Por ARCENDO el 31-Dec-1969 | . Llevo dos o tres días oyendo a hablar de JUSTICIA y también, aunque sea indirectamente, pensando sobre ese concepto. Por un lado, está candente todavía, el fallo del Tribunal que resolvía el caso de Marta del Castillo (D.E.P) y de las consiguientes reacciones en la blogosfera.
Por otro?, hoy comenzó el juicio que dirimirá si el Superjuez Baltasar Garzón, es también un superprevaricador. Y también, son de máxima actualidad, las causas contra José María Del Nido, Iñaki Urdangarín, el caso Gurtel, etc., etc., etc?
Y todos? piden lo mismo: ¡¡JUSTICIA!! . La definición más conocida de ?JUSTICIA- dice que ?es dar a cada uno lo que le pertenece?, hay que ver qué difícil es en la práctica, algo tan? aparentemente sencillo, en la teoría. Así, pensando, pensando? era inevitable que tarde o temprano volviese a establecer la comparación: Justicia humana ?versus- Justicia divina. Que distintas una y otra: En la humana? cuando te acusas, te "enchironan". En la divina, cuando te acusas y ¡te arrepientes!, te liberas? . Y entonces? dando un giro de tuerca adicional a mis pensamientos?, por fín llegue a una sorprendente conclusión, una verdad que probablemente supera cualquier justicia humana y es que -La caridad trasciende la justicia-, va más allá de ella. ¡QUE GRAN HALLAZGO! Claro.... desprenderme de lo que por justicia merezco para que otro lo tenga, es la misma entrega, el mismo amor que Cristo, nos regala en la Cruz.
Pero lo más curioso, no fue ese feliz descubrimiento sino la ?dioscencia? posterior. Cuando todavía andaba ajustando esas ideas en mi coco, buscándoles el fallo, incluso ¡la herejía! que no es raro que la ?loca de la casa? acabe enredando? ?Sin querer queriendo? el Señor quiso confirmar mis pensamientos, y ayer mismo, por azar (¿?) cayó en mis manos la ?Caritas in Veritate? de Benedicto XVI (VER ENLACE). Imaginad mi sorpresón cuando, nada más empezar la encíclica, justo en el apartado seis de su introducción, leo lo siguiente:
?...La caridad va más allá de la justicia, porque amar es dar, ofrecer de lo «mío» al otro; pero nunca carece de justicia, la cual lleva a dar al otro lo que es «suyo», lo que le corresponde en virtud de su ser y de su obrar...? ... ¡¡¡¡!!!! Este hecho cuasi ?milagroso? me reconfortó mucho, pero tengo que confesar que también me hizo sentir? un escalofrío por la espalda?, que todavía me dura . * * * * *
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