Todo pasa y todo queda, dijo el poeta.
Como ya sabéis muchos, tengo un chaval de nueve años que se pirra por las hazañas de sus ídolos futbolísticos y además como cualquier chico de su edad anda ?enganchado? ?lo que yo le dejo- a los juegos informáticos y a las diversas consolas que ofrece el mercado. Sin embargo, este verano ha descubierto algo nuevo y divertido. Nada menos que la peonza, el trompo vuelve con fuerza entre la chavaleria gracias a las tiendas de chinos.
Es sorprendente, curioso y gozoso que, en la época de las nintendos y de las plays, de los juegos más caros y sofisticados vuelva este entretenimiento sencillo y barato.
Da gusto ver, en estas tardes de verano como un buen puñado de chicos se afanan en tirar bien este primitivo cachivache y hacerlo mejor que los demás, artefacto por otra parte ya usado por los abuelos de estos muchachos, con destreza no olvidada, hace ya mucho tiempo.
Vuelve lo sencillo y yo me congratulo con ello, no fuera malo que volvieran otros valores que se usaban en aquella época. Lo que antes y ahora nunca falta es la socorrida pelota, el balón, siempre nos acompaña, siempre está con nosotros y nunca nos defrauda.
Es como Dios, siempre está ahí, aunque a veces la dejemos un rato de lado.
* * * * *