
Un simple olor al entrar
en una habitación
detiene el tiempo,
te pone delante de mí,
extiendes tu mano ,
me das fuego:
"accendino", me decís
y te responde mi mirada
agradecida por la palabra nueva
más que por haber encendido mi
cigarrillo finito, nuevo, extranjero.
El mismo olor
me sienta en una silla
y me regala la canción de tus labios
el brillo de tus ojos negros,
la sonrisa blanca, radiante, joven,
las promesas del encuentro
en la distancia abrupta que
nos separa.
Un olor, en consecuencia,
no es solo un olor, lindo o feo,
es un recuerdo
un amor, una palabra,
una promesa, un anhelo:
es aquello que nos falta en un
instante, y que no pudiendo abrir
el alma para darle paso,
entra por nuestra nariz en forma
de aroma a deseos, a guitarras,
a miradas...
Un olor es un pedacito de tiempo acabado
que el aire nos vuelve a regalar.
Leído 16 veces

|