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. Yo no sé si a vosotros os pasará igual, pero yo no paro de verme envuelto emocionalmente en mil historias que intentan quitarme la paz. Veo demasiadas noticias negativas, vivo tantas injusticias contra el prójimo que es imposible no verse implicado. Aunque no quiera, vivo en este mundo y pocas cosas me son indiferentes. Cuando, por ejemplo, últimamente he recibido correos y llamadas notificándome sobre el cierre de la Basílica del Valle de los Caídos, o anteriormente de todas las difamaciones, mofas e insultos que ha recibido nuestro Papa Benedicto XVI; es difícil permanecer al margen.
. Confieso que ante tanta instigación, para uno, que es de sangre caliente, la primera reacción es contestar con la misma moneda; y eso reconozco que, más que contestación es tentación, y además absolutamente estéril. Muchos son los motivos, muchas son las provocaciones, las incitaciones a caer en ese mundo de violencia, pero esa es una espiral directa a la nada. Vivimos en el mundo y debemos sensibilizarnos con lo que nos rodea, sí; pero no tenemos que actuar de forma tan mundana? ¡Que fácil es decirlo y que difícil el hacerlo!....; La primera reacción es explosiva, pero la segunda debería ser inmediata, y de oración; hemos de confiar más en el poder de la oración? ?Señor aumenta mi fé?, esa es probablemente la oración que debiera brotar de nuestro pensamiento; después de esa primera y malsana ira inicial. . La violencia está en el aire y es contagiosa. Ayer, vivimos otra vez unos episodios ciertamente penosos, sobretodo por venir del mundo del deporte. Los incidentes entre el entrenador del Real Madrid, que tuvo que ver el partido, encerrado en un palco, a oscuras y fuertemente escoltado; y el entrenador del Sporting han sido absolutamente lamentables. Al final, este último después de haber incitado a todo un estadio-masa a la violencia, remató su mal perder tirando una botella al autobús del Madrid y tocándose los genitales, despidió a su rival insultándole gravemente. Yo no voy a entrar a valorar las discutibles razones de Mourinho o de Preciado, porque el que mantenga esas actitudes verbales o gestuales, sea de uno u otro equipo, para mí, automáticamente, pierden toda la razón, se descalifican; máxime en personas que debieran dar ejemplo. Lo que si quiero, es tomar conciencia de la necesidad de paz, que tiene el hombre.
Sin embargo, lo que pasó ayer es la consecuencia de como está la sociedad, es un reflejo... de lo que nos ocurre a todos, con más frecuencia de lo que desearíamos. Porque... la paz no viene sola, hay que trabajarla y aunque, esta sociedad se llene la boca de palabras de paz y solidaridad, son solamente vocablos sin sentido, la realidad es que últimamente, la paz? ni se fomenta, ni se cultiva. . Parece que la época presente no conserva aquellas costumbres que siempre fueron los pilares de una buena convivencia, porque son las que promueven la paz. La educación en el respeto es una de ellas. El respeto a los demás exige una atención seria hacia el prójimo, un ?preocupación- tanto de sus necesidades materiales como morales. A partir de esa cuidadosa observación, sería preciso valorar esas circunstancias personales, de tal modo que en ningún momento, ningún gesto, ninguna palabra, ningún comportamiento nuestro, pueda ofender al otro, antes bien?., si es posible se debería buscar su beneficio. Es decir todo lo contrario a lo que ahora, desgraciadamente nos estamos empezando a acostumbrar. . Pero, he aquí la dicotomía: El respeto, está intimamente ligado a la sensibilidad humana, a la misma que hablábamos al principio, la que nos calienta la sangre y nos provoca, la que a veces? nos hace tener esos arrebatos de ira; porque.. nada humano nos es ajeno. Sin embargo, la diferencia depende de la razón humana. La primera reacción es ?logicamente- animal, la segunda debe o debería ser racional. Y por nuestra condición, es natural, comprensible y hasta bueno, que tengamos las dos reacciones? ¡somos animales racionales!; la reacción instintiva no es mala, si después llega la calma de la razón, que no es otra cosa, que la sensibilidad humana, la que nos hace hombres. Cuando se mantiene activada la sensibilidad, esta nos lleva a sentimientos tan buenos, tan profundos, tan humanos y a veces tan sobrenaturales como la compasión, la ternura, el perdón y finalmente el amor. Es difícil en los tiempos que corren, pero está de nuestra mano llegar a esos niveles de comprensión; ese debe ser el primer objetivo personal, para empezar a cambiar este mundo, tan pringado de tanta intolerancia entre unos y otros. . No cabe duda que merece la pena, y mucho, ponerse a reflexionar acerca de alguno de nuestros comportamientos, para asegurarnos que el respeto y la sensibilidad sean características principales en nuestras relaciones personales. Mas que nada porque esas cualidades, aunque no estén de moda son el pilar de la convivencia terrena y además el trampolín directo al cielo. Los tiempos presentes no invitan a la paz. Muchas veces, nuestras propias actitudes tampoco. No se trata en absoluto, de ?tragar?, de bajar la cabeza y de asumir inclusive, los errores y malos modos de los demás; no se trata de ser sumisos a todo y a todos; de poner la otra mejilla eternamente; pero si, de ponerla un poquito, a veces?; de darle una oportunidad a la convivencia; de no caer en la trampa de la ira; de no contestar con malos gestos, ni malas palabras; de contestar a las provocaciones con oraciones; de responder con una sonrisa sincera y oportuna.
Actuando así, muchas veces, nos sorprenderemos porque podremos comprobar que nuestros pequeños actos de delicada caridad, valdrán más que un millón de palabras huecas: "Obras son amores y no buenas razones"