. A menudo me pongo a pensar que, nosotros, los cristianos de este siglo, nos identificamos demasiado con aquellos primeros discípulos que no habían recibido todavía, la gloriosa luz del Espíritu que vamos a celebrar el próximo domingo. Todavía estamos dubitativos, temerosos, vacilantes, como si aún, no creyésemos en las promesas de Dios. ¡Que gran paradoja!, a los creyentes, nos falta fé. . Estamos de acuerdo en que, un salto de fe, humanamente, da miedo; porque dar un paso sin saber que es lo que hay al otro lado, implica riesgos, no es seguro.
Pero?, lo bueno del ?salto- que Dios nos pide, no parte de una fé -ciega-, sino de una experiencia basada en lo que Dios hace en nuestras vidas, en lo que hizo con los que nos precedieron y en lo que prometió hacer. Entiendo también, que hay circunstancias en la vida, en las que es especialmente difícil dar ese salto: Un accidente, una enfermedad, una guerra, un terremoto, una crisis, una ? muerte que nos afecte muy particularmente, etc., etc., etc. Parece que Dios nos pone las cosas difíciles. Sin embargo, son precisamente en esos momentos de especial dureza, en los que su Gracia amorosa se manifiesta de modo especial; de tal modo que si se supera ese trance, y damos ese PASO DE CONFIANZA, con la ayuda de Dios, luego seremos capaces de dar los saltos más increíbles de lo que podemos imaginar. . El salto que Dios nos pide, en modo alguno, es suicidio, sino confiada respuesta a lo que ya sabemos, por experiencia. Es un salto tan -protegido-, que ni siquiera necesitamos paracaídas, ni red. Nos sostienen fuerzas que no podemos ver con los ojos, pero que sentimos profundamente en el alma. Pasaremos por dificultades, por desiertos en los que el peligro rondará a nuestro alrededor, el agua será escasa, no habrá sombra alguna y la única solución, engañosa salvación, será la noche; pero, cuando llega, el frio es terrible. Todos experimentamos desiertos así, lo importante es saber que todo aquí en la tierra, es pasajero: ?Todo pasa y todo queda, pero lo nuestro es pasar, pasar haciendo camino??. Por eso no debemos perder la esperanza, mantener la calma es fundamental y sobre todo? no perder la brújula. (*) . Así, si a pesar de todo no desistes, si todavía quieres arriesgarte, créeme, te prometo que si das ese salto, si tomas su mano, si aceptas su cruz: EL te mostrará otras cosas, todo lo que ahora no ves, todo de lo que tu y yo, somos capaces aquí en la tierra y además te ganarás el cielo. Toma Su amorosa mano. .
¡Cree, SALTA, VIVE! .
(*) La Palabra de Dios y el Magisterio de la Santa Madre Iglesia.
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