Ya no tocaba la bella la campana de l?Alhambra porque en las Torres Bermejas bañaba de plata el alba. Cuando, sin haber dormido recuerda el moro Abenámar con más cuidado que sueño que mal duerme quien bien ama. Y viendo que sale el sol y que no sale Daraxa con lágrimas de sus ojos aqueste llanto acompaña: «Si amanece el alba bordando los cielos para mí con celos anochece el alma». Paso llorando la noche, aguardando la mañana, y es de condición tu sol que, no saliendo, me abrasa; vanse tus claras estrellas en mi desengaño claras, y aunqu?el sol no es para mí que para mí todo es agua, ¿qué importa qu?el sol hermoso de las Indias venga y vaya a traer a España el día si se esconde el de tu cara? Si amanece el alba bordando los cielos para mí con celos anochece el alba.
Esta mañana, camino del trabajo, apretujado en el vagón de metro como cada mañana, pude leer, en una de las pegatinas ilustradas de la conocida campaña Libros a la calle, esta joya morisca. Un hermoso romance escrito en el siglo XVII.
Al parecer, el poema viene recogido en el libro La literatura secreta de los últimos musulmanes de España, recientemente editado con motivo del cuarto centenario de la expulsión de los moriscos.
Fotografía tomada de http://nomadas.abc.es/usuario/myghelon/
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