Por Dadan Narval el 14-Mar-2008 | El poeta y filósofo polaco Adam Zagajewski cuenta en su libro ?En la belleza ajena? que siendo joven, durante una conferencia del también filósofo Roman Ingarden, aprendió una lección que no olvidaría nunca. Ingarden era discípulo de Edmund Hursserl e integrante de la tendencia fenomenológica. Durante la charla, uno de los asistentes preguntó a Ingarden por cierto término presente en un texto de Husserl, que resultaba especialmente extraño, poco claro, ambiguo. La respuesta de Ingarden fue franca: ?seguramente el café que tomó Husserl aquel día no estaba suficientemente cargado?.
Zagajewski narra que asistiendo a este episodio, creyó descubrir un ?nuevo e informal método de crítica hermenéutica [?]. Cuántas teorías falsas se podrían rebatir con ese argumento?. Cuando leí este pasaje, indirectamente, yo también aprendí algo de las palabras de Ingarden. Comprendí un aspecto fundamental de todo texto, de toda obra de arte, que conviene no olvidar: que ha sido escrito por un ser humano, una persona, con vida diaria de fondo, con sus problemas, su rutina, esa misma que yo a veces siento que aplasta todas mis posibilidades. Los escritores, los filósofos, artistas, científicos, etcétera, también son personas, también se sienten un día inseguros, temerosos y, a pesar de todo lo buenos que puedan ser en sus profesiones, también yerran a veces por razones ajenas a su trabajo, por el peso del día a día. Un café poco cargado puede mutilar un texto, una obra de arte. Es la miseria y la grandeza la única condición de la que no podemos escapar: somos humanos, demasiado humanos.
Esta semana, Thierry Henry sorprendió a todos finalizando una extensa rueda de prensa en la que explicó el hecho de que el pasado domingo abandonara rápidamente el Nou Camp, y las posteriores declaraciones de su amigo Robert Pires, diciendo que había salido raudo a ver a su hija. Además, cuestionado por qué le haría mejorar de aquí a final de temporada, Henry afirmó que ?Ver un poco más a mi hija me ayudaría?.
Muchos han querido ver en estas palabras una justificación de Henry a su supuesto bajo rendimiento actual. Igualmente, para muchos, las palabras de Henry son censurables. Yo no creo ni una ni la otra cosa. En primer lugar, Henry dejó bien claro que el caso de su hija no es una excusa a su bajo rendimiento, sino que afirmó que tenerla cerca, poder verla a diario, le ayudaría en todo caso. Por otro lado, parte de la prensa se ha lanzado a criticar a Henry por hablar de su vida privada, mientras que ellos, que ya lo sabían (porque todo lo saben), callaban. Por ejemplo, Josep María Casanovas, ponía entre líneas el ejemplo de Henry para hablar bien de sí mismo: ?Por cierto, si los medios llegamos a desvelar este tema, seguro que nos hubiesen acusado de entrar en su vida privada??. Igualmente, Santi Giménez, en su blog de ADN, utiliza las palabras de Henry para hacer una apología de la prensa deportiva española, que como todos sabemos, rebosa calidad: ?A partir de ahora, que no se queje si en cada rueda de prensa alguien le pregunta por la pequeña. Que esté tranquilo, porque la prensa de este país tiene bastante más clase que los jugadores y eso no ocurrirá, como no ha ocurrido hasta ahora, aunque el señor Henry diga que se escribe “basura” sobre él?.
El mismo Santi Giménez, da un paso más. Dice que el hecho de que Henry ?utilice a su hija y sus problemas personales para justificar su penoso deambular por el campo es directamente execrable?, y apela a algo así como la solidaridad con los mileuristas del mundo, a los que las palabras de Henry ?futbolista, sí, al parecer, pero ?millonario? al fin y al cabo-, han debido de sentarles muy mal: ?el señor Henry dice que está abatido porque no ve a su hija. Dejando aparte que este es un problema que sacude a muchísimos padres separados y que no disponen de los medios del señor Henry para cambiarse de casa y que se ven obligados a los treintaytantos a volver a vivir con sus padres o a compartir piso porque su vida se limita a la pensión alimenticia de unos hijos que sólo pueden ver con cronómetro, Henry ha sobrepasado hipócritamente una linea sagrada?.
Ramón Besa, en El País, finalmente, afirma que ?el Barcelona empieza a encontrar respuestas a sus problemas futbolísticos en los conflictos personales [?] Mal asunto cuando sale la familia en el Camp Nou y se deja de hablar de fútbol?.
Yo, sin embargo, quiero ver algo diferente en todo esto. No me parece mal, ni mucho menos, que un futbolista, de vez en cuando recuerde que es una persona. Porque tendemos tendencia a olvidarlo, a considerar al futbolista como algo así como una pieza de un tablero de ajedrez, un muñequito de Play Station, sin voz, que, en todo caso, aunque la tuviera, no debe hablar. Ya he escrito de esto antes, aquí mismo. Hay una tendencia general a despreciar al futbolista, a negarle la palabra a no ser que sea para repetir los tópicos de siempre. Pareciera como si el futbolista no tuviera el mismo derecho que cualquier otra persona de hablar de política, de su vida, de sus sentimientos? de lo que le venga en gana. Podemos estar o no de acuerdo en lo que dice, pero que nadie olvide que negar la palabra es negar la persona. Persona, además, que no dudamos en reivindicar cuando el gesto es completamente el contrario. Cuando un futbolista pierde a un familiar cercano y aún así juega el partido de turno, aplaudimos hasta rabiar. Entonces, ¿por qué no comprender que el mismo futbolista haya un día que no esté bien por esas mismas razones personales?
Yo me quedo, por ello, con una visión diferente de este asunto. Me quedo con una visión más humana de una estrella del fútbol. Una visión que hace de esa estrella alguien más accesible, alguien más ?como cualquier otro?. Y esto, para mí, no es negativo, sino todo lo contrario. Antes que el irreal Henry de plástico, de pixels, prefiero el Henry humano. Aunque sea demasiado humano.
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