Por guasabara.editor@gmail.com (GU el 19-Feb-2009 | Una nueva agricultura Por Frank Moya Pons 19 de Feb 09 12:00 AM http://www.elcaribecdn.com/index.php?option=com_content&view=article&id=199469:una-nueva-agricultura&catid=104:nacionales&Itemid=115
Muchos académicos europeos y americanos (incluidos los estadounidenses) han escrito ampliamente acerca de los intercambios culturales que produjo la llegada de Colón a las Antillas.
Colón trajo consigo algunos animales y plantas, y después de él muchos colonizadores españoles trajeron a América todo tipo de semillas con la intención de desarrollar una agricultura semejante a la europea, cuando las condiciones geográficas lo permitían.
También importaron los españoles muchos animales, algunos de ellos involuntariamente, como fue el caso de los piojos, las cucarachas, los ratones y otras plagas, así como una amplia variedad de gérmenes.
Hoy mucha gente cree que las plantas que nos rodean estuvieron siempre en esta isla, y no es así.
La importación de animales y plantas del Viejo Mundo fue algo tan crucial en la construcción de las nuevas sociedades coloniales que este proceso no pasó desapercibido para algunos cronistas, como fue el caso de Gonzalo Fernández de Oviedo.
Entre las muchas cosas que escribió este autor acerca de la isla de Santo Domingo, hay un capítulo de su ?Historia General y Natural de las Indias? que trata acerca ?de las hiervas é plantas que se han traydo á esta Isla Española é á otras partes destas Indias, é quáles hacen acá simientes é quáles no?.
Aparte de algunas raíces como la yuca, el maní, la batata y el lerén, los indios se alimentaban también de frutas como la piña, la lechoza, la guanábana, la jagua, el mamey, el caimoní, el mamón y el anón, y utilizaban tres variedades de ají para condimentar sus comidas.
Casi todas las demás plantas comestibles que hoy vemos a nuestro alrededor, y que forman parte de la dieta dominicana, han sido importadas. Fernández de Oviedo menciona los pepinos, que se daban tan bien que ?no hay necesidad de traer ya simientes de Castilla, porque acá hay mucha?.
También menciona la hierbabuena, ?que en algunas partes llaman hierva sancta, y en otra se dice menta?: esta se hace muy bien acá é la hay todo el año?.
De las berenjenas dice que ?no es menester traer más simientes dellas, porque acá les es tan natural, é á su propósito esta tierra, como á los negros la Guinea, porque acá se hacen muy mejor que en España, y un pié de verenjena tura dos é tres é más años?.
Tampoco había necesidad de traer judías o habas ?porque en estas islas y en la tierra-Firme se cojen muchas hanegas cada año?, además de que en México y Centroamérica había muchas variedades nativas de frijoles ?de otras maneras é de colores diferenciados é otras legumbres , como havas ó mayores.?
El apio, dice Fernández de Oviedo, también ?se truxo de España é hayla en muchas partes é casas desta ciudad? e no hay necesidad de la traer más de España? é donde tenga agua, no falta appio.?
Al igual que otras hierbas, el cilantro o culantro fue importado por los españoles y para la tercera década del siglo XVI tampoco había necesidad de traer semillas, al decir del cronista.
Estas eran las plantas que nacían y se multiplicaban bien, pero había otras que no daban los mismos rendimientos o no era posible mantener una producción continua de ellas si no se traían semillas frescas de España.
Entre esas plantas Oviedo menciona los ?cogombros? o cocombros, cuyas semillas no rendían igual en esta isla que en España ?y hay necesidad de la renovar.?
?Lechugas hay muy buenas y quassi todo el año de la simiente que se trae de Castilla, porque la que acá echan, ni es buena ni grana bien.?
?Ránbanos hay buenos y quassi en todo tiempo; pero mejores un tiempo que otro, y la simiente que hacen no es buena é es menester renovarla é traerla de Castilla.? ?Berros hay en esta ciudad é isla, con la misma dificultad que es menester renovarse; y son pobres acá de hojas aunque son buenos.?
?Perejil se hace muy bien; pero no grana, é es menester que se trayga la simiente.?
?Cebollas: de la simiente de Castilla se hacen; pero no tales como las de Castilla ni tan grandes, é las que acá nacen mejor se pueden llamar cebolletas é cebollones, è no granan acá, é es menester traerse la simiente de Castilla.?
