Por CAMINO MISIONERO el 05-Jul-2008 | Publicado por Defensa de la Fe
Mt 11: 25-30
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 25 En aquel tiempo, Jesús dijo: Te alabo, Padre, Señor del cielo y de la tierra, por haber ocultado estas cosas a los sabios y a los prudentes y haberlas revelado a los pequeños. 26 Sí, Padre, porque así lo has querido. 27 Todo me ha sido dado por mi Padre, y nadie conoce al Hijo sino el Padre, así como nadie conoce al Padre sino el Hijo y aquel a quien el Hijo se lo quiera revelar. 28 Vengan a mí todos los que están afligidos y agobiados, y yo los aliviaré. 29 Carguen sobre ustedes mi yugo y aprendan de mí, porque soy paciente y humilde de corazón, y así encontrarán alivio. 30 Porque mi yugo es suave y mi carga liviana. COMENTARIO Humildad, mansedumbre y sabiduría 1.-El texto del evangelio de san Mateo que nos reserva el calendario litúrgico para hoy es, sobre todo, uno que clarifica muchas cosas con relación a Jesucristo y en el que el Hijo de Dios y hermano nuestro se muestra como en realidad era: humilde, manso y sabio. 2.-Cuando Jesús dice, dirigiéndose a Dios, que, en realidad, el Padre, Su Padre, ha preferido revelar las cosas que son importantes a los pequeños, a los más humildes, está diciendo algo muy claro y decisivo para comprender su doctrina: aquel que se cree sabio pero que es sabio en el error, no está, precisamente, en el conocimiento de la verdad sino todo lo contrario. 3.-Jesucristo tenía una íntima preferencia por los humildes, por aquellos que no hacían de la fe escabel para su posición social sino que la entendían con la sencillez que, al fin y al cabo, llega al fondo de las verdades divinas. Por tal razón entiende que ha sido Dios el que ha elegido revelar a tales personas lo importante para el hombre y lo necesario para ser, verdaderamente, semejanza del Creador que se reconoce en tal semejanza y fraternidad con el otro.
4.-Cuando Jesús dice que ?nadie conoce al Hijo sino el Padre? (y viceversa) lo que, en realidad, está queriendo decir, exactamente, es que el Padre y el Hijo son dos personas en una misma porque, en realidad, sólo uno mismo se conoce a sí mismo. Así lo dice Cristo, con el lenguaje que siendo, a veces difícil de entender, exige un discernimiento por parte de quien lo lee o escucha.
5.-Pero, seguramente, lo que más llega al corazón del creyente en Dios es cuando nuestro Maestro se pone por delante de los que sufren y se afligen para sufrir y afligirse con ellos, para calmar el dolor y la desazón, para no dejarnos, al fin y al cabo, solos.
6.-Quizá pueda pensarse, con pensamiento egoísta, que Jesús les invitaba, nos invita, a llevar su carga y eso para un mundo de comodidades como el nuestro puede parecer un tanto exagerado.
Sin embargo, el yugo (con el que se alivia la carga) con el que estaba cargado Cristo (y que les/nos invita a compartir) es uno que lo es de humildad y de mansedumbre y, efectivamente, ser humilde y manso es, muchas veces, algo muy pesado de sobrellevar.
Y eso es lo que Jesús quiere que compartamos con Él.
7.-Algo bueno, muy bueno, encontraremos al compartir tal yugo (el de la humildad y el de la mansedumbre): alivio. La carga de Cristo es muy ligera y su yugo, suave. Es por esto que ser humilde y manso ha de conducir a la sabiduría (a la verdadera) y a cambiar nuestro corazón de piedra (duro con los demás, no comprensivo con los errores ajenos, más pendiente de lo que hace el otro mal que en lo que hace bien, etc.) por uno de carne (comprensible, amable, gozoso, etc)
8.-Y eso es lo que nos ofrece Jesucristo: ayudarle a llevar su tan especial carga porque con tal carga llenaremos nuestros corazones de lo que es humilde, de lo que es manso y de lo que es sabio.
ORACIÓN
Padre Dios; ayúdanos a soportar la carga que nos ofrece Tu Hijo; ayúdanos a no despreciarla por creernos del grupo de sabios y no del grupo de los pequeños.
Gracias, Señor, por poder transmitir esto
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