Por Ramón Flores el 04-Jun-2008 |
Foto 0 en Suecia 92: el guiño burlón del Destino: pega esta imagen en tú pagina, Foro, Myspace o Ebay con este código...
Una de las características que hacen grande al fútbol es el dominio de lo inesperado. Uno puede pasarse veinticuatro horas diarias preparando los partidos, con un equipo de médicos, fisioterapeutas y utilleros vigilando hasta las pestañas de los jugadores cuando duermen, o archivando hasta el último córner del más remoto partido de Preferente, que cuando el balón comienza a rodar, todas estas variables pasan a ser laterales, accesorias o, muchas veces, sencillamente irrelevantes. Sólo mediante esta cualidad elusiva y juguetona puede explicarse el triunfo de Dinamarca en la Eurocopa 92, que participó por la sanción política a la antigua Yugoslavia, que llegó sin su jugador franquicia Michael Laudrup, y en la que muchos jugadores, reclutados por el entrenador directamente en la playa, se tomaron sus días en la vecina Suecia como otra forma de pasar las vacaciones. El fútbol le sacó la lengua a sus metafísicos.
La gran sorpresa de la fase previa fue la clasificación de la selección escocesa de Andy Goram, Durie, McCoist y el gran McAllister, que consiguieron imponerse a suizos, rumanos y búlgaros. La España de Vicente Miera realizó un papel horrible en la fase de clasificación, perdiendo incluso la imbatibilidad en Sevilla, y concluyó con tres victorias ?dos ante Albania e Islandia- y cuatro derrotas. Fue líder de ese grupo Francia, que además quedó como único representante del fútbol latino, ya que Portugal tuvo la mala suerte de caer en el grupo del campeón, Holanda, e Italia fue superada por la Unión Soviética, subcampeón y casi infalible en este torneo. Por cierto que los cambios políticos que vivía Europa en aquella época dejaron su marca en el torneo: además de la mencionada sanción a Yugoslavia, los soviéticos compitieron en la fase final como CEI (confederación de estados independientes), y los alemanes presentaron por fin una selección reunificada.
Precisamente estos dos equipos se enfrentaron en el Idrottsparken de Norrköping en la primera jornada de la Euro, en la última oportunidad de ver juntarse en torneo oficial a gente como Kolyvanov, Kanchelskis o Dobrovolski. Alemania llegaba con la importante baja de Matthäus, y durante el partido se partió el brazo Rudi Völler. Fue un encuentro equilibrado, donde los rusos jugaron con varias medias puntas y sin ariete, y se adelantaron en el marcador merced a un penalty; siguiendo su costumbre, Alemania marcó en el último minuto gracias a un tiro libre del pequeño Thomas Hässler. Mejoraron los teutones frente a Escocia con la inclusión del genial pero intermitente Andy Möller, y vencieron 2- 0 sin grandes problemas en un encuentro en el que además se encontraron con la madera un par de veces. Caían así los escoceses, que ya habían perdido por la mínima ante Holanda ?gol de Dennis Bergkamp- en un partido tan infumable como la presunta revancha de la final anterior: el Holanda-CEI que dejó un empate mínimo y todo por decidir para la última jornada. Sin embargo los escoceses, que merecían al menos un buen momento en la fase final, se encargaron de hacer saltar por los aires la intriga vapuleando a los rusos 3-0, en gran partido de toda la selección y de Brian McClair en particular. Así, el resultado del Holanda-Alemania (3-1) pasaba a segundo plano, en un buen partido marcado por los goles a balón parado, la mejoría de los tulipanes y las bajas de la Mannschaft ?ni Buchwald ni Stefan Reuter fueron de la partida- que agrietaron su defensa.
