Por Dadan Narval el 01-Jul-2008 |
Foto 0 en Sobre el maniqueísmo futbolero de nuestro país, Aragonés y Del Bosque: pega esta imagen en tú pagina, Foro, Myspace o Ebay con este código...
La victoria de España en la Eurocopa ha servido para exorcizar unos cuantos fantasmas que hacía demasiado tiempo paseaban por las noches el ruido de sus cadenas por la vetusta mansión de nuestro fútbol. El primero, y probablemente, más importante, el de los cuartos de final. La gran barrera histórica en nuestro fútbol ha sido superada. ¡Y vaya si ha sido superada! El segundo, el fantasma italiano, ese que hacía que cada vez que nos encontrábamos con los transalpinos nos acongojara una suerte de sentimiento de inferioridad que atenazaba nuestras piernas y nervios. El tercero, el de la suerte. Hasta ahora, parecía que los postes-penaltis-rebotes de la pelota sólo iban en nuestra contra. Por fin han estado a favor. El cuarto, el de la confabulación internacional liderada por los de negro contra nuestra selección, a la que el mundo temía y odiaba, y detrás de la cual sospechábamos que estaba la CIA, la KGB, la Stasi y el Mossad. Incluso nos hemos cargado de un plumazo el sambenito del ?no sabemos competir?, un razonamiento tan difuso como ubicuo: nadie sabía bien qué es lo que quería decir con ello, pero cuando hablábamos de la selección todos lo recitábamos como si fuera parte de una alineación que nos sabíamos de memoria.
Está por ver, no obstante, si esta victoria desterrará también otros fantasmas que afectan no tanto a nuestros jugadores, sino a nuestros periodistas y aficionados. Me temo que esto será más difícil.
La historia es ésta: hace dos meses, a la hora de hablar de la selección noventa y nueve de cada cien periodistas (y aficionados) esgrimían un argumento que parecía irrebatible, a saber, que con este seleccionador no íbamos a ninguna parte. España entera exigía la dimisión de Aragonés con argumentos de más o menos peso, como que había dado su palabra de dimisión tras el Mundial, que no llevaba a Raúl, que la selección no ilusionaba, etcétera. Esto no era de por sí malo. Lo negativo fue que a fuerza de repetirlos llegaron a desgastarse, y de ellos se pasó, intentando hacer más fuerza, a la caricaturización del seleccionador ?al que se llamaba despectivamente ?viejo?-, al establecimiento de sospechas inconfesables en torno a la no convocatoria del siete y a exigir su presencia aún a costa del seleccionador y, finalmente, a rozar el insulto para con nuestros seleccionados: que si no sentían la camiseta, que si no estaban con la roja como los aficionados, etcétera.
Pero, he aquí, que dos meses después celebramos la victoria de la selección en las calles, Los insultos velados se han transformado en categóricos halagos y nuestros jugadores hoy son todos buenos amigos, un grupo de jóvenes ambiciosos, divertidos, sanos deportistas? e, incluso, se exige y se canta la renovación incondicional de Aragonés porque, al parecer, con él en el banco el Mundial es nuestro. En dos meses el peor seleccionador de los posibles se ha convertido en el mejor: el viejo ha devenido sabio y nadie de quienes daban prioridad a un solo jugador sobre toda la selección aparece ya. Incluso hemos llegado a tal punto de revertir los argumentos que hasta las derrotas en la clasificatoria frente a Irlanda del Norte y Suecia y el empate contra Islandia se ven hoy como ?el duro camino en el que se fraguó un equipo campeón?.
Ayer todo era malo, incluso lo bueno, y hoy todo es bueno, incluso lo malo. Convendremos que entre ambos estados de ánimo existe un abismo que difícilmente se explica solo por goles. El mal endémico de nuestro periodismo deportivo (y consecuentemente de nuestro modo de vivir el fútbol como aficionados) es cargar las tintas al máximo, realizando discursos maniqueístas en los que lo indudablemente-bueno es separado de lo innegablemente-malo a fuerza de victorias y derrotas. Pero los goles son caprichosos y no se someten a la razón. Al final, si mantenemos un discurso maniqueísta, tanto cuando entran como cuando no, siempre acabarán por desnudar nuestros argumentos de piñón fijo.
