El gobierno intenta con medidas cosméticas y demagógicas levantar la estrepitosa caída del candidato presidencial el ex policía fracasado Rodrigo Ávila, no es posible hacerlo en unos meses cuando se han tenido casi 20 años para realizar cambios profundos en las caducas estructuras políticas, sociales y económicas. Los tratadistas advierten que la política es el arte de lo posible y lo posible es tan pírrico?
El bachiller Saca está ya de salida en su último año de gestión. Como lo hemos adelantado ha anunciado algunas obras materiales, modestos logros de organización. Cerrar como se pueda las vías de agua de la ruinosa barca en zozobra. No hay manera alguna de cambiar las cosas, de garantizarse un gobierno más en el anacrónico continuismo. En los últimos doce meses aparecen las nubes oscuras del futurismo, no es sólo que el panorama político se altera, es que el profundo malestar del pueblo salvadoreño ya llegó a límites insostenibles y de ello dan cuenta hasta los mismos medios de comunicación de los Estados Unidos. En su momento publicaremos un reportaje ilustrativo del periódico Los Ángeles Times.
El bachiller Saca, quien sabe que sólo le ligan a su grupo intereses ?no ideas, ni programas, ni mística política?y siente que compartió con sus protegidos y sus amos, tareas superficiales y sin alma, se dispone a desaparecer, como sus antecesores, por el más silencioso de los escotillones de la historia. Mañana ocupará otro puesto en el Parlamento Centroamericano, decorativo y aparentemente importante, es la costumbre, pero la oportunidad de ser un estadista, un arquitecto de su pueblo, habrá escapado de sus manos para siempre. Doce meses para gobernar, prometer y ofrecer medidas demagógicas y nada más, uno es el tiempo de los relojes y el rodar de los días y los meses marcan otro, el tiempo político.
Cuando se piensa en el desajuste entre el tiempo verdadero y el lento, confuso, costoso y muchas veces inútil trabajar de funcionarios y políticos areneros, se descubre que esta es la mayor tragedia de nuestra vida nacional. Ir y venir, afirmar y negar. Emprender y abandonar. Buscar a ciegas y esperar. Haberle entregado 20 años de nuestro preciado tiempo, a políticos sin escrúpulos, a vendedores de ilusiones, a encantadores de serpientes.
No es así prematuro, ni caprichoso, al cumplirse cuatro años de gobierno, en su momento los hemos analizado y el pueblo con su experiencia y su sabiduría lo ha calificado con una pobrísima nota, contemplar el camino recorrido. Nadie esperaba prodigios, pero de cualquier modo los hechos son desconsoladores. Nos referimos, naturalmente, a los propósitos que tienen algún significado perdurable. Si se relee la ?gran prensa? favorable al gobierno se descubre más de lo mismo: Red Solidaria, Fosalud, Alianza por la Familia, Edúcame, aumento de $1.67.00 diario para 50 mil empleados públicos, de los más de 100 mil que tiene el Estado. Venta de frijoles a $0.90.00 , reconocimiento del ex policía fracasado Rodrigo Ávila, del despilfarro del dinero de los contribuyentes en campañas publicitarias del gobierno.
En materia educativa se continúa hablando de una indefinida e ininteligible reforma y en el campo internacional se manifestó por enésima vez un reconocimiento al ?apoyo de Taiwán a nuestra democracia? y un rechazo a las relaciones con China; asimismo, el envío de otro contingente de tropas para combatir a un enemigo llamado Irak. Todo lo anunciado por Saca, son medidas demagógicas con claro tinte electorero, necesariamente condicionado al carácter del régimen arenero que aspira más a coordinar y armonizar intereses con el grupo privilegiado de siempre, que a utilizar medios que al menos pudieran parecer reformistas.
El candidato presidencial de Arena es quien ahora recibe los reclamos y las protestas de los salvadoreños más humildes. Saca va de salida y nada de sus medidas anunciadas, como dicho está, es capaz de revertir la decisión de cambio mostrada públicamente por los compatriotas. Los focos de inconformidad nacional subsisten. Las peticiones y necesidades apremiantes de las mayorías poblacionales siguen siendo meta lejana. Los jóvenes no tienen esperanza ni ilusión alguna en el porvenir. El mismo Tribunal Supremo Electoral ha declarado que no existe interés alguno en acudir a las urnas electorales. Los políticos areneros se han encargado de enturbiar esas aguas.
Muchas de las prisiones se han poblado de jóvenes y el hecho es igualmente sombrío si se trata de
delincuentes comunes o de suicidas políticos. Ambos extremos angustian. Si los jóvenes delinquen masivamente, sin motivaciones políticas, en algo todo nuestro sistema social es deleznable e ineficaz ¿verdad señor ministro de Justicia? Decir que son delincuentes comunes explica poco, si no logramos aclarar el complicado proceso que los lleva a usar la violencia como última ratio, y si se trata de jóvenes impulsados por sentimientos o razones políticas es visible que no hemos sabido orientarlos o que mantenemos un sistema social éticamente inválido, contra el cual se rebelan. ¿Verdad señora Ministra de Educación?
Este en síntesis el triste panorama de El Salvador de nuestros días, a pocos meses de finalizar el mandato del bachiller Saca. Y es sobre estas ruinas que el ex policía fracasado Rodrigo Ávila trata de levantar su candidatura. Misión imposible, si a ello agregamos que el pueblo salvadoreño cuenta con una opción fresca, distinta, capaz, intelectualmente fuerte como el candidato del FMLN Mauricio Funes.