Por Dadan Narval el 04-May-2009 |
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1. Tocamos el cielo, cómo cambian las cosas en un año
Hace justo un año escribíamos nueve apuntes culés sobre el clásico señalando la caída libre en la que estaba inmerso el FC Barcelona. Es absolutamente increíble el giro que han dado las cosas en estos casi trescientos sesenta y cinco días. Hoy tocamos el cielo. Poco se puede añadir ya a lo que hoy se ha escrito del partido. Parafraseando el epitafio de Maquiavelo sólo podemos añadir que no hay elogio suficiente para tan gran equipo.
2. Pep, el artífice del cambio
Sin duda, el artífice de este cambio ?toda vez que la gran mayoría de la plantilla es la misma- es Pep Guardiola.
He de reconocer que cuando a finales de la temporada pasada se anunció su nombre como el sustituto de Rijkaard, la decisión no me gustó demasiado. No tanto por la supuesta falta de experiencia en los banquillos de Pep, sino porque, debido al contexto de limpieza del vestuario en el que llegaba, temí que el bueno de Guardiola fuera utilizado por la directiva como una excusa para afrontar una caza de brujas en el vestuario: la utilización de una figura del barcelonismo para echar a otras figuras del barcelonismo por la puerta de atrás, en un planteamiento de año de tránsito.
Sin embargo, en cuanto tomó el mando, se demostró lo contrario. De Torquemada nada. Aún cuando anunció que Eto´o estaba en venta, dio todo el apoyo del que era capaz a todos los jugadores incluido el defenestrado por prensa y público Henry, siguiendo siempre un único criterio: el suyo propio, sin influencias dañinas, sin caminos fáciles.
A medida que ha ido avanzando la temporada, la virtud de Pep ha ido creciendo exponencialmente, en la misma medida que el juego del equipo. Ha sabido lidiar con todas y cada una de las situaciones con las que un entrenador ha de afrontar, y en todas ha salido vencedor. Su mayor mérito: el de haber dado una enorme identidad al equipo, que mantiene en cualquiera de los escenarios posibles: partidos que se ponen cuesta arriba a las primeras de cambio, enfrentamientos con equipos pequeños, rondas finales de la Champions, el Clásico… Pareciera que, se desarrolle el partido como se desarrolle, la confianza del grupo en sus propias armas de juego no se resienta en ningún momento.
3. El Real Madrid, no todo es tan oscuro
Es cierto que el Real Madrid arrastra una enorme crisis institucional. Sin embargo, a nivel deportivo no está tan mal. Es de comprender que la paliza histórica de ayer escueza hasta el punto de nublar la vista y hacer perder momentáneamente la razón, haciendo ver la realidad mucho más oscura de lo que es. Sin embargo, los blancos han sido hasta el momento ?y a falta de la resolución final- un más que duro rival. Sin ir más lejos, hasta el partido de ayer el Real Madrid había remontado ocho largos puntos al Barcelona. Además, es de señalar que con los mismos puntos que ahora ostentan, habrían sido campeones en los dos últimos años. Su gran problema este año ha sido el rival histórico: el Barcelona ha estado hasta el momento simplemente intratable. Pero esto, convendremos, no es responsabilidad de la entidad blanca. Poniendo un ejemplo, es como si a Djokovic se le acusara de haber nacido en la misma generación que Nadal (aviso a navegantes: con esta comparación hablo sólo de esta temporada).
No nos engañemos, los culés hemos sentido un aliento blanco en la nuca, que nos impedía dormir a ratos, recordándonos viejas pesadillas.
Con todo, es cierto que la plantilla blanca necesita una remodelación que se ha pospuesto dos temporadas, debido a sendos campeonatos vencidos por los blancos. Pero cuidado: dicha remodelación ha de ser realizada con la cabeza fría. Si algo debe de aprender el Real Madrid del Barcelona de este año es que la revolución que todo el mundo canta como necesaria en la plantilla, puede, en realidad, no serlo tanto: quizá baste con un cambio de actitud, de mentalidad y de maneras.
4. La prensa deportiva, en su línea
Qué profunda vergüenza me da leer hoy a Mascaró escribir lleno de euforia, cantando alabanzas al equipo. Qué profunda vergüenza me da, porque este mismo señor es el que el año pasado, a estas alturas, escribía que lo de estos mismos jugadores que ayer endosaron un 2-6 al Real Madrid, ?era para matarlos?.
Qué profunda vergüenza me da también leer las portadas del Marca y del As, creyéndose que las mismas son señoriales. No hay peor halago que el de quien te quiere mal. Después de un año de ?canguelos?, ?cagómetros?, ?villaratos?, ?campeones por decreto?, de ?los que mean colonia? o ?los de ahí arriba?, no vale adoptar, el último día, la táctica del pelota. Ellos mismos se sonrojarán cuando, dentro de cinco, diez años, tiren de hemeroteca y comprueben las portadas que dedicaron a este equipo en este año.
5. Henry, enorme
El año pasado a estas alturas remaba contracorriente afirmando que no había que vender ni a Eto`o, ni a Henry. Sobre todo, me molestaba el caso del segundo, a quien veía un jugador de enorme clase pasando un bache momentáneo, es cierto, pero que había demostrado una irreprochable capacidad de sacrificio. Cuánta mierda se echó sobre este jugador, que aún en los peores momentos se dejó la piel en el campo es algo que no olvidará, seguro. El sábado, Henry fue uno de los mejores jugadores sobre el campo, poniendo con su partido, la guinda perfecta a una temporada fantástica. Me alegro muchísimo por él.
6. ¿Triplete?
La euforia blaugrana es ahora un río desbocado. Se habla y se escribe mucho y todos los análisis tienen un común denominador: la posibilidad del triplete. Claro que es posible, sin embargo, haría bien el entorno culé en entender que para llegar al número tres, antes hay que pasar por el uno y por el dos. La liga parece más cerca que nunca, pero aún no está cerrada. Dormirse es la mejor manera de perderla. La Champions está tan cerca como lejos. Stamford Bridge será un duro escollo. ¿Y la Copa? El Barcelona es el máximo favorito, qué duda cabe, pero en la final se encontrará a un Athletic que en algo será insuperable: el factor anímico. La afición de San Mamés, desplazada en masa a Valencia aportará al enfrentamiento el sabor de las citas históricas. En ese contexto, más allá de previsiones, todo puede pasar.
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