?Coles ó verzas de aquellas que llaman llantas: estas son de la forma de las de Nápoles (pero no son tales estas); y también hay repollos, que se dicen verzas murcianas, e hácense aquí muy bien; pero es menester que para se continuar, se trayga la simiente de Castilla.?
?Nabos: essos son acá buenos ó malos, como acierta la simiente? pero acá no tienen tal sabor, como en España, porque en fin quieren tierra fria?. Zanahorias hácense acá; pero no tales como en Castilla, ni granan, é son aguanosas é desgraciadas.?
Romerachas (remolachas) es una forma de rayces salvajes que parecen rábanos: las quales yo comí en Roma é Nápoles é otras partes de Italia, y aquí assi mismo muy buenas las he comido. No granan aquí, é por esso ha mucho que ya no las veo en esta isla.?
?Acelgas: también se trae la simiente de Castilla é se hacen muy buenas en esta ciudad; pero para continuar siempre, es menester que la simiente se renueve, porque acá no grana.?
Como se ve, la agricultura de vegetales en los comienzos de la colonización española en América requería de un cuidado constante en la renovación de simientes.
En este capítulo Fernández de Oviedo no habla del uso de abonos ni de la rotación de cultivos, prácticas corrientes en Europa, pero es de suponer que los hortelanos españoles trajeron a las Antillas, además de semillas y aperos de labranza, todas sus demás tradiciones agrícolas.
De los pasajes leídos más arriba también se desprende una visión de los inicios de la agricultura europea en América y, particularmente, en la ciudad de Santo Domingo cuyos vecinos cultivaban corrientemente los vegetales mencionados por Oviedo, tanto en los patios de sus casas como en sus ?heredamientos? o heredades.
En aquellas primeras décadas del siglo XVI, cuando la ciudad no estaba edificada del todo, había muchos solares vacíos en donde se cultivaban estas plantas.
Un proceso parecido ha quedado registrado en las actas municipales de varias ciudades americanas en cuyos inicios los vecinos sembraban huertos al lado de sus viviendas en los primeros solares fundacionales repartidos por las autoridades españolas.
Muy distinto de aquellos huertos urbanos u suburbanos fueron las plantaciones cañeras que desarrollaron los más ricos de los encomenderos españoles para aprovechar el creciente mercado de azúcar en Europa.
Al igual que con la agricultura de vegetales, el cultivo de la caña de azúcar fue un transplante cultural, esto es, una importación de simientes y prácticas de siembra, manejo del suelo y cosecha de esta gramínea.
La caña de azúcar era un cultivo de larga tradición cuyas técnicas venían de Asia y había sido extensamente probadas en algunos países árabes, en Sicilia, en Valencia, en Madeira y las Islas Canarias, así como en la isla portuguesa africana de Sao Tomé.
Colón plantó las primeras cañas de azúcar en La Isabela en 1493 y escribió a los Reyes Católicos informándoles, entre otras cosas, que las estacas habían germinado rápidamente y que la caña crecía en esta isla más rápidamente que España, y que las plantas tenían el tronco más grueso que las europeas.
Importante descubrimiento fue ése pues años más tarde la caña de azúcar terminaría convirtiéndose en la base de la economía colonial dominicana, por lo menos, durante buena parte del siglo XVI.
Los colonizadores españoles también importaron sus animales económicos y sus mascotas.
En su monumental ?Historia General y natural de las Indias? Gonzalo Fernández de Oviedo les dedicó a estas especies un capítulo titulado ?De los animales terrestres que se truxeron de España á esta Isla Española, de los quales acá no avía alguno dellos?.
El primero de esos animales que menciona Oviedo es el caballo, de los cuales ?hay tantos que ninguna necesidad hay de los buscar ni traer de otra parte: antes en esta isla se han fecho é hay tantos hatos de yeguas é se han multiplicado en tanta manera, que desde aquesta isla los han llevado á las otras islas que están pobladas de chripstianos, donde los hay assi mismo en mucho número é abundancia?.
De las vacas, los cerdos, los conejos, las cabras los ovejos, los perros y los gatos Fernández de Oviedo ofrece también importantes informaciones acerca de su introducción, multiplicación y dispersión, así como de su impacto ecológico en el ?Nuevo Mundo?.
Pero de estos animales hablaremos en otra ocasión. Frank Moya Pons es historiador
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