Hoy amanecí con pereza, pero Varguitas vuelve al ataque. Le dice a su secretaria Lucía que haga pasar al periodista de El País y enciende el cronómetro. Desde su sexto piso en el barrio limeño de Barranco, las cosas seguramente se han de ver distinto que acá.
Junto a su prolífica obra narrativa y ensayística (me da pereza citarla), suma otra historia, ahora dentro de su también amplio catálogo dramatúrgico, donde tenemos:
La señora de Tacna,
Kathie y el hipopótamo,
La huida del inca,
La Chunga,
El loco de los balcones,
Ojos bonitos, cuadros feos,
Odiseo y Penélope.
Cuenta El País que
Al pie del Támesis, es la octava obra del peruano-español que presenta en Lima, y que trata la historia del reencuentro de dos amigos, Pirulo y Chispas, 35 años después, en Londres. Con la particularidad que Pirulo ahora se ha convertido en ?Raquel?. Varguitas revela que estos personajes están basados en una anécdota que vivió Cabrera Infante cuando se había reencontrado en la misma ciudad inglesa con Esdras Parra, un poeta venezolano también sometido a los bizarros procesos de ?transgénero?. Dice Varguitas: "Guillermo me contaba que en toda la conversación no sabía cómo tratarlo, porque para él había sido siempre un hombre? Gesticula con la facilidad de un Marceau, sonríe como galán (alguna vez un escritor guayaquileño se refirió a él como el ?Julio Iglesias de la literatura?), como un Tom Cruise de los cincuentas.

La última vez que vino a Ecuador lo trajo Fidel Egas, el dueño del banco quiteño culpable de que algunos hinchas del Barcelona guayaquileño tuvieran vergüenza de que se haya ?aserranado? su estadio (para los lectores extranjeros, los costeños y serranos en Ecuador son como... bah, qué pereza contarlo, investiguen). Algunas de sus reflexiones en Ecuador, las anotó con paciencia de escribiente no Bartleby, Eduardo Varas.
No me detendré en el histrionismo de Varguitas, ya que de sobra escenarios de Hispanoamérica(1) lo vieron haciendo una lectura dramatizada de sus cuentos favoritos, junto con la actríz Aitana Sánchez-Gijón. Y de sobra las tarimas peruanas lo vieron hacer campaña por la presidencia: qué mejor muestra de histrionismo que esa.
Lo vi por primera vez en Buenos Aires, cuando la librería El Ateneo de la avenida Santa Fe, a propósito del lanzamiento de
El Paraíso en la otra esquina (Alfaguara, 2003), concedía solamente a los cien primeros clientes, inscritos con tickets numerados, la firma de Varguitas. Y así fue, como hincha de fútbol o fan de concierto de los Rolling, que hice cola horas antes de la llegada de Varguitas. Lo curioso de este episodio es que esta sede del El Ateneo fue en otro tiempo un teatro muy antiguo, el Gran Esplendid, donde el mismo Gardel llegó a presentarse. En una ala del palco lateral derecho, se sentó el creador de Pantaleón Pantoja y Antonio Conselheiro y cuando dijo ?el siguiente?, el número 23 se acercó a él y lo asaltó una emoción (solo comparada cuando un treintañero se reencuentra con Tiko Tiko) que nunca revelaría a sus amigos escritores para evitar burlas. Varguitas rubricó:

Luego miróme con ojos histriónicos y, acaso afinando su intuición, me hizo una histriónica pregunta: ?¿Eres escritor??
Varguitas se reclinó en su sofá de Ikea y respondió con soltura otra de las preguntas del periodista de El País: a sus 72 años, aseguró seguirse sintiendo vivo porque sigue escribiendo, ya que a diferencia de otros oficios, en literatura no hay razón para jubilarse. El periodista quiere seguir con Varguitas pero Lucía, su secretaria, llama al orden, a ponerle pause al play-rec.
Varguitas me hizo una señal histriónica de que debía darle paso al número 24 y así a los 75 tickets de espera más. ?Y entonces, ¿eres escritor??
Miré al gran teatro que nos rodeaba. Me dio pereza responderle.
(1) Lo único de Varguitas de lo que tengo referencia aquí ocurrió en Ecuador (al menos, en Guayaquil) se dio a mediados de los ochenta, cuando el grupo de teatro popular El Juglar adaptó ¿Quién mató a Palomino Molero?