El presidente Leonel Fernández está cosechando en estos momentos los resultados de una mala siembra: hablar al país sin tener nada concreto que anunciar, cuando no había una situación específica que lo obligara a hacerlo.
Y consecuencia de ello es perceptible la decepción de muchos dominicanos que esperaban su alocución y no encontraron ninguna respuesta a las expectativas creadas.
Quizás el presidente Fernández sentía la necesidad de compartir con el país lo que había discutido con sus pares en la reunión de expertos en la que se debatió la crisis global, y posteriormente, con sus colegas del Partido de la Liberación Dominicana (PLD), pero la nación vibraba en otra dimensión: la inquietud por la tendencia de la economía local, los inacabables apagones y la delincuencia.
Sobre esto último, el propio mandatario había prometido hablar.
Si se observa detenidamente su mensaje, se puede colegir que el Presidente pudo preservarse para otra ocasión, toda vez que no tenía nada nuevo que decir a los dominicanos.
Con razón muchas personas encontraron su pieza sin riqueza conceptual, una suerte de repetición de informaciones que él mismo había suministrado o que muchos de sus funcionarios habían comentado.
Y ello se complica por el dato de que el anuncio de su discurso generó demasiadas expectativas en la población, ávida de buenas nuevas, por el cansancio de la crisis generada por los altos precios del petróleo de mediados de año y el proceso inflacionario desatado como consecuencia de la misma.
El mandatario violó un principio elemental del accionar y el discurso político, de no proyectarse más allá de lo que la realidad puede dar, porque se puede aproximar peligrosamente a la estimulación de la frustración social, lo que tendría efectos no deseados sobre su imagen y su perfil como conductor de masas.
Para determinar con propiedad lo que se señala, respecto a que esta vez su mensaje se convirtió en una expresión de la rutina, sólo habría que observar que no contiene una sola ?parte dispositiva?, acciones o medidas que pudieran impactar positivamente el ánimo público.
Al margen de su comentario sobre la crisis global, la mayoría de los aspectos ya habían sido expuestos por él mismo o por algunos de sus colaboradores, y en algunos aspectos resultó un reporte retrasado de lo que ya habían expuesto sus propios funcionarios.
La consideración es válida para el análisis de la situación económica y el estado de las finanzas públicas con vistas al 2009, como para otros asuntos bien concretos sobre los que ya había hablado el 16 de agosto, como su plan de obras públicas.
Resalta su ánimo de utilizar los recursos del sistema de pensiones de los trabajadores, lo que ha recibido un sostenido rechazo del sector productivo y de quienes, si bien valoran la calidad del actual equipo de gobierno, temen de un Estado con una precaria cultura de continuidad y respeto de la institucionalidad, por más garante que sea como estamento fundamental de la nación.
En la misma dirección habría que ver el tratamiento que dio al problema eléctrico, tan llevado y traído, respecto al cual ha hecho tantos anuncios y compromisos que plantear proyectos y planes hasta el 2012, y además, designar una comisión, resulta un tanto desconcertante.
Lo mismo habría que decir de su referencia a la delincuencia, y especialmente a los términos en que se refirió a las instituciones llamadas a combatirla.
Fortalecer el Consejo de Seguridad Nacional, la Policía o la DNCD o reiterar la tolerancia cero frente al crimen, constituyen elementos normales y obligados de esas instituciones y poco luce al Jefe del Estado señalarles sus deberes, en un tono cándidamente normativo, en un país donde predomina la cultura autoritaria y donde a ?la guardia? hay que bajarle ?línea?.
ACIERTO
Quizás el acierto del mensaje a la Nación lo constituyó la persistencia del mandatario en confiar en República Dominicana.
Su fe ciega en que seguirá avanzando, pese a las dificultades. De ahí su aserto en centralizar como clave la inversión extranjera directa como motor de la economía y él convertirse en el principal promotor.
Y es que en estos momentos lo que parece fundamental es reafirmar este espacio territorial como una oportunidad de negocios a la que se puede apostar.
Vale su confianza en el nivel de inversión directa para 2009 (2 mil 300 ó 2 mil 800 millones de dólares).
Sobre esa base y su programa de obras públicas para el mismo período, se fía en la creación de nuevos empleos y el mantenimiento de la tendencia al crecimiento de la economía, aún, como dijo, en medio de la grave crisis económica global.
Otro aserto del mandatario fue la reafirmación, para que no haya dudas, porque ya lo habían adelantado también varios funcionarios, es que no habrá ningún acuerdo con el Fondo Monetario Internacional (FMI) que no sea de simple monitoreo, y mejor aún, que no habrá nueva reforma impositiva.
La disponibilidad de recursos adicionales, dijo, tendría que provenir de un ajuste del gasto público, lo que ha sido muy reclamado.
Con las palabras del director gerente del FMI, Dominique Strauss-Kahn, sobre el buen desempeño de la economía, más el plan de monitoreo, se fortalece la imagen creíble del país y el empeño del Presidente en promover nuevas inversiones privadas, claves para contrarrestar los embates de la crisis?
http://www.elcaribecdn.com/articulo_multimedios.aspx?id=196767&guid=CD1A6278C2734081B4CD5B662B4391FB&Seccion=63
ARTICULOS RELACIONADOS
Leonel: entre el sueño y la realidad
El último informe de la CEPAL