Por Dadan Narval el 13-Jul-2007 | 
Hoy mismo se ha confirmado que Cesc Fábregas se queda en el Arsenal, a pesar del interés del Real Madrid. En las últimas semanas se venía anunciando que el nuevo entrenador del club blanco, Benrd Schuster, se había fijado en el joven centrocampista catalán, pero él, en lugar de dejar un Arsenal que parece en claro declive deportivo, ha preferido mantenerse, al menos un año más.
Las razones que Cesc ha esgrimido no son ni deportivas, ni económicas. Ha hablado de compromiso y ha afirmado que no podía ?dejar colgado al Arsenal? y que no quiere ?dejar el club que apostó por mí, porque sin él seguro que no estaría jugando al fútbol?.
El gesto, he de reconocerlo, me ha parecido digno de alabar. No porque decida rechazar al Real Madrid ?soy culé, pero no tanto-, sino porque demuestra un firme compromiso con el club londinense, al que llegó procedente de nuestro país hace cuatro años. El Arsenal apostó en su momento por él cuando no era más que una promesa entre tantas, y ahora Cesc quiere devolver aquel gesto de confianza manteniéndose en un equipo que parece que afronta momentos de declive deportivo. Lo más fácil habría sido abandonar la nave. Sin embargo, Cesc ha optado por mantenerse al mando de la misma, afirmando, además, que lo hace porque no podía dejar tirado precisamente en estos momentos a su mentor, Arsene Wenger. ?Wenger me vio, me dio la oportunidad y luego yo tuve que demostrar que podía contar conmigo, y no es fácil hacer a un chico jugar con los grandes?, ha afirmado.
Este gesto, por otro lado, tiene una segunda lectura. En demasiadas ocasiones se suele hablar con alegre pluma del compromiso demostrado de los canteranos hacia el club, en contraste con el carácter mercenario de los extranjeros, que llegan a un equipo, cobran y se van por donde han venido. El caso de Cesc, que dejó la cantera Barcelona por un entorno en el que intuía que tendría mayores posibilidades de crecer como jugador, viene a desmentir esos tópicos. Cesc, extranjero en Londres ?es una obviedad, pero merece la pena subrayarla hoy-, desestima abandonar el equipo que confió en él y cambiarlo por un club en el que cobraría más y en el que, posiblemente, tenga mayores posibilidades de alcanzar la gloria deportiva.
Creo que el gesto de Cesc, finalmente, conviene subrayarlo porque ilustra a la perfección otro tipo de compromiso que los periodistas deportivos suelen olvidar, el de aquellas personas que reconocen la oportunidad que en su momento le dio una institución, un club. Hay cientos de ejemplos de futbolistas foráneos que llegan a un equipo e inmediatamente lo hacen suyo, en la medida en que agradecen la confianza depositada en ellos. Para poder triunfar, en el fútbol y en la vida, es necesario que otros demuestren confianza en nosotros. Si esto se da, es justo, posteriormente, quizá en momentos malos, demostrar el agradecimiento por esa confianza que se nos dio. Es precisamente lo que ha hecho Cesc, y con su gesto, ha derribado en un solo movimiento una serie de tópicos que ojalá consigamos desterrar de una vez del mundo del fútbol.
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