Por pocote el 11-Dec-2008 | En uno de tantos comentarios nos preguntamos: ¿habrá por ventura una obra modestísima por celebrar a éste y anteriores gobiernos de Arena? En otros países se festeja la amplia cobertura educativa y en salud a las mayorías poblacionales, logros premiados por organismos internacionales como la UNESCO, la Organización Mundial de la Salud y la UNICEF, sobre todo cuando los más beneficiados son los niños. En los últimos años se han destinado millones de dólares del Fondo del Milenio para que los países que trabajan por la promoción humana continúen con tan magníficos programas. Cuba y Costa Rica son los caros ejemplos en la región. Nosotros no hemos cumplido con esos objetivos de Desarrollo para el Milenio como : reducir a la mitad el porcentaje de hambrientos y de quienes solo tengan ingresos de un dólar al día; disminuir en dos tercios la mortalidad de menores de cinco años y en tres cuartos la materna y que todos los niños puedan concluir la enseñanza primaria. En El Salvador, por desgracia, la realidad es bien diferente. Dejemos a un lado por el momento ?mitos sagrados?, ?tabús? o bien simplemente ficciones ideológicas y aún de lenguaje que han sido útiles ?y no tienen otra razón de ser?en la lucha en defensa de auténticos derechos amenazados; prescindamos de una dosis bastante importante de amor propio y una vez realizado esto, procuremos situarnos cara a cara con el texto de los ordenamientos legales, así como de la realidad social y política. En esta situación es necesario plantear qué es lo que existe de cierto, de auténtico y aún de deseable en la sociedad y en el tan pequeño espacio geográfico. Comencemos con la agricultura: en los últimos 20 años los gobiernos de Arena la han abandonado totalmente y hemos sido dependientes de la mayoría de productos alimenticios. El área cultivada de maíz y frijol, dos productos básicos en la dieta de todos los habitantes de este país, es reducida y no es suficiente la cosecha para abastecer el mercado nacional. Se ha tenido que importar granos de Honduras, Nicaragua y México. Lo mismo ha ocurrido con tomates, cebollas, pepinos y toda esa gama de legumbres. Todo esto repercute en el bolsillo y en la economía hogareña. Si reparamos en los lácteos y la carne, también somos importadores. El régimen arenero eliminó a los productores nacionales bajo la justificación que era mucho más rentable adquirir estos productos en otros países. Al calor del derrumbe del neoliberalismo juzguen ustedes si fue o no acertada tal política de Estado. En el campo social: los gobiernos de Arena y con mayor énfasis el de Francisco Flores y el actual, han intentado por todos los medios privatizar la salud; fue gracias a la movilización popular y a las protestas organizadas del gremio médico que no lograron tan nefasto propósito. Con todo existe el recelo y las dudas por lo siguiente: en el Seguro Social y en algunos hospitales públicos se han privatizado servicios de seguridad, limpieza y la mayoría de pruebas de laboratorio; en las farmacias hospitalarias no existen medicamentos para atender graves enfermedades. Los especialistas ?recomiendan? a los pacientes seguir los tratamientos en clínicas privadas. Lo mismo que comprar las medicinas con los precios caros que todos conocemos. Esto se ha tornado grave con las mujeres en el Hospital de Maternidad y con niños en el Bloom. No existen políticas nacionales de salud y siempre estamos reaccionando o actuando como bomberos para combatir las emergencias que se nos presentan cada cierto tiempo. El Ministerio de Salud nada más realiza campañas de vacunación y de prevención cuando se llega Semana Santa y algunas veces en vacaciones de agosto y ocasionalmente en periodos de Navidad y Año Nuevo. Hay denuncias serias de ?ciertas bodegas? se están retirando medicinas para ser utilizadas por los candidatos de Arena en la campaña electoral. Lo decimos con las reservas del caso; pero no sería raro conociendo la forma de actuar y pensar de esta gente. En el campo de la educación seguimos mal. No hay innovación ni se promueven leyes para impulsar una verdadera reforma educativa. Miles de niños del área rural únicamente asisten a los tres primeros años de la primaria y con suerte estudian un par de años más. Existe anarquía en los programas de estudio, en los horarios y en la distribución de funciones docentes. La deserción escolar es alta y no existen fórmulas mágicas para solucionar un problema que se ha tornado crónico. Los textos, programas de estudio y la literatura no se promueven ni siquiera regularmente, hay desidia y falta de voluntad para elevar el nivel cultural de los educandos. En muchos colegios privados existen los laboratorios y las bibliotecas; pero a estos centros no asiste la mayoría de educandos porque las cuotas son elevadas y por lo mismo no están al alcance de la mayoría de salvadoreños. Al no haber gratuidad en los estudios, desde la primaria a la universidad, miles de compatriotas se dedican a otras actividades y por lo tanto su nivel formativo es muy bajo, el mismo conspira contra el desarrollo social, técnico y hasta económico del país. ¿Cómo podemos ser competitivos e insertarnos en el mercado mundial cuando se desprecia la formación sostenida de los salvadoreños?
Pongamos los pies ?firmemente?sobre la tierra ?es decir sobre la realidad--, para plantear que clase de gobierno tenemos, cuál es su carácter, naturaleza y a que intereses sirve. Al presidente Saca lo escuchamos decir a cada momento que ?lo social no es complemento de nada, es la base de todo?. ¿Será cierto o es más de esa demagogia que tiene como slogan ?Un gobierno con sentido humano?? Hagamos un acto de reflexión, sin pasión, sin prejuicios, sin romanticismos oratorios, con la verdad en la mano y preguntémonos una vez más: ¿es éste un régimen de realizaciones y comprometido con los más caros ideales del pueblo salvadoreño? La respuesta ustedes la encontrarán en el diario vivir, en la permanente realidad de este pueblo tan sufrido, esquilmado y marginado por políticos y funcionarios corruptos. Ya quisiéramos nosotros compartir con todos hospitales dignos y bien equipados; escuelas e institutos donde brotara espontáneamente la alegría y felicidad de niños y jóvenes; universidades donde acudieran hijos de obreros y campesinos, asistir a graduaciones de jóvenes pobres, con madres y padres limpiándose lágrimas de emoción; ya quisiéramos ver los campos sembrados totalmente de maíz y frijol, de arroz y legumbres, árboles frutales, aguacates, guayabas y toda esa línea de productos tan importantes y necesarios no sólo para el alimento, sino para ser utilizados como medicamentos. Un día primero Dios, como escribió Alfredo Espino, el pueblo salvadoreño en su conjunto alcanzará la felicidad plena, esto desde luego no será posible con gobiernos egoístas, carentes de solidaridad y de sensibilidad. Ese día habrá de llegar ?cuando se abran las alamedas?, los senderos rurales y pueda transitar con libertad el salvadoreño común, el más humilde que desde siempre ha producido la riqueza que ha generado los valores.
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