Por Borja Barba el 31-Jan-2011 |
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Es atípico. Ni siquiera tiene hechuras de futbolista profesional. Es calvo, poco corpulento, discreto. Podría pasar perfectamente por tu vecino, tu primo o un amigo al que perdiste la pista hace algunos años y que ahora, de pronto, lo ves triunfando en Primera división.
Gaizka Toquero (Vitoria, 1984) representa el triunfo desde la modestia. Surgido prácticamente de la nada, el delantero vitoriano se incorporó a la plantilla del Athletic Club en el verano de 2008, tras un par de buenas temporadas, primero en el Lemona y después en el Sestao River. De primeras, encajaba con el reciente modelo habitual de fichaje del club de Ibaigane: jugador joven y con una incipiente carrera en clubes modestos del País Vasco. Tardó en entrarle por el ojo al siempre complicado Caparrós. De hecho, sus primeros meses los pasó fuera de San Mamés, cedido en el Éibar, por aquel entonces aún en Segunda división. Pero sus buenas actuaciones con los armeros junto a las carencias ofensivas de aquel Athletic (que acababa de desprenderse en verano de Aritz Aduriz), propiciaron su retorno a Bilbao en el mercado de invierno de la temporada 2008/09. Modestia, dificultades imprevistas en el camino, físico común,… Lo tenía todo para ser el espejo de la afición.
Siempre sostuve que el principal valor de Gaizka Toquero residía en que, precisamente, era un futbolista atípico. Ni es un delantero de área, ni es un colosal rematador, ni mucho menos un prodigio técnico. Su relación con el gol es, digámoslo así, complicada. Es difícil encontrar un delantero en la Liga BBVA con tantos minutos jugados y tan pocos tantos anotados. Toquero es un punta que juega al margen del gol. No se obsesiona con la portería rival, porque sabe que ese papel estelar ya está adjudicado a otros compañeros (que no son calvos, tienen un físico imponente, y no llevan el dorsal número “2″ a la espalda). Y así, desde esa posición, cumple. Cumple con lo que su técnico le ordena, y cumple con lo que la grada de San Mamés exige. Puedes ser el futbolista más dotado técnicamente de la plantilla rojiblanca pero, amigo, si no hay esfuerzo e implicación ciega, estás condenado. Y de eso Toquero anda sobrado.
Hace tiempo que dije que Toquero, como delantero de Primera división, debía replantearse su especial relación con el gol. No es de recibo que un punta, o un segundo punta como es el caso, que habitualmente goza de la titularidad en un equipo de la zona media alta de la tabla tenga unos registros anotadores tan paupérrimos. Sin gol, no hay delantero, podrían pensar muchos. Pero lo hay. Atípico, inusual, pero útil. Su esfuerzo y su derroche físico, inagotables durante el tiempo que se le requiera, son una virtud de incalculable valor, máxime en un equipo como el Athletic. Y así lo entienden tanto Caparrós como buena parte de la afición.
Y como, pese a todo, pese a su prácticamente indiscutible titularidad en el equipo, Toquero sigue siendo un futbolista extraño, sus goles casi siempre llegan en momentos imprevistos, o de manera imprevista. Gaizka abrió el marcador en la Final de Copa del Rey del 2009, suyo fue el 0-1 que sorprendió al intratable Barça en Mestalla. Fue el hombre que, al menos durante media hora, dio alas a la ilusión de la afición bilbaína en aquella imborrable noche. Ayer, Toquero volvió a disfrutar de su particular día de gloria. Su segundo doblete como futbolista de Primera división (el anterior fue hace poco menos de un año, frente al Valladolid) sirvió para que los rojiblancos bilbainos se impusieran a los madrileños en el Vicente Calderón (0-2). El extraño se coló de imprevisto en las cocinas de la ribera del Manzaneras y sacó la mejor tajada posible para su equipo. Sin siquiera parecer un futbolista.
Foto: www.athletic-club.net
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