En otro grupo quedaron encuadradas la renovada Francia de Cantona y Papin, una versión algo menor de Inglaterra donde destacaba Shearer, la mencionada Dinamarca y el anfitrión, Suecia. La primera jornada dejó dos empates, uno anodino entre la aparentemente débil Dinamarca e Inglaterra ?que notaba la ausencia de John Barnes- y otro algo más movido (1-1) entre franceses y suecos, en un buen encuentro de los medios Jonas Thern y Klas Ingesson, y que empató Papin en un remate muy suyo. Igualmente desagradable para el espectador fue el empate posterior a nada entre Francia e Inglaterra, con un Platini mucho más conservador como técnico de lo que lo fue como jugador, en un choque que se recuerda sobre todo por la imagen sangrante del bravo Stuart Pearce. En el otro encuentro, el entrenador Svensson decidió darle carrete a su triplete Brolin-Dahlin-Kenneth Andersson, tres casos paradójicos de jugadores que se hicieron grandes con la selección y cuyas carreras a nivel de clubes fueron discretísimas. Por fin pudo verse un partido abierto, por mucho que el marcador final indicase una pobre victoria por la mínima de Suecia, tanto del mencionado Brolin mediada la segunda mitad. Dinamarca tenía un solo punto y sólo la carambola podía salvarla, pero ese torneo los dioses del fútbol estaban con ellos: primero con el gol de Elstrup a doce minutos del final que rompía la igualada frente a una Francia decepcionante (2-1 al final del partido) y luego con la remontada de Suecia frente a Inglaterra en Estocolmo. El conjunto amarillo se sobrepuso con hombría al gol inicial de David Platt ?el mejor jugador inglés del torneo-y acabó remontando con gran juego ante el delirio del Rasunda Stadium. Los tantos de Eriksson y Brolin y el partidazo de Ekström llevaban a los anfitriones a semis y, de paso, a la Dinamita Roja.
A diferencia de la liguilla, donde el fútbol visto fue en general ramplón, las semifinales mostraron a la perfección el vértigo del KO. El esperado partido entre suecos y alemanes volvió a mostrar la importancia del balón parado, pues pronto Hässler adelantaba a Alemania en friqui magistral, y cerca estuvo Brehme de ampliar la ventaja poco después de modo similiar; lo impidió el poste. Los alemanes consiguieron dormir el partido en la primera mitad, y casi liquidarlo comenzando la segunda en otra buena acción de Hässler que acabó culminando Karl-Heinz Riedle. A partir de ese momento, y como había ocurrido contra los ingleses, Suecia se fue arriba, redujo la ventaja gracias a un dudoso penalty, y gozó de oportunidades hasta el final; pero ese es el precisamente el territorio de los alemanes, y a falta de dos minutos Riedle volvió a golpear para cerrar el encuentro. El tanto postrero de Kenneth Andersson sólo sirvió para adornar el resultado y mostrar con cuánto honor habían caído los escandinavos.
La otra semifinal, disputada en el Ullevi de Göteborg, no fue menos intensa. A los cinco minutos ya había batido Larsen a Van Breukelen; aunque Holanda empató pronto, el mismo Larsen volvió a desequilibrar el marcador pasada la media hora tras bajar al suelo un balón que llevaba un rato siendo disputado en el aire. A partir de ese momento, Dinamarca se aplicó en la actitud defensiva ?la gran virtud que le dio el campeonato de Europa- utilizando al dinámico Brian Laudrup como ventilador para salir de vez en cuando de la cueva; una táctica que duró hasta que el hermanísimo se lesionó a la hora de partido. Los tulipanes sufrieron horrores para penetrar en la maraña, aunque lo lograron finalmente con un cabezazo de Frank Rijkaard. La Dinamita Roja, disminuida por las ausencias ?también había caído Andersen- aguantó bien hasta el final del tiempo reglamentario, pero se hundió físicamente en la prórroga; sólo el desacierto de Van Basten ?que falló esta Euro todo lo que había metido en la anterior- y las paradas de Schmeichel llevaron el partido a la rueda de penaltis. Y allí, de nuevo, el rubio guardameta del ManU se hizo enorme para llevar a su afortunado equipo a la final. Un partido definitivo donde Alemania, que recuperaba su defensa titular, partía como gran favorito.
Como en otras finales anteriores, los teutones se lanzaron al abordaje desde el primer minuto, pero la pericia de Schmeichel ?que vivía el mejor momento de su vida- consiguió mantener su portería a cero en el medio del bombardeo; hasta tres ocasiones diáfanas sacó en el primer cuarto de hora. Sin embargo, no era el día de Alemania, pues en la primera llegada de los daneses al territorio rival, John Jensen se la jugaba con un disparo que se colaba como una exhalación en la portería de Bodo Illgner. No fue casualidad que lo hiciera él, un medio defensivo de quien sus compañeros se mofaban por su poca habilidad en el tiro a puerta. Acusó el golpe Alemania, físicamente muy castigada, aunque la salida de Doll en el segundo tiempo parecío insuflarle nuevos aires. El dominio se hizo más acusado, y pasada la hora de partido se hizo casi insoportable, con cuatro oportunidades claras en cinco minutos. Sin embargo, era uno de esos días en que por muchos merecimientos que se hagan, el balón no entra. Los daneses, en cambio, que se pasaron gran parte del partido agazapados, obtuvieron un premio quizá excesivo, primero con el segundo gol, obra de Kim Vilfort, y después con el final del partido y el trofeo. Fue el guiño burlón del Destino.
Leído 28 veces

|