Sólo una cura de coherencia puede librarnos de esto. No creo que el periodista o el aficionado no pueda ni deba expresar lo que piensa (que en fútbol suele coincidir con lo que se siente) de la manera más apasionada que quiera: ayer lo malo, hoy lo bueno. Lo que digo es que hay que autoexigirse un mínimo de coherencia. Quienes defendían que Aragonés era mayor para el cargo no pueden hoy hablar de la sabiduría que da la experiencia. Quienes afirmaban que el grito de toda España era Raúl, Raúl y sólo Raúl, no deberían hoy ?por consideración hacia sí mismos- enarbolar la bandera del equipo unido, de la piña en la que todos son uno. Quienes creían que Aragonés no tenía palabra, no habrían hoy atender a sus razones para marchar a Turquía. Quienes criticaban ayer a Villar por mantener a Aragonés, que no le apalicen verbalmente hoy por dejarle marchar. Quienes afirmaban que no se podía ganar nada porque el equipo era una caricatura y además los futbolistas españoles se diferencian de otros deportistas porque son seres egoístas que solo piensan en su éxito personal, dinero, coches y mujeres, que, por favor, no nos hablen hoy de que estamos ante un grupo unido que ha hecho de la amistad entre ellos y de la ambición por ganar su bandera.
Que no lo hagan, sobre todo, porque si lo hacen (y lo están haciendo) se comenzará a cimentar el fracaso de una selección que puede continuar haciendo historia. Los fantasmas ya exorcizados no deben ser relevados por otros. Pensemos en Del Bosque, por ejemplo, quien al parecer tiene todos los números para ser el nuevo seleccionador. Antes incluso de coger el cargo, ya tiene al menos dos espectros que aguantar cada noche. El primero, el del seleccionador saliente, el que toda España quería desterrar ayer y hoy exigen renovar. Aragonés se va, pero aquí se quedará su sombra. Las comparaciones con las que Del Bosque se encontrará serán odiosas por tendenciosas: si España empata o pierde con Turquía o Bélgica algún partido de clasificación se comparará esto con las victorias de Aragonés frente a Italia, Rusia y Alemania, pero se olvidará que en el camino a éstas hubo otros partidos contra Irlanda, Islandia o Suecia que no se ganaron como se venció a rusos y alemanes.
El segundo fantasma será el de Raúl. Pero curiosamente, le perseguirá a Del Bosque de manera contraria a como le ha acosado a Aragonés. De hecho, ya ha empezado a hacerse presente. Muchos de quienes ayer censuraban a Aragonés y exigían su cese diciendo que ?cualquier otro menos él, por favor?, ya se están apresurando a criticar el más que posible nombramiento de Del Bosque en base a su pasado madridista (y supuestamente ?raulista?) a partir del cual interpretarlo interesadamente como una manera de recuperar a Raúl para la selección (¡antes de que siquiera haga su primera convocatoria!). Quienes así piensan sufren de un alzheimer voluntario, que les impide ver en el curriculum de Del Bosque nada menos que dos Copas de Europa, dos enormes Champions que bien querrían poder ostentar en sus vitrinas la mayoría de los clubes del mundo. Precisamente, el mismo alzheimer voluntario que les impide valorar en su justa medida a Del Bosque es el que les afecta a la hora de, sólo hoy, volcar sus halagos en quien ayer debía estar jubilado.
Yo creo que, si queremos repetir éxitos, hay que intentar evitar que las decisiones del futuro seleccionador estén determinadas por el pasado inmediato. Se ha ganado una Euro y eso debe ser bueno para el futuro, no un arma de doble filo que en cuanto vengan mal dadas se vuelva en nuestra contra. Aragonés se marcha. Aplaudámosle por el trabajo realizado. Que le pidan perdón quienes crean que se lo deben o que con ese gesto matizarán toda la mierda que volcaron sobre él durante tantos meses. Los demás, los que creen que aun a pesar del triunfo Aragonés no debió llegar como seleccionador a la Euro y mantienen su opinión, que no se avergüencen. Nunca se sabe qué derroteros nos haría recorrer el destino si las decisiones en el pasado hubieran sido otras.
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