Por noreply@blogger.com (GUASABARA el 22-Oct-2008 | Por JUAN TAVERAS HERNANDEZ ?Servir al Partido para Servir al Pueblo?. Tal era la consigna que daba fundamento político e ideológico al Partido de la Liberación Dominicana al ser fundado en 1973 por Juan Bosch tras su partida definitiva del Partido Revolucionario Dominicano. En 1968 se publicó la primera edición de ?Servir al Pueblo? del gran timonel chino Mao TseTung, quien llamaba a los militantes del Partido Comunista Chino a ?Servir de todo corazón al pueblo, sin apartarnos de las masas ni por un instante?. ?Todos los hombres han de morir, pero la muerte puede tener distintos significados. El antiguo escritor chino Sima Chien decía: ?Aunque la muerte llega a todos, puede tener más pesos que la montaña Taishan o menos que una pluma?. Morir por los intereses del pueblo tiene más pesos que la montaña Taishan; servir a los fascistas y morir por los que explotan y oprimen al pueblo tiene menos pesos que una pluma.? Esa expresión política e ideológica, famosa entre los llamados clásicos del marxismo, se extendió por todo el mundo, incluso en Latinoamérica, a tal punto que el periódico del Partido Comunista Argentino primero se llamó ?Nueva Hora? y posteriormente ?Servir al Pueblo?. Aquí en nuestro país el periódico de la Línea Roja del 14 de Junio, del cual fui militante desde 1972 hasta poco después de fundado el Partido de los Trabajadores Dominicanos (PTD), durante años se llamó ?Servir al Pueblo?. Al llegar al poder, con Bosch muerto, el PLD abandonó sus ideas y aspiraciones de hacer de éste, un pueblo próspero donde primara la dignidad humana y la solidaridad. El autor del formidable libro ?De Cristóbal Colón a Fidel Castro?, derrocado por un golde de Estado fascista patronado por Estados Unidos apoyado por reaccionarios criollos y la iglesia católica, no sospechó nunca que su partido sería, luego de su muerte, aliado y colaborador de quienes cercenaron los anhelos de independencia nacional, de justicia y libertad del pueblo dominicano. Aquel hombre que fue ejemplo de honradez, que vivió precariamente de sus libros, no de la política, que no acumuló fortuna, que su casa, ya en la postrimería de su vida, fue un regalo de amigos y colaboradores, ese hombre hizo bien en morirse antes de ver el comportamiento indecoroso, ruin y perverso de muchos ?no todos- de sus alumnos. Bosch fue un crítico permanente de la corrupción. Tal vez el más critico de todos los dirigentes políticos de su época. En las páginas del periódico y de la revista del PLD, ya desaparecidos, debe haber decenas de artículos condenando la corrupción y el tráfico de influencias en la administración pública. Los gobiernos del PLD que ha encabezado Leonel Fernández se han caracterizado por el tráfico de influencias, el grado a grado, la falta de transparencia en el manejo de los recursos del Estado, el enriquecimiento ilícito, y hasta el narcotráfico. Lo puedo decir con toda propiedad: Nunca hubo más corrupción que ahora; nunca hubo más drogas que ahora en el país, nunca tantos funcionarios se hicieron ricos en el gobierno. Si miramos hacia atrás, si nos vamos a los años 90 cuando los muchachos del PLD iban a las redacciones de los periódicos y noticiarios de radio y televisión, con sus nota de prensa, con su ?periodiquito? bajo el brazo como una Biblia denunciando la corrupción de los gobiernos del doctor Balaguer o sus fraudes electorales. Todos o casi todos eran muchachos provenientes de los barrios de Santo Domingo y de los pueblos del interior. Clase media baja o muy baja, como diría Bosch en su Composición Social. Gente con aspiraciones patrióticas, con la cabeza caliente y el corazón también. Se mataban por sus ideas. Viajaban en guagua pública o en carros del concho. Compartían un trago o una cerveza entre ellos. Se fumaban un cigarrillo entre cuatro. Caminaban kilómetros con sus sueños acuestas. A casi todos los conocí muy bien. Compartí con muchos de ellos las mismas calamidades. Todos queríamos, de algún modo, servir al pueblo. Pero papeleta mató a menú?y morocota se alzó con to?. Peso mató a menudo. Tan pronto los muchachos se vieron en el Palacio Nacional abandonaron las chancletas y las cambiaron por yeepetas de lujo, los ranchos por mansiones. Y se marcharon de los barrios y los campos para habitar en los centros urbanos más privilegiados del país. Todo esto viene a cuento a propósito de la declaración jurada de los funcionarios del nuevo gobierno (en realidad parece que tiene cien años), donde vemos como aumentan las fortunas de los ministros a la velocidad del relámpago. Pasar de 158 millones de pesos a 550 mal contados en menos de cuatro años, me parece un ejercicio profesional y político bastante exitoso. Ya quisiera cualquiera tener la fórmula. Pero no es ese caso. Conozco otros, muchos otros, incluso más escandalosos de acumulación de fortuna al amparo de la política y del Estado. Y lo que es peor: la mayoría de las declaraciones juradas de bienes de los funcionarios que exige la ley 82-97, no se corresponden con la verdad. Esa ley, como muchas otras, son leyes muertas, leyes que todos vulneran, violan o ignoran. El Procurador General de la República y el encargado del departamento anticorrupción se pasan casi cuatro años suplicando el cumplimiento de la disposición oficial. Nadie investiga al final, si lo que ha dicho el funcionario sobre sus bienes es cierto. Conozco casos de personas que a la hora de su nombramiento no tienen ?ni con que caerse muertos?. Pero aparece un amigo bondadoso que pone a su nombre dinero en pesos y dólares, residencia, en la capital y en la Romana; vehículos, fincas, etc., en la declaración jurada. Al terminar su paso por el gobierno termina legitimada su fortuna. Es una manera de lavar fortunas. El progreso que tanto ha proclamado el presidente de la República llegó. Pero solo para aquellos que una vez juraron ?servir al partido para servir al pueblo?.
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