Por ARCENDO el 20-Nov-2008 | 
. ¿No habíamos quedado en que la cultura era patrimonio de la izquierda?. Pues señores y señoras zurdas de sentimiento, hoy, la han cagado ustedes de verde. . A cualquiera que le interese algo la cultura, a cualquiera que sienta el placer y el gusto por el cine, el arte pictórico o escultórico, la música, el ensayo, la novela, la poesía, las biografías, la historia; a cualquiera sólo, con un mínimo de sensibilidad y respeto por el patrimonio y el acervo cultural universal, hoy le han rechinado los oídos hasta sangrar, y le ha dolido el alma hasta reventar. Ian Gibson, Paco Ibáñez, Saramago, Bardem (pilarín), Cristina Almeida y unos cuantos más, en un acto de apoyo, ya inútil, al frustrado desenterrador nacional; han puesto las cosas en su sitio. Por la boca le llega la muerte al pez, y a estos que son muy bocazas, la muerte de su pretendida dignidad y de su supuesta honradez intelectual les ha sobrevenido de golpe y porrazo (que es lo que más les gusta). Cristina Almeida, como portavoz de la ?cremme? progrelista, ha pronunciado sentencia contra todos los libros ?molestos??¡a la hoguera con ellos!, ¡Viva la inquisición cultural!. . La careta se ha caído y ha dejado ver la fea cara de la represión, el odio y la censura. El progresismo que predican es involución encubierta, una vuelta y revuelta a los peores tiempos del Reich alemán, conocido entre otras cosas por tener esa misma aberrante costumbre. ¿Qué vendrá luego? una re-edición de las tristemente recordadas checas o ya directamente los campos de exterminio?. Todas estas momias, de la cual la más jovenzuela es la oronda Almeida, son tipos y tipas radicales hasta la médula, terroristas de la palabra, asesinos en potencia y en esencia de los pensamientos disidentes, abertzales ideológicos peligrosos; y en ningún caso representan la comprensión y la ecuanimidad que lleva como sello el buen intelectual, que busca y lucha, y a veces hasta es capaz de morir, por un concepto que ellos ni conocen, ¡la libertad!. . Lo de hoy ha sido realmente preocupante, en las palabras de Almeida, se han hecho presentes las peores distopías imaginadas. Como el de la famosa obra de Bradbury, Fahrenheit 451, donde el protagonista es un bombero, que curiosamente no apaga fuegos, sino que los provoca quemando libros, en una sociedad tremendamente indeseable; y el de la opresión imaginada por Orwell en su 1984. Esas distopías (lo contrario de utopías) son fábulas ficticias, didácticas que cobijan grandes moralejas, posiblemente la lección fundamental, radica en enfrentarnos ante esas posibilidades, para aterrarnos y abominar de tales monstruosidades. Sin embargo, siempre se dice que la realidad supera a la ficción, y en este caso parece que hay, más de uno y una, empeñados en provocar mundos tan oscuros e inhumanos como los descritos en estas grandes obras literarias, que hoy, seguramente, si por estos tiranos culturales fuera, también estarían siendo pasto de las llamas. . Por eso, ese personaje que tanto alardea de talante, debería ver muy bien, con quien anda y quien le apoya; porque todos estos ?eruditos? no están ejerciendo de moderados y de tolerantes, sino de brazo armado de sus politiquillas de salón; y ahora que el tipo de la ceja, presume tanto de europeista y amigo de yanquis, son cosas que debería cuidar, y mucho. . * * * * *
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