poder alguno en el mundo capaz de contener el avance del progreso y la democracia. En los meses que restan para la fecha de las elecciones presidenciales, exactamente el 15 de marzo (antes el 18 de enero tenemos las de diputados y concejos municipales), la campaña sucia arreciará, nos encontraremos con ?nuevas revelaciones?, con ?sensacionales noticias?, todas dirigidas a involucrar al partido de izquierda y a su fórmula presidencial en ?actos delictivos? y ?hechos terroristas?; pero más allá de los miedos particulares señalados, será muy difícil cambiar la marcha y el destino de la estrella roja en el firmamento. Los gobiernos consecutivos de Arena no pudieron por su misma esencia de clase, realizar las reformas necesarias para lograr equidad en la sociedad salvadoreña, por el contrario se multiplicó la miseria y se concentró la riqueza en las mismas manos privilegiadas; de forma perversa no se generaron empleos para obligar a los salvadoreños a emigrar hacia los Estados Unidos y enviar remesas para mantener a flote la economía nacional; aumentaron los asesinatos diarios y el sistema de salud y el deterioro ambiental prácticamente han colapsado. Esas campañas sucias podrán asustar momentáneamente, causar más de algún temor; pero JAMAS podrán desvirtuar la dura realidad que viven diariamente los salvadoreños. Es perversa la propaganda no sólo porque apela al temor y al engaño, sino porque se quiere convencer al pueblo que sólo la oligarquía y sus instrumentos de dominación son los únicos capaces de generar empleos, estabilidad, paz, libertad y democracia, cuando con simples datos hemos probado hasta la saciedad que aquí los únicos que se lucran de tales libertades y de esa democracia, son los burgueses y sus lacayos. Se termina un año más; pero vientos de cambio se avizoran en el horizonte. Los millones de dólares continuará llenando los bolsillos de ?la gran prensa?, los plumíferos y mercenarios venezolanos y mexicanos; como lo hemos dicho la inmundicia, la suciedad, seguirá cayendo como temporal, como granizo; pero ya el pueblo salvadoreño está vacunado y más temprano que tarde recibirá el premio a esa ?utopía de los sueños?, a la paciencia y a la tolerancia. Bienvenido sea el cambio y la esperanza.
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