Por Antonio Agredano el 19-May-2010 |
Negredo - Kun: pega esta imagen en tú pagina, Foro, Myspace o Ebay con este código...
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Esta copa no tiene rey, ni dueño, ni nada que se lo parezca. Por más que intenten los presidentes adueñársela en sus declaraciones previas al choque, por más que tiren de éxitos o retórica, hacía tiempo que no se llegaba a una final tan igualada. Ni sus méritos en la temporada que hoy expira -el acceso a Champions del Sevilla y la flamante Europa League del Atlético de Madrid- los distancia mínimamente. Ninguno ha hecho del buen juego su bandera, ambos han superado un cambio de entrenador en mitad de la temporada, ambos tienen en la Copa del Rey una oportunidad de reivindicarse más allá del aplastante oficio del Barça en el fútbol español. Esta noche, en el Camp Nou, se dirime una competición que ha resurgido en las últimas temporadas. No es aquel trofeo clandestino que atravesó buena parte de esta década. Finales como la del año pasado con un Bilbao derrotado pero exultante, la del Valencia con el ínclito Koeman en el curso más extraño del equipo ché, o aquella levantada por el Sevilla frente al Getafe, con el recuerdo imborrable del equipo azulón echando al Barcelona en semifinales tras una remontada para el recuerdo; revalorizan un torneo hecho a la medida de los humildes y difícil de domar para los grandes. Recuerdo al Alcorcón incluido. Dignísimos finalistas, Sevilla y Atlético disputaran esta noche su inscripción en el palmarés de una Copa que se ha vendido cara esta temporada.
Hasta la distribución en el campo es simétrica. Ahora que el Comité de Competición ?o un órgano afín, que yo entiendo poco del funcionamiento intestino de nuestro fútbol- ha indultado a Negredo, los dos conjuntos alinearán un once similar. Los cuatro de atrás, un centrocampista de contención y otro con más profundidad ofensiva, dos jugadores puros de banda ?con la excepción tal vez de Jurado en sustitución de Simao- y dos delanteros, uno más asociativo y otro con la portería rival entre ceja y ceja. El Atlético tiene varias buenas noticias, una por línea. De Gea ha pasado, en tiempo record, de ser una promesa a una realidad incontestable. Domínguez ha maquillado la catastrófica defensa rojiblanca. Su entrega y solidaridad han mutado a Perea y han permitido a Ufjalusi destacar en el carril diestro. En el centro del campo juega Tiago. Seguro que aportará la claridad que Raúl García no supo darle al equipo en la final europea frente al Fulham, tiene calidad y ganas de quedarse. Por último, en vanguardia, Forlán ha vuelto a ser el goleador impenitente que todos extrañaban. Con unas vigas así Quique tiene fácil levantar la casa. Apartando las dudas a manotazos, el técnico ha sabido convencer a sus hombres de algo obvio: no son tan malos como parecieron a principios del ejercicio. El título continental ha servido para arañarlo en la memoria de los jugadores. La moral no gana partidos, pero ayuda cuando las piernas pesan y el rival aprieta.
El Sevilla no lo ha tenido fácil esta temporada. El divorcio entre la afición y Manolo Jiménez desnaturalizó el trabajo de la plantilla. Ningún mérito era suficiente y la eliminación de la Liga de Campeones sepultó el, en mi opinión, magnífico trabajo del mister sevillano. Antonio Álvarez, otro técnico de la casa, se ocupó de un equipo alicaído. A duras penas logró mantener el tipo y un gol milagroso, en el último suspiro, metió al club en el que se ha convertido en objetivo capital para los de Del Nido. Todo pasa por la Champions. En la Copa el equipo de Nervión ha demostrado más capacidad que la enseñada en otras competiciones. Aquella celebrada eliminatoria contra el Barcelona catapultó al equipo. Viendo su presumible once titular no hay dudas de que el Sevilla es pura explosividad sobre el césped. Los extremos son incansables y Negredo y Kanouté se bastan para destrozar la defensa contraria. Zokora se ha destapado como el mejor jugador del Sevilla esta temporada, el más regular, el más necesario en un equipo que basa su fútbol en la transición rápida, en el juego directo. Ahí el marfileño ha marcado diferencias, la ausencia de un mediocentro creativo lo ha multiplicado sobre el rectángulo. Como virtud, en caso de empate, siempre está tener a Palop. Si el partido se decidiera por penaltis, cosa nada arriesgada viendo la igualdad entre ambos conjuntos, el veterano portero ha demostrado ser una auténtica garantía. Pese a su discreto final de temporada con errores que parecían imposibles en un guardameta de su experiencia, ya ha demostrado que se crecer en los partidos importantes.
En fin, dos equipos que llegan en paralelo al último partido de la temporada. Igualdad en los planteamientos, igualdad en el estado de ánimo. Con ganas de levantar el trofeo y celebrar, con metal, un momento dulce en sus respectivas historias. Los atléticos redecorando sus vitrinas y los Sevillistas alargando su eclosión como equipo grande de nuestro fútbol. Del tesón de Agüero, la sencillez de Kanouté, la velocidad de Capel, el renacer de Antonio López, la labor sombría pero indispensable de Assunçao o la percusión de Adriano depende que la pelota caiga de un lado u otro de la red. Suerte a ambas aficiones, jugar una final es siempre un motivo para la celebración.
En un partido tan igualado como este las cuotas son practicamente idénticas. La victoria del Atletico de Madrid se paga a 2´8 ? y la del Sevilla a 2´78 ?. Adivinar un resultado parece un buen juego, al menos divertido, como excentricidad el 0-3 se paga a 46 ? si estamos muy con el Atleti y 40 ? el 3-0 para el Sevilla. los resultados igualados (0-1,1-0,1-2,2-1) rondan los 11 ?. Buenos resultados si lo pareja que se presenta la final se confirma sobre el cesped